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Víctor Gibello

Paraísos Olvidados

Sueños de un claustro mudéjar en La Siberia

 

Vista general del convento. / Víctor Gibello

Vista general del convento. / Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LA VISITACIÓN. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Retornamos a La Siberia. Me fascina esta comarca pacense. No sé si serán sus campos abiertos, la infinita amplitud de sus horizontes, la palpable sensación de libertad o la calidez de sus gentes, pero estas tierras atraen como pocas.

Si en el viaje anterior a la zona nuestros destinos fueron Esparragosa de Lares y el impresionante yacimiento arqueológico de Hisn al-Laris, hoy nos acercamos a la vecina Puebla de Alcocer, cuyo castillo, alzado al promontorio que domina la villa, se divisa desde gran distancia, como reclamo de aventuras y leyendas. Pero no será la fortaleza de Puebla la protagonista de este post, quizás más adelante le dediquemos un capítulo completo. En esta ocasión es el Convento de Nuestra Señora de la Visitación el que solicita atenciones, y no solo en sentido figurado.

Repetidas veces había pasado por la carretera Ex – 103, la vía que enlaza la N – 430 con Castuera. En casi todas ellas paré al llegar a Puebla de Alcocer atraído por un imponente edificio de inconfundible estética mudéjar situado a las afueras de la localidad. Cada intento de entrar condujo a una frustración: la puerta siempre estaba cerrada.

Hace unas semanas mantenía una conversación con mi colega y, sin embargo, amigo, Diego Sanabria, en la que surgió de forma casual el convento y comentamos las dificultades compartidas para acceder a su interior. Nos propusimos el objetivo de visitarlo. Después de diversas gestiones, Diego consiguió establecer contacto con la propiedad y fijar un encuentro para pocos días más tarde.

Cargados de ilusión y acompañados por Andrea Menéndez y la música de Agnes Obel (con las canciones de su disco Philarmonics) nos desplazamos a La Siberia un sábado de febrero. Allí nos esperaba Amparo, la propietaria, con dos de sus hijos, dispuesta a abrirnos el edificio y su corazón.

El inmueble tiene un origen legendario. Se cuenta que la Virgen, alzada a un peral, se apareció a Francisco Fernández Valdivieso, párroco de Talarrubias a principios del siglo XVI, y le indicó que en aquel lugar se construyese un convento para monjas de la Orden de la Inmaculada Concepción.

Acceso al convento. / Víctor Gibello

Acceso al convento. / Víctor Gibello

¿Quién se negaría a cumplir los mandatos de tan altas instancias? Las obras dieron inicio en 1546, prolongándose hasta fines del siglo XVI. El cenobio quedó bajo patronazgo de los Duques de Osuna y Béjar, quienes se encargaron de dotarlo de medios económicos para su sostenimiento. Pascual Madoz, en el siglo XIX, citó brevemente el convento para referirse a su huerta, poblada de árboles frutales, naranjos y vides. Curiosamente, señaló la pésima elección del lugar en que fue erigido, por considerarlo insalubre, dada la mucha agua subterránea que allí apreciaba. En clave de humor, podríamos decir que, con el comentario, Madoz, parece criticar las capacidades de la Virgen para escoger el lugar en que deseó construyeran el santuario y el alojamiento para las monjas.

Durante los años de la Guerra Civil se produjeron grandes daños en Nuestra Señora de la Visitación. Las monjas se vieron obligadas a abandonar el sitio; con ellas partieron no pocos de los bienes que el edificio albergaba desde su fundación. El injustificado expolio fue tan intenso que gran parte de lo construido fue convertido en ruinas.

El antiguo espacio de retiro y oración se tornó prisión improvisada. De allí, entre los días 21 y 25 de mayo de 1939 (ya concluida la guerra), fueron sacados 37 hombres en dos tandas para ser vilmente fusilados y abandonados en las trincheras situadas en la finca Bodegones, en los lugares conocidos con los nombres de Cuesta de las Cabezas y El Chaparral. Allí, madres y esposas, arriesgando sus vidas, les dieron improvisada sepultura. Recientemente estos hechos han sido objeto de investigación arqueológica vinculada a la recuperación de la Memoria Histórcia, en un intento de poner luz a años de oscuridad.

 

Antiguas cocinas. / Víctor Gibello

Antiguas cocinas. / Víctor Gibello

Nuestra Señora de la Visitación es un edificio magnífico, sorprendente, misterioso, lleno de rincones sugerentes en los que la paz solo es alterada por las colonias de aves que en él anidan, entre ellas cernícalos y cigüeñas, que enriquecen aún más su gran valor. Entramos en la iglesia por la puerta Sur, un precioso ejemplo de portada renacentista que hizo suspirar, entre otros, a un exministro reciente, hasta el extremo de ofrecer una cifra millonaria por ella, para desmontarla y trasladarla a su propiedad contraviniendo las leyes de Patrimonio. El templo tiene una amplia nave rematada en una cabecera cuadrangular con la que difiere estilísticamente. Quizás la cabecera ya estaba construida cuando la Virgen irrumpió en la vida de Francisco Fernández instándole a edificar allí un monasterio, es posible que formara parte de una ermita de las situadas en la periferia de Puebla de Alcocer y que parte de su estructura se reaprovechara en la ampliación del siglo XVI. Lo cierto es que el testero tiene elementos más propios del mudéjar del siglo XV, entre ellos varias ventanas realizadas con ladrillo, que del renacimiento.

Hace unos 15 años un desalmado prendió fuego a la paja almacenada en la iglesia. Las llamas arrasaron el retablo y el artesonado de madera, y destruyeron sin piedad las pinturas y los esgrafiados que ornaban la sala de culto. Subsisten algunos restos, semiocultos, pero dispuestos a ser desvelados y recuperados.

Claustro bajo, crujía Sur. / Víctor Gibello

Claustro bajo, crujía Sur. / Víctor Gibello

Dejamos la portería, superamos una zona de densa vegetación, así como los restos de una logia en dos alturas, y nos adentramos en el corazón del conjunto a través de un pasillo que anuncia maravillas. Al fondo, iluminado por la luz de la mañana, se abre un claustro espectacular: planta cuadrada, dos alturas arcuadas, pozo central rodeado de naranjos y limoneros. La espera ha merecido la pena. Lo recorremos despacio, como queriendo degustar cada metro de su superficie. Sonreímos. Está muy dañado, sí, y tiene algunas actuaciones arquitectónicamente discutibles, pero ¡qué espectáculo! La planta baja ofrece en cada crujía galerías de cinco arcos de medio punto peraltados y enmarcados por alfices, arcos que están sostenidos por esbeltas columnas de granito con basas y capiteles sencillos. Un pretil separa la zona cubierta del patio propiamente dicho, pretil que desaparece en los arcos centrales para permitir el tránsito entre interior y exterior. Una cornisa en voladizo por encima de los alfices separa las dos alturas. En la planta alta las cuatro crujías tienen líneas de cinco arcos carpaneles, también enmarcados por sendos alfices y soportados por columnas de similar disposición, unidas por balaustrada calada de ladrillo. El claustro articula los espacios, genera recorridos y comunicaciones entre las celdas, prácticamente perdidas, la sala capitular, el refectorio, la cocina, los almacenes y el acceso a la huerta, situada a poniente, actualmente un espacio murado vacío.

Claustro alto. / Víctor Gibello

Claustro alto. / Víctor Gibello

Mientras transitamos de estancia en estancia, Amparo nos desvela secretos del convento que están ligados a sus vivencias más íntimas y a su historia personal. Amparo desprende energía, es franca, directa, generosa, no puede ocultar su gran fuerza interior. Habla con orgullo, incluso, de las muchas cicatrices que le ha dejado la vida y de haber llegado hasta aquí con esfuerzos titánicos. Tiene algunas penas, su fortaleza no impide que, a veces, se le nuble la vista al contarlas. Una de ellas es el estado del convento. Lo adquirió de un familiar con la intención de crear en él un lugar de acogida para los ancianos de la población.

Sala capitular. / Víctor Gibello

Sala capitular. / Víctor Gibello

Su idea no obtuvo el respaldo necesario y, dado que la ruina prosperaba, escuchó los cantos de sirena de inversores dispuestos a crear un hotel con spa para aprovechar las óptimas propiedades de los manantiales que existen bajo el subsuelo monástico. Los inversores desaparecieron como habían llegado, pero si el canto de la llegada fue dulce y zalamero, el de la marcha fue el de la cruda estafa.

Hoy, Amparo, no se siente con fuerzas. Carece de los medios para sostener, restaurar y conservar el edificio. Lo ha puesto en venta a un precio más que interesante. Ha recibido ofertas de instituciones que quieren adquirirlo, pero una cosa es venderlo a precio de ganga, literalmente, y otra bien distinta que quieran comprarlo como si fuera un saldo.

Nos despedimos de Amparo, con cierta tristeza. Espero volver a verla pronto ¿Se animará alguien a retomar sus sueños y a devolver la vida a estos muros centenarios? Marchamos escuchando el Stabat Mater de Pergolesi, otra maravilla.

 

Imagen general del claustro. / Víctor Gibello

Imagen general del claustro. / Víctor Gibello

 

Extremadura posee un patrimonio muy rico y diverso, quizá de los más destacables cualitativa y cualitativamente de la Península. El blog Paraísos olvidados pretende recuperar y dar a conocer la memoria de esta herencia de siglos, un legado compuesto por monumentos y yacimientos arqueológicos, pero también por paisajes, bosques, manantiales, restos de arquitectura vernácula, tradiciones, etc.

Sobre el autor

Arqueólogo, historiador, historiador del Arte, fotógrafo, escritor, emprendedor. Durante los últimos 25 años ha realizado numerosos trabajos de investigación, excavación, restauración y puesta en valor del Patrimonio Cultural por toda España, así como diversos proyectos internacionales. Paraísos Olvidados es un recorrido diferente por el Patrimonio de Extremadura, un viaje a los espacios más singulares, atractivos y amenazados de nuestra tierra, un experimento de divulgación que pretende crear conciencia en la sociedad para su conocimiento, valoración, protección, conservación y disfrute


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