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Autor: apachon
EL NEO-WESTERN EN LAS SERIES: GODLESS
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Alejandro Pachón Ramírez | 11-12-2017 | 12:58| 0

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Creo que fueron las series de televisión las que se adelantaron al western moderno, ofreciendo una nueva aproximación a los personajes, los escenarios y el imaginario en general. No creo equivocarme si digo que la serie “Deadwood”, ya en su quinta temporada, fue una de las primeras en su género. En ella aparecían personajes históricos como Calamity Jane o Wild Bill  Hitcock tratados en un tono bastante diferente al que nos tenían acostumbrado en el western clásico. La épica y los estereotipos dejan lugar a espacios realistas  y personajes tridimensionales.

En cine, y ya en el siglo XXI, el género empezó a buscar nuevos horizontes, rodando en sitios como África del Sur, Australia y los países nórdicos. La violencia se hizo más explícita y las mujeres empezaron a tener papeles importantes como en “La deuda” o “Brimstone”.

Pero las raíces del western siguieron estando ahí, no se deconstruyó su esencia, sino que se renovó y olvidó su condición de serie B de entretenimiento, pasando a presentarse en festivales internacionales y a hacer hibridaciones con otros géneros, como el terror (“Bone Tomahwak”)

Y hete aquí que Netflix se descuelga ahora con una de las series más interesantes de la temporada: “Godless” (que significa “Sin Dios”). Definida como “una joya subversiva y feminista”, el arco temático principal transcurre en  un pueblo de Nuevo México, “La Belle”, habitado principalmente por mujeres, ya que los maridos han perecido todos a causa de una explosión de gas en la mina de plata de la que se sustentaba la economía. Sólo un sheriff que está perdiendo la vista, su joven ayudante y un tipo al que se le ha ido la cabeza e ignora su nombre, son la representación masculina, además de los diversos “buitres humanos” que revolotean en torno a las mujeres y su mina. Hay otras tramas argumentales pero todas confluyen en una idea, presentarnos una visión del western que enganche a un sector del público poco aficionado al género: las mujeres.

Además de la idea de “empoderamiento” y de espíritu de combate femeninos, “Godless“ es una auténtica antología de los mejores antecedentes del género. Evocamos “Horizontes de grandeza” en las secuencias de doma de caballos, “Río Bravo” en lo referente al sheriff, su ayudante y la cárcel del pueblo, “Grupo salvaje”, en la banda del malo, “Infierno de cobardes” y “El jinete pálido” en la subtrama religiosa, “Raices profundas” en cuanto a la relación del niño mestizo y el pistolero solitario…. Descubrimos también aspectos de la Historia poco tratados, como las primeras bandas de “cuáqueros” que se dedicaban a exterminar a los pioneros de otras religiones o los “soldados búfalo”, hombres de color que combatieron en la Guerra de Secesión y que formaron comunidades al margen de los blancos.

Todo ello con una cuidada ambientación y unas espectaculares escenas de acción y con una duración bastante peculiar: siete capítulos de entre una hora y hora y media cada uno.

Puede que nos estemos poniendo un poco pesaditos con la importancia que les concedemos a las grandes series de televisión, pero es que no dejan de sorprendernos y, sobre todo, de entretenernos, que es lo que importa a larga en un formato doméstico de calidad.

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LA LIBRERÍA : EL LIBRO COMO PERSONAJE.
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Alejandro Pachón Ramírez | 23-11-2017 | 12:12| 0

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“Una nunca se siente sóla en una librería”, dice la narradora de la película. En mi caso no ocurre eso, porque me siento un espectro cuando voy a Universitas y no está Angelito.

Me pongo en este plan porque la película de Isabel Coixet- nunca pensé que diría esto -me ha tocado algunos puntos claves de mis neuronas sentimentales.  Me refiero a las novelas que aparecen en la trama, la de una viuda de guerra que abre una librería en un pueblo, y que se convierten  en un personaje más.

La primera , “Fahrenheit 451”, no sólo es una precisa aportación al carácter del personaje encarnado por Bill Nighy, sino también es la reivindicación de Ray Bradbury como el escritor que dio a conocer el género de la ciencia ficción y la distopía a varias generaciones del siglo XX, entre las que me incluyo y que además nos llegó vía televisión con las adaptaciones de relatos de Bradbury por parte de Narciso Ibáñez Serrador en sus “Historias para no dormir”.

La otra es “Lolita”, de Nabokov, que representa la literatura como provocación moral y enfrentamiento a lo políticamente correcto. Antes que la película de Kubrick, me aparece en los sensores emocionales uno de los grandes  temas de Morricone para la versión “Lolita” (https://www.youtube.com/watch?v=GBwl_elSEFM) de Adrian Lynne  y que es una de esas músicas que duelen. En ese enlace tenéis una de las mejores versiones para mi gusto.

La tercera es  “Viento en las velas” (“High wind in Jamaica”) , una historia de niños en un barco de piratas, y que dio lugar a una excelente película interpretada por Anthony Quinn y James Coburn  y dirigida por alguien que también filmó con cariño la campiña inglesa: Alexander Mackendrik . Tal novela es la que perfila el carácter de la niña coprotagonista y añade nuevas lecturas a la trama convencional.

En cuanto a la protagonista, maravillosa Emily Mortimer, realmente no sabemos cuál es su libro, ya que los lee todos y su conocimiento es ecléctico, pero de gran sensibilidad e intuición.

Hay muchas películas británicas o americanas ambientadas en esos aparentemente idílicos pueblecitos con pastos oscilando al paso de nubes cambiantes.  Un espacio que ha hecho suyo la Coixet escapando a lo tópico. Bajo la aparente capa de pictoricismo, de distancia entre clases sociales y de la sobrevaloración de la vida en un pueblo, está la fuerza de un guión que, aunque no he leído la novela en la que se basa, juega con los puntos de vista narrativo y con la estructura y cierre de tramas de forma magistral.

Llama la atención su dirección de arte y su fotografía, sin caer en la cursilería de la postal; el ritmo, la sutil y eficaz banda sonora de Alfonso de Vilallonga, en la onda de Alexander Désplat y la forma de usar la voz en “off” y filmar a los personajes. Es el estilo clásico británico (Ivory, Loach) ….sólo que en una producción española que aborda el entorno sin tratar de copiar estereotipos, sino aproximándose íntimamente a los personajes y el escenario y llegando a un nivel artístico y de producción muy alto.

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ORO: UN TROPEZON EN LA MISMA PIEDRA
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Alejandro Pachón Ramírez | 12-11-2017 | 12:41| 0

Teaser trailer de Oro La Película De nuevo Agustín Diaz Yanez vuelve a adaptar a Pérez Reverte, dando la sensación de que no ve sus propias películas y que ignora las justas críticas recibidas por “Alatriste”.

“Oro” tiene algunas buenas secuencias y mejores intenciones ideológicas. Nos cuenta el trayecto por la selva de un grupo de soldados españoles en busca de una de esas legendarias “ciudades de oro” americanas que animaban a los conquistadores. De hecho lo único que no ponen en duda los esforzados aventureros es la existencia de ese oro. Lo demás: la fé cristiana, el deber hacia el emperador o los mandos superiores e incluso el compañerismo, van perdiendo valor conforme avanza la acción. Una acción que es una sucesión de ejecuciones sumarias, asesinatos, luchas contra indígenas y contra un caimán que no se ve, aunque al final salen unos pajaritos rojos muy bonitos.

La idea que subyace debajo de una trama no muy hilvanada es la típica metáfora histórica de Pérez Reverte acerca del “cainismo” de los pueblos españoles: extremeños, aragoneses, vascos y andaluces enfrentados entre sí y contra el mando. “Extremadura: mala tierra, pero buenas gentes”, se dice en la película. Menos mal que no hay catalanes en la expedición, porque entonces  la extrapolación histórica hubiera venido al pelo.

Una extrapolación en la que hay tomas que, al igual que en “1898. Los últimos de Filipinas”, no deja de intentar recordarnos el cine sobre Vietnam y el paralelismo entre la decadencia del imperio español y la derrota yanqui en Asia. El problema cronológico es que la acción transcurre un siglo antes, durante el reinado del emperador Carlos, de la primera caída del imperio colonial hispano.

Otro problema es que todo está contado de una forma mal hilvanada e incluso apresurada; unidimensional en cuanto a los personajes y tomando referencias de películas del mismo género. El personaje interpretado por Juan Diego es similar al que compuso en “Cabeza de Vaca”, un olvidado título acerca del citado explorador y, obviamente, muchas de las tomas y composiciones están inspiradas en la mejor película que se ha rodado sobre el tema : “Aguirre. La cólera de Diós”, de Werner Herzog.

Hay también algunos elementos inaceptables, como la conversación entre las dos únicas mujeres de la expedición en una tienda, y cuyo lenguaje y tono contemporáneo están fuera de lugar. La estupenda actriz Barbara Lennie hace lo que puede por sacar adelante un papel bastante inverosímil ya que, aunque hubo mujeres en estas expediciones, aquí únicamente está para crear tensiones pasionales entre los hombres.

Los actores también se esfuerzan, así como los elementos de vestuario y efectos de acción pero, llegamos a lo más grave: la banda sonora. Después del error cometido en “Alatriste” de poner un tema de banda municipal de Semana Santa en la secuencia final, ignorando la excelente partitura de Roque Baños, ahora se recurre directamente a Javier Limón, un productor y arreglista, fundamentalmente de flamenco, que hace tres cosas: copiar las primeras notas del tema principal de “La misión”, hacer que los aguerridos conquistadores utilicen como himno de guerra un tema del cancionero popular del pacense Juan Vásquez  titulado “De los álamos vengo” , que en realidad es para voz femenina y poner luego esa misma melodía cantada por José Mercé para el famoso poema de  Quevedo, (“poderoso caballero es don Dinero”), que es bastante posterior. De hecho, incluso el cante flamenco es mucho más moderno. Lo único entrañable del desbarajuste es la dedicatoria  a Pepe Salcedo, gran persona y maestro de montadores, que no llegó a terminar su trabajo.

 

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EL EFECTO FU MANCHU
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Alejandro Pachón Ramírez | 28-10-2017 | 11:44| 0

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En la última novela de Stephen King, “Fin de guardia”, que cierra la trilogía iniciada con “Mister Mercedes” protagonizada por el policía jubilado Hodges, su antagonista , conocido como “el príncipe del suicidio”, ha adaptado unas aparentemente inofensivas consolas de videojuegos y las ha distribuido de forma masiva. En ellas, junto con juegos simples como el solitario o el comecocos hay uno de pesca de peces con mensajes subliminales de color y sonido que inducen al jugador al suicidio.

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Estas formas de hipnosis  se han dado mucho en el cine, el cómic y la literatura popular, siendo el malvado Fu Manchú, que para los de mi generación fue encarnado  por Christopher Lee en la pantalla , uno de los maestros de estas técnicas.

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Todo esto viene a cuento a raíz del visionado de la última película Marvel: “Thor: Ragnarok”. El público que asiste a estas sagas cada vez es de menor edad; de hecho la mayoría van acompañados de sus padres, que probablemente sean a los que más les interesa la película. Lo digo porque es difícil que niños de cinco a siete años hayan leído los abundantes y voluminosos cómics o visto toda la filmografía anterior de “Los vengadores” y sus diversos “spin offs”.

Especialmente esta entrega de Thor incluye secuencias de efectos lumínicos y sonoros que a lo mejor contienen un elemento hipnotizante. Los vuelos iridiscentes hacia Aasgard, los colores de los personajes (el rojo de Thor frente al verde de Hulk) creando un vertiginoso cóctel digital en las secuencias de luchas, etc, etc, creo que deben tener algún efecto en las mentes más sencillas. Pero no se asusten, no creo que los de Marvel traten de volver locos a una generación, es algo mucho más simple : les incitan a comer palomitas y beber refrescos, que es en realidad el negocio del cine comercial hoy. Si se dan cuenta, comprobarán como hay chavales que entran y salen varias veces durante la proyección, tanto para reponer chucherías como para evacuar la cantidad de líquido que se meten en el cuerpo.

En lo que a mí respecta lo que me interesa de estas películas de super héroes , que ya no recibo con el mismo entusiasmo de antes, es su sentido del humor, y en este caso el título que nos ocupa está sembrado. Desde el momento en que el dios del Trueno, Loki, Hulk y Walkyria (hay una memorable secuencia wagneriana), se autodenominan “Los vengativos” para diferenciarse de los Vengadores, hasta las bromas entre los protagonistas, sigue interesándome ese tratamiento jocoso, de no tomarselo demasiado en serio, que es precisamente de lo que carecen las películas de DC, a las que les sobra seriedad  y afán de trascendencia.

Y termino con un chiste que atañe a superhéroes de ambas factorías:

¿De dónde proceden los superpoderes de Iron Man y de Batman?: del dinero; ambos son millonarios.

 

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LAGRIMAS EN LA NIEVE. BLADE RUNNER 2049
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Alejandro Pachón Ramírez | 08-10-2017 | 11:40| 0

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El primer Blade Runner lo vimos en el cine Menacho de Badajoz, a principios de los ochenta, cuando instalaron un excelente sonido Dolby. Para los amigos de entonces se convirtió en una de las películas de culto de nuestras vidas. Volvimos a releer a Philip K. Dick, a rebuscar el cómic de Moebius en la revista “Metal Hurlant” y a plantearnos la posibilidad de que Vangelis, con cuyos “Carros de fuego” nos había hartado hasta la saciedad, fuera un gran músico de cine, cosa que luego no ocurrió.

Con estos antecedentes – el recuerdo como pasado sentimental, a veces falso y que es uno de los temas de la película- , fui a ver esta nueva aproximación con bastante desgana. Ridley Scott ya me había decepcionado con sus precuelas de “Alien” y Denis Villeneuve en su último título, “La llegada”, no estaba a la altura de su anterior y brillante filmografía; pero no hay nada más bonito que equivocarse con estas intuiciones, cosa que pocas veces ocurre, habida cuenta de la cantidad de cine que uno lleva visto.

“Blade Runner 2049” me ha enganchado a la butaca, pese a sus dos horas y media de duración, sin sentirla ni como una secuela, ni como un encargo, sino como cine de autor y de calidad. Los que no hayan visto el mítico título anterior, muchísima gente por cierto, no entenderán nada, mientras que los que lo hemos disfrutado en sus diversos montajes participamos de algo distinto pero que nos resulta familiar.

La película de Villeneuve es algo más que una secuela, aunque aparezcan personajes y subtramas de la primera, incluyendo al policía interpretado por Edward James Olmos, el que hacía figuras de origami,  a Harrison Ford y a Rachel. Sin embargo se distancia del original en muchos aspectos. De entrada una dirección artística en la que el Art Déco y la fotografía tipo  “film noir” han sido sustituidos por un minimalismo operístico casi zen y unos ambientes escénicos mucho más diversos, como si de una megalómana exposición de escultura contemporánea se tratase. Los efectos especiales, en una película en la que no hay mucha acción, se centran en el tratamiento de realidades virtuales y hologramas que suplen en el lado  sentimental a las replicantes femeninas de la anterior. Todo en ese apartado se nos muestra como innovador y vanguardista, contado con un “tempo” lento que se recrea en los planos generales y en los distintos tipos de iluminación. Hay unas secuencias en un postapocalíptico casino de Las Vegas, que inmediatamente me hicieron recordar al Kubrick de “El resplandor”. Técnicamente una maravilla.

Pero hay muchas más cosas en las que Villeneuve se desmarca de Scott, como las de contenido literario y filosófico. Aquí no hay monólogos poéticos como aquel famoso del replicante interpretado por Rutger Hauer a punto de morir sobre “todas estas cosas se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”, que parece ser que se lo inventó el propio actor, fuera del guión, bajo el efecto de sustancias psicotrópicas y con gran cabreo por parte de Harrison Ford al que le robó el protagonismo de la crucial escena. Hay buenas frases y mejores propuestas argumentales sobre la veracidad y la fugacidad de los recuerdos, pero las que más me gustan son las reflexiones históricas y distópicas, como la que dice el fabricante de androides: “Todas las civilizaciones se han construido a base de mano de obra desechable”.

Por si fuera poco, Hans Zimmer y el equipo de sonido en general, han construido una banda sonora de efectos y música que perfecciona y evoca a la de Vangelis en su concepto básico , pero en la que no recurre en ningún momento a temas melódicos de la primera película como “Memories of Green” o “Blade Runner Blues”. Esto es mucho más funcional y más ensamblado con el proceso narrativo y escénico.

Una auténtica gozada para amantes, no sólo de la ciencia ficción, sino del buen cine actual y cuyo disfrute exige un poquito de complicidad con aquella película que vimos en el Menacho hace demasiados años. Por cierto, el título de este artículo es un “spoiler”.

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.