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Manuel Pecellín

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CONTRA ERRORES Y HORRORES

Agustín Romero, nacido en Llerena, profesor jubilado, poeta y novelista (así como bloguero infatigable), lleva  lustros proclamando la insubordinación contra el Poder y quienes le sirven o lo aguantan sin rebelarse. Ese espíritu insurreccional, acorde con las convicciones ácratas que profesa, nutre la pluma del escritor, siempre presto a poner en solfa libros, declaraciones, discurso, programas, artículos o cualquier clase de manifiesto donde él crea percibir intereses espurios, aunque se articulen bajo el disfraz más sublime.

Si la denuncia la articula en versos, ateniéndose a una tradición literaria que el autor conoce como pocos, suele preferir el soneto para expresarla, si bien su rebelde efervescencia le hagan romper a menudo la normativa de tan exigente estrofa. Como se lleva por delante, cual recurso estilístico, cualquier imposición gramatical, sobre todo en aras de mantener los endecasílabos.

Esta  publicación, antología (132) de tantos otros “sonetos satíricos” como ha ido sembrando por numerosos medios, on line o sobre papel,  a partir del año 2000 hasta hoy, aparece en las “hediziones salbages, sal  (sociedad anónima libertaria)”. Así ha querido llamar a su propia empresa, manifestando ya con el nombre el nulo respeto que siente hacia todo tipo de imposición.

“La sátira no es ni la humillación, ni el desprecio o minusvaloración del ser humano. Es la burla de sus errores y, tal vez, terrores y horrores. De sus ignorancias, miedos y odios”, se justifica el poeta en un epílogo. Más aún, insiste, si se hace con ese humor que nos enseñaron tantos grandes críticos, desde el Arcipreste de Hita, hasta nuestros días, pasando por Cervantes, Quevedo, Góngora o Alberti.

Claro que una cosa es la intencionalidad del poeta y otra cómo puedan recibir sus versos los aludidos. Pocas son las autoridades políticas, sindicales, económicas, eclesiásticas, etc.,  de relieve nacional, y más singularmente autonómicas,  a los que no alcanzan los agudos dardos. Y si en alguna ocasión se les dirigen de modo implícito, las más les llegan con nombre expreso.  Se puede decir que, cuanto más altas responsabilidades han desempeñado en España o en Extremadura, determinadas personas, mayor cantidad de sátira soportan. Y como el poder ha estado repartido a diestra y siniestra, al menos para determinadas estructuras, también los mandobles se dirigen tanto a  las derechas como a las izquierdas que lo han detentado.

El lenguaje, tan políticamente incorrecto de estas composiciones, enriquece su capacidad irónica con recursos múltiples, entre los que figuran el uso de expresiones castizas  o escatológicas (al modo de nuestro B. J. Gallardo decimonónico o el actual fray Josepho), los neologismos de creación propia (tipo “rajoyería”, “votambra”, “putambre”) y los muy abundantes juegos de palabras (paranomásicos, muy especialmente).

Esta “mosca cojonera” (ver inicio del soneto 51), incordiante versión del tábano socrático, también ha recibido lo suyo. Basta repasar internet para comprobarlo. Y, si el libro se difunde más allá de los límites locales, habrá de disponerse a que le repliquen voces tal vez cargadas con el  mismo acíbar. Ojalá también el ingenio, jocundidad y cultura que caracterizan a este llerenense selvático, tan enemigo de inquisidores, caciques y déspotas, como de mariposones, borregos, bueyes y  demás especímenes de la mamandurria.

 

Agustín Romero Barroso, Sonetos satírico. Llerena, hediziones salvages, sal, 2014

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