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Autor: apachon
LAS EDADES DE KING KONG
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Alejandro Pachón Ramírez | 12-03-2017 | 12:18| 0

Hasta hace unos años estuvo por casa uno de esos muñecos de los calzados Gorila. No fueron los aviones ni el amor hacia una rubia los que acabaron con él, sino la carcoma. Cuando mi hijo era pequeño lo hacía pelear contra los airgam boys y los micro machines. Dicho simio, a principios de los sesenta, servía como expositor de aquellos zapatos inseparables del uniforme del colegio con los que regalaban una pelota verde que usábamos para jugar al frontón. Los zapatos y botas que mis padres nos compraban en Mérida, en calzados Mateos o en Sudón.

Era evidente su relación con el King Kong de Harryhausen y Schoedack, un título que todas las generaciones hemos visto, siempre en televisión, pero que, al igual que Tarzán, ha sufrido diversos avatares en forma de secuelas, revisiones y “reboots”.  Aparte del inmortal título fundacional, recuerdo otra de los mismos autores, “El gran gorila”, en la que el mono era más pequeño y vulnerable si cabe, que el rey Kong. Tampoco hay que olvidar un cómic inglés, aunque de autor español, aquí editado por Vértice,  “Mytek el poderoso”, que enlazaba con el género japonés de monstruos semirobóticos.

Les evito el comentario acerca de remakes posteriores como los de John Guillermin, Peter Jackson e incluso Marco Ferreri y me centro en “Kong. La isla de la calavera”, en cuya proyección me sorprenden de nuevo los conocimientos de los niños espectadores, esperando a que acaben los títulos de crédito, con la magnífica música de Henry Jackman, un evidente admirador de Goldsmith, para ver la típica secuencia epílogo en la que se alude a Mothra, Godzilla y compañía. Los chavales se conocen todo ese material sesentero.

En cuanto a la película me imagino que la idea base del guión parte de relacionar a Kong con Viet Cong, y a partir de ahí todo viene dado. Finales de la guerra de Vietnam, soldados quemados por la derrota -“no perdimos la guerra, nos retiramos”, dice el personaje interpretado por Samuel L. Jackson- y “Apocalypse Now” como referente icónico, argumental y musical. Y esa no creo que la conozcan los jóvenes espectadores a los que antes aludía.

Los demás ingredientes son del tipo “Depredador”, “Parque Jurásico” y una ideología políticamente correcta acerca del equilibrio ecológico, el respeto étnico y la eliminación de los connotaciones zoofílicas del original.

O sea que todos nos quedamos a gusto. Los chavales, porque saben desde el principio que el gran simio es el dios bueno que nos defiende de los monstruos de la Tierra Hueca (la famosa teoría paracientífica de los nazis) y  que la ciencia y la conservación de las especies están por encima de la violencia militar. Los mayores porque nos gusta la parodia que John C. Reilly hace del  general Kurtz, por los planos de los helicópteros sobre un sol inmenso y unos paisaje espectaculares y, aunque no suene “La cabalgata de las Walkirias” (hubiera sido demasiado obvio), hay música de los Creedence, de los Hollies y de Jefferson Airplane.

Después de Kong en el Empire State vendrían los gorilas de “El planeta de los simios”, una novela que me recomendó mi abuelo bastantes años antes de que se rodara la película, pero esa es otra historia.

 

 

 

 

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LOGAN. “No te vayas, Shane”
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Alejandro Pachón Ramírez | 04-03-2017 | 12:58| 0

Para los de mi generación, Logan, interpretado por Michael York, era el protagonista de una de ciencia ficción, “La fuga de Logan”, que luego se convirtió en serie de televisión. Para los amantes del universo Marvel, Logan es Lobezno, el personaje más carismático, humano y tridimensional de todos los X-Men. Acentuando esa vertiente dramática, la acción nos sitúa en un futuro próximo en el que Lobezno está perdiendo sus poderes, está cojo y usa gafas para leer. Los mutantes prácticamente han sido exterminados y nuestro protagonista tendrá que emprender una operación de rescate y huída, cuidando al ya decrépito profesor Xavier y a una niña mutante.

Una extraña familia en peligro, un largo camino por recorrer y el desencanto y la soledad como compañía de los que antaño fueron héroes de cómic. En fín, un western crepuscular que puede recordarnos el “Sin perdón” de Clint Eastwood, pero cuyo mensaje emocional queda patente en el homenaje que se le hace a otro western clásico : “Raíces profundas”, tanto en la banda sonora como con la inclusión de imágenes de la película protagonizada por Alan Ladd y, sobre todo, en una secuencia final que podría haber rozado lo sentimentaloide, pero que se convierte en una hermosa despedida y en un emotivo gesto icónico.

Normalmente un guión como éste, con héroe en decadencia, anciano inválido y niña, suele caer en lo blandengue, en el estilo Spielberg para entendernos, pero aquí, gracias al carisma y el escepticismo de los personajes, las insuperables escenas de acción – algunas recuerdan a Mad Max-  y la importante presencia de esos territorios desérticos de Nuevo México donde transcurre gran parte de la trama, nos sumergen en un acertado híbrido entre western, película de la Marvel y distopía crítica.

No olvidemos que muchos héroes de acción como Van Damme, Stallone, Willis o Schwarzenegger han intentado desencasillar sus carreras en algún momento recurriendo a tramas similares a la que nos ocupa, sea protegiendo a la viuda con niño a la que le quieren expropiar las tierras, ayudando a una familia a escapar de complots gubernamentales o incluso, como en el caso de Arnold, tratando de salvar a su hija zombi. Todos han fracasado en el intento de aunar sentimientos con acción

James Mangold sin embargo lo ha conseguido. Y, lo más importante, ha hecho que los espectadores menos aficionados al cine clásico sepan de la existencia de “Raices profundas” e incluso quizás la busquen para verla,  para entender las palabras finales de la niña y su profundo enraizamiento con la cultura norteamericana del western y la frontera.

Al final todos nos quedamos a ver los créditos mientras Johnny Cash canta una balada, esperando esa minisecuencia que suele haber al final de las películas Marvel. Pero aquí no hay epílogos ni anuncios de secuelas. Ni los necesita, porque creo que es la mejor y más seria película producida por Marvel hasta la fecha.

 

 

 

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LA GRAN MURALLA: La Cina é vicina
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Alejandro Pachón Ramírez | 21-02-2017 | 12:10| 0

Los cineclubistas de los sesenta recordarán el título de aquella película de Marco Bellochio en la que se aludía a la fascinación de la juventud burguesa de la época por el comunismo de Mao Tse Tung. China estaba cada vez más cerca de occidente, como dice el título, aunque fuera de forma marginal y revolucionaria y ahora en pleno siglo XXI ya está aquí, tanto en la tienda de la esquina como en las superproducciones de entretenimiento universal.

En los 70 y 80 empezó a llegar el cine chino de autor, precisamente de la mano del director de la película que encabeza este texto, Zhang Yimou. “Sorgo rojo”, “La linterna roja” o “Vivir”…nos mostraron una visión de fuertes cromatismos y llena de apuntes históricos del lejano país oriental.

Yimou se convirtió en uno de los autores mundiales más afamados, pese a incontables problemas con las autoridades de su país, hasta que empezó un nuevo camino y prácticamente inauguró un género cinematografico, el cine de artes marciales de calidad con “Hero” o “La casa de las dagas voladoras”.

 

Algunos títulos lo han superado, tal cual es el caso de “Acantilado Rojo”, de John Woo, en la vertiente del cine épico histórico, pero Yimou ha seguido estando ahí, cultivando las dos facetas que le han dado fama: la crónica de la historia contemporánea de su país y la fantasía épica.

El nuevo paso que ha dado es un acercamiento más al mundo occidental utilizando actores norteamericanos como Willem Dafoe y Matt Damon en la película que nos ocupa, elección que ha sido criticada en su país, pero que le ha abierto el camino a todas las salas comerciales del mundo.

“La gran muralla” no es ninguna obra maestra. La historia no puede ser más simple: una horda de criaturas extraterrestres atacando al ejército que defiende la muralla y que son ayudados por los citados personajes occidentales, unos émulos de Marco Polo y familia, muy dotados para la lucha. ¿Qué es por tanto lo que hace que sigamos esta especie de ataque casi constante de monstruos a una fortaleza al estilo “El señor de los anillos” ?: una vistosa escenografía basada en el color y la colocación de figurantes y especialistas de carne y hueso frente a criaturas digitales.

De esta manera, la primera parte del metraje nos recuerda intensamente que Yimou fue el encargado de dirigir la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 y que toda su parafernalia cromática, con acrobacias y artilugios a medio camino entre la Fura dels Baus y el Circo del Sol, está presente en la película.

Las belleza de las secuencias de “las grullas voladoras”, que evocan también algunos momentos de las sagas del vídeo juego “Final Fantasy”, el ataque con globos aerostáticos o las escenas del desierto rojo que rodea a la muralla, me han bastado para que no mire el reloj en ningún momento de la proyección y me olvide de que estaba ante una historia y unos personajes mil veces representados, y además en este caso la introducción de rostros occidentales ayuda a no liarnos demasiado con los actores.

 

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GOYAS 2017: Fernando Velázquez y Alfonsito
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Alejandro Pachón Ramírez | 06-02-2017 | 7:29| 0

 

Alfred Hitchcock le preguntó a su músico habitual Bernard Herrmann, mientras preparaban la banda sonora de “Naúfragos” que de dónde procedería la música de una película – la ubicación diegética que diríamos los “enteraos”- que transcurre íntegramente en un bote salvavidas en medio del océano. Herrmann contestó que del mismo sitio donde él colocaba la cámara.

Lo mismo, pero al revés, ha ocurrido en la ceremonia de los Premios Goya. La orquesta ocupaba casi todo el escenario, creando un “horror vacui” lleno de músicos, presentadores y ganadores. La pesadilla del director de arte y del realizador, tal como se demostró en la parte del homenaje a los fallecidos. En la tele no se podían leer los nombres y apenas vislumbrar los rostros de los que aparecían.

Sin embargo el hecho de que una orquesta española especializada en conciertos populares de música de cine, la Symphony Film Orquestra, se convierta  en la protagonista del escenario, me parece un buen recurso que, de paso, elimina algún que otro patoso número musical de ediciones pasadas. Acostumbrados a sincronizar sus intervenciones con secuencias cinematográficas y con película enteras  -tal como han hecho con “Regreso al futuro”- , funcionaron como un mecanismo de relojería a la hora de subrayar apariciones y acelerar agradecimientos, así como deleitarnos con fragmentos de grandes músicos del cine español: la sintonía de Antón García Abril o la  suite Algueró. Estos divulgadores y otros similares de la música cinematográfica han creado un nuevo público incondicional, casi como en los ochenta. Mejor que nadie lo expresó el compositor Fernando Velázquez, Goya por la partitura de “Un monstruo viene a verme” al agradecer la importante labor de orquestas locales y autonómicas a la hora de abordar en sus repertorios la música de cine. La Orquesta de Extremadura, tal como ha demostrado en el repertorio de su últimas temporadas , es una de esas formaciones a las que se refería.

Me gustó también la sorna del director del cortometraje  “Timecode” al recoger el premio diciendo que se alegraba mucho de dar la oportunidad a los largometrajes de que estuvieran representados en la ceremonia y les deseaba a los largometrajistas que pudieran pasarse al corto dando un salto…al vacío.

Otro de los chistes buenos fué : “¿Se puede saber porqué cuando le dan el premio a un lagometraje sale una persona a recogerlo y cuando es a un corto sale un equipo de rugby?

Los que llevamos en esto de los cortometrajes 23 años (los que tiene el Festival Ibérico de Cine de Badajoz)  conocemos, porque han competido en nuestro certamen, a muchos de los que ahora están arriba, incluyendo a  Bayona. A Manolo Solo, (mejor actor secundario de este año)  lo   descubrimos en su momento en un corto desternillante y muy premiado titulado “Bailongas”. No se pierdan la voz que utiliza en la película por la que le han dado el premio : “Tarde para la ira”.

 No menos importante es que en el antedicho título (también Goya a la mejor película) haga un papel secundario nuestro amigo y paisano Alfonso Blanco, el Alfonsito de la Candy Dos. Siempre tiene que estar en “tós los fregaos”.

 

 

 

 

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Los herederos de Norman Bates
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Alejandro Pachón Ramírez | 28-01-2017 | 12:57| 0

El estrenos de “Múltiple”, la última película de Night Shyamalan, nos hace pensar en la enorme deuda que tiene el género de terror con “Psicosis” de Hitchcock y con el personaje interpretado por Tony Perkins. La figura del psicópata con personalidad múltiple se ha explotado desde entonces hasta la saciedad y Shyamalan, considerado como uno de los renovadores del género en nuestros tiempos, no podía por menos que ofrecer su versión sobre el tema.

Desde que con “El sexto sentido” asombrara al público con ese giro de guión final que cambiaba la percepción del conjunto, el afamado director ha compuesto una filmografía llena de errores y aciertos, admirada y denostada a la vez, aunque no cabe duda de que ha creado un estilo en el que el espectador avezado juega a descubrir dónde está el truco, cuál es el punto de vista adecuado, donde está la sorpresa del guión. Y así estuve yo durante la proyección de “Múltiple”, haciendo elucubraciones acerca de los personajes y de dónde vendría la sorpresa. La línea argumental es bastante simple: un protagonista con personalidad múltiple que secuestra a chicas. Estuve pensando todo el tiempo en “10 Calle Cloverfield”, otra de encierro claustrofóbico con sorpresa final, pero no van por ahí los tiros.

Creyendo haber decubierto el truco del guión y sorprendido por el silencio que guardaba el preocupante número de adolescentes que llenaba la sala, me dediqué  a contemplar el “tour de force” interpretativo de James Mc Avoy haciendo de varios personajes y los diálogos entre éste, su psiquiatra y la chica secuestrada más espabilada que las demás. Casi una obra de teatro con ningún momento “gore”, algún pequeño susto y una excelente realización.

Pero me equivoqué en mis deducciones, aunque  la sorpresa tenía que aparecer por algún lado. Y lo hace en el plano final y en forma de autohomenaje (que probablemente muchos espectadores no pillarán) propiciando un espléndido giro temático a todo el discurrir de la trama. Y hasta aquí puedo leer…

Shyamalan, como ya he dicho, tiene cosas infumables para mi gusto, y otras casi geniales, entre las que citaré esa divertida versión de Hansel y Gretel que es “La visita”, su anterior película, y la creación de la serie televisiva  de ciencia ficción “Wayward pines” de la que esperamos una nueva temporada y que también contiene interesantes giros de guión.

Ya he comentado el silencio reverencial con el que los espectadores más jóvenes asistían a la proyección. La otra noche, viendo un fragmento de la ceremonia de entrega de los premios Feroz, recordé cuánto significó para los preadolescentes de mi generación aquel personaje que salió en silla de ruedas a recoger un trofeo honorífico: Narciso Ibáñez Serrador y de cómo aquella sonrisa suya, maquiavélica y astuta, nos invitaba a ver sus adaptaciones de Poe, Brádbury o de sí mismo bajo el seudónimo de Luís Peñafiel. Sus “Historias para no dormir” fueron nuestra iniciación en un género, el del terror que, de vez en cuando, es reavivado e incluso reiniciado por creadores del talento de Hitchcock, Carpenter o Hooper. Del mismo modo, películas como “Múltiple” influyen en los jóvenes de hoy y yo creo que para bien, pese a los discursos pedagógicos descafeinados sobre los peligros del consumo de imágenes violentas. Al menos creo que logran interesarles en la psiquiatría y la psicología  y sobre todo en el conocimiento de uno de los géneros con más solera de la Historia del Cine.

 

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.