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Autor: apachon
LA FORMA DEL AGUA: NEOCLASICISMO POP
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Alejandro Pachón Ramírez | 19-02-2018 | 11:33| 0

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“Crimson Peak” no tuvo mucho éxito- aunque me encantó- y se subestimó bastante la aportación a las sagas fantacientíficas de la adrenalínica “Pacific Rings”. Muchos conocen  a Guillermo del Toro  por “El laberinto del fauno”, cine histórico con excesivos ingredientes sobrenaturales,  pero ninguno esperábamos  que se pasara a la primera división de los narradores clásicos, sin renunciar a algunas de sus claves de autor.

En “La forma del agua”, no hay biomecanicismo, exoesqueletos, ni tampoco sale Santiago Segura, que casi siempre hace algún cameo en las películas del director mexicano. Del Toro en este proyecto se ha metido hasta el fondo en la fase de escritura y preproduccion.  Hay un guión perfectamente diseñado, con silencios, ruidos, idiomas y sonidos guturales. Hay un tempo in crescendo, en el que se nos diseña la personalidad de la protagonista, una limpiadora muda,  y del anfibio antropomorfo capturado,  que no es otro que el monstruo de la laguna negra creado por Jack Arnold, pero mas parecido física y emocionalmente  al colega de “Hell Boy” llamado “Abe”.

Lo mejor de todo es que una historia muchas veces contada, llámese  King Kong, Cocoon, las metamorfosis de Zeus e incluso “ET”, se pueda filmar cambiando de tono y estilo. Del Toro aporta nuevas referencias al mito y crea una alegoría compuesta de secuencias, canciones, situaciones y personajes que nos hacen sentirnos frente a un clásico atemporal ambientado en los sesenta pero comprometido con nuestra época. De hecho, gran parte de las canciones y las situaciones felices definen los años cuarenta como un pasado utópico, a veces incluyendo números de los musicales de la Metro,  frente a esos sesenta de la Guerra Fría  donde transcurre la acción. El imaginario del mundo cotidiano es el cromatismo cotidiano de Norman Rockwell y popularizado en la serie “Mad Men”, los escenarios del laboratorio son unas austeras y expresionistas instalaciones y las secuencias más románticas en el agua son puro Spielberg, pero más sincero, más atrevido y menos empalagoso.

“La forma del agua” es un alegato a favor de la integración frente a la alienación y la intolerancia de los “normales”,pero sobre todo es un ejercicio de progresión dramática y de capacidad de atracción  dirigido a un amplio grupo de generaciones y mentalidades actuales. Hay también un importante “guiño” cinéfilo que puede escapar a muchos espectadores que no hayan visto el título que cito a continuación y que se relaciona con la trama. ¿Porqué en el cine sobre el que viven los protagonistas se proyecta siempre “La historia de Ruth” (bonito peplum de mi adolescencia) …y al anfibio le gusta?. En esa descontextualización, y en una frase de la Biblia sacada del citado Libro de Ruth, que no se pronuncia  en pantalla, es donde  radica la dimensión mítica y mística de esta  historia tantas veces contada y sin embargo nueva.

 

 

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CLINT EASTWOOD: LA VOZ ROTA
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Alejandro Pachón Ramírez | 09-02-2018 | 9:09| 0

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https://www.youtube.com/watch?v=MItMDkc343M

Oir mientras se lee

Las últimas películas del maestro Eastwood han ido de mal  en peor. Incluso “El francotirador”, que tuvo bastante éxito, me pareció muy floja, con aquel “sniper” de élite disparando a insurgentes islámicos desde un colchón en una terraza, en posición privilegiada, mientras los marines le iban limpiando las casas como perros a un cazador de perdices. Lo del piloto Tom Hanks aterrizando en el Hudson era “disneyano” por decir algo y esto último de los soldados turistas que evitan un atentado es patético en casi todos los aspectos, menos en alguna secuencia de tensión, que tampoco es tan difícil si tienes dinero.  Entre medio hay otra de beisbol en la que lo único que me interesa es Amy Adams.

Esta vez re refiero a “15:17. Tren a París”, que podría servir para ponerla en la  sobremesa de algunos de esos canales de televisión con treinta minutos de publicidad durante la emisión y estamos hablando de unos de los grandes Directores Clásicos del Siglo XX.

¿Qué pasa maestro? ¿Porqué has olvidado lo que mejor se te da?. Ya no puedes ser Harry Callahan , ni el Manco o el Bueno de Sergio Leone, ni siquiera el vengador crepuscular de “Sin perdón”, pero tienes algo más grande en tus manos y no son ni el orangutan de “Duro de pelar”, ni la pérfida y frágil Sondra Locke de “Ruta suicida”, que creo que fue la que te tocó en el ala . Tampoco puedes ya hacerte cargo de dos versiones opuestas de la batalla de Iwo Jima y, mucho menos dirigir y mucho menos a  interpretrar a Josey Whales en “Fuera de la ley”.  Y muchas cosas más.

Pero es que además de esa insuperable filmografía lo mejor que te queda es tu música.

Tienes los derechos de casi todos los temas de Lennie Niehaus, de Lalo Schifrinn y de Jerry Fielding, tienes a Jamie Cullum y a tu hijo Kyle, un gusto para el cool jazz emocionante y un  elegante estilo como  intérprete de  piano . Ese aire frágil y ausente, para el que tú eres, tal como conocimos por primera vez en “Play Misty for me”, film noir al estilo de Donald Siegel que dirigiste e interpretaste, en la que había planos documentales del Festival de Jazz de Monterrey. Cuando Morricone compuso la partitura de “En la línea de fuego”, sabía que aunque interpretabas al guardaespalldas de presidente podrías ser creíble tocando el piano en un club de Washington, con una “Browning” en la sobaquera. Las canciones en “El aventurero de la mediaanoche” o “Bronco Billy”, el tema “I talk to the trees” de “La leyenda de la ciudad sin nombre”  y sobre todo ese “Grand Torino”, una de mis canciones de cine preferidas y que inicia este texto. Clint, please,  danos una gira de  conciertos con tu hijo y Jamie Cullum, déjate de líos, de hacer diálogos insulsamente cotidianos o del miedo a ser políticamente incorrecto.  Si acaso haz una buena de guerra, pero sin “flashbacks” sentimentales, ni consejos de autoayuda.

Regresa a Europa y olvida Los Angeles. Danos algún concierto con tus chavales. Aunque sólo cantes tres temas, con esa voz de viejo astuto y melómano.

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CLINT EASTWOOD: LA VOZ ROTA
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Alejandro Pachón Ramírez | 09-02-2018 | 8:47| 0

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https://www.youtube.com/watch?v=MItMDkc343M  (Oir mientas se lee)

Las últimas películas del maestro Eastwood han ido de mal en peor.

Incluso “El francotirador”, que tuvo bastante éxito, me pareció muy floja, con aquel “sniper” de élite disparando a insurgentes islámicos desde un colchón en una terraza, en posición privilegiada, mientras los marines le iban limpiando las casas como perros a un cazador de perdices. Lo del piloto Tom Hanks aterrizando en el Hudson era “disneyano” por decir algo y esto último de los soldados turistas que evitan un atentado es patético en casi todos los aspectos, menos en alguna secuencia de tensión, que tampoco es tan difícil si tienes dinero.  En medio hay otra de beisbol en la que lo único que me interesa es Amy Adams.

Esta vez me refiero a “15:17. Tren a París”, que podría servir para ponerla en la  sobremesa de algunos de esos canales de televisión con treinta minutos de publicidad durante la emisión y estamos hablando de unos de los grandes Directores Clásicos del Siglo XX.

¿Qué pasa maestro? ¿Porqué has olvidado lo que mejor se te da?. Ya no puedes ser Harry Callahan , ni el Manco o el Bueno de Sergio Leone, ni siquiera el vengador crepuscular de “Sin perdón”, pero tienes algo más grande en tus manos y no son ni el orangutàn de “Duro de pelar”, ni la frágil Sondra Locke de “Ruta suicida”, que creo que fue la que te tocó en el ala . Tampoco puedes ya hacerte cargo de dos versiones opuestas de la batalla de Iwo Jima y, mucho menos dirigir e  interpretrar a Josey Whales en la homérica “Fuera de la ley”.  Y muchas cosas más.

Pero es que además de esa insuperable filmografía lo mejor que te queda es tu música.

Tienes los derechos de casi todos los temas de Lennie Niehaus, de Lalo Schifrinn y de Jerry Fielding, tienes a Jamie Cullum y a tu hijo Kyle, un gusto para el cool jazz emocionante y un  elegante estilo como  intérprete de  piano . Ese aire frágil y ausente, que conocimos por primera vez en “Play Misty for me”, film noir al estilo de Donald Siegel que dirigiste e interpretaste, donde había tomas documentales del Festival de Jazz de Monterrey. Cuando Morricone compuso la partitura de “En la línea de fuego”, sabía que aunque interpretabas al guardaespaldas  del presidente, podrías ser creíble tocando el piano en un club de Washington con una “Brownibgg” en la sobaquera. Las canciones en “El aventurero de la medianoche” o “Bronco Billy”, el tema “I talk to the trees” de “La leyenda de la ciudad sin nombre”  y sobre todo ese “Grand Torino”, una de mis canciones de cine preferidas y que inicia este texto. Clint, “please”,  danos una gira de  conciertos con tu hijo y Jamie Cullum, déjate de líos, de hacer diálogos insulsamente cotidianos o del miedo a ser políticamente incorrecto.  Si acaso haz una buena de guerra, pero sin “flashbacks” sentimentales, ni consejos de autoayuda.

Regresa a Europa y olvida Los Angeles. Danos algún concierto con tus chavales. Aunque sólo cantes tres temas, con esa voz de viejo astuto melómano y tu sabiduría como historiador de la música de jazz.

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REYES ABADES: EL HOMBRE DEL FUEGO
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Alejandro Pachón Ramírez | 03-02-2018 | 8:39| 0

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Cada vez que estuvo en Badajoz para recibir diversos premios y homenajes y proyectaba un tráiler de sus trabajos, sacaba siempre a relucir la secuencia de “Días contados” (Imanol Uribe, 1994)  en la que un mendigo, interpretado por él, abría un coche bomba y salía ardiendo. Le gustaba alardear no de sus mejores efectos, sino de los más peligrosos. Siempre decía que a los buenos diseñadores de efectos especiales les faltaban dedos en las manos. A él no, pero más de una herida de combate tuvo. En nuestra ciudad se le han dado varios premios y reconocimientos, pero el testimonio imperecedero de su vida y trabajo es el libro que publicó el Festival Ibérico de Cine, en la colección del Departamento de Publicaciones de Diputación de Badajoz y escrito por el historiador cinematográfico Josep Lluis i Falcó. Ahora, desgraciadamente, es un buen momento para revisar este riguroso trabajo biográfico basado en largas entrevistas con el más grande de los efectos especiales “a la antigua”. El año de su homenaje en nuestro Festival fue tan importante para él que organizó una gran fiesta en su pueblo, Castilblanco, a la que acudimos Paco Espada y yo. Orquesta, buena comida, dulces caseros y una serie de botellas de buen vino con la etiqueta de su homenaje de la que aún conservo alguna.

No obstante, más que su generosidad y su sencillez, lo que más me impresionó siempre de Reyes, a mí y a cualquier aficionado al western y al cine bélico, era la nave industrial próxima a Madrid donde guardaba un arsenal suficiente como para crear un ucrónico ejército formado por “cowboys” e indios almerienses equipados con Winchesters y Colts, un montón de ametralladoras alemanas e inglesas de la II Guerra Mundial, arcabuces, espadas, lanzas y puñales de distintas épocas, detonadores, cargas explosivas y demás artilugios que hacen las delicias  de cualquier “freak” de las armas y de la Historia.

Pero Reyes no sólo era el tipo de las explosiones controladas, del fuego domesticado, de las armas sin percutor y los cuchillos sin filo. Era un amante de su artesanía, y un tipo muy extremeño, en el sentido de acogedor, apegado a su tierra y a sus amigos.

Tanto es así que accedió a participar en un documental, “El Coto”, (Francisco Espada y Javier Pache, 2013), en el que varios “involucrados” (Jesús García de Dueñas, el fotógrafo Vidarte y un servidor entre ellos) hablábamos de una película olvidada y recientemente descubierta. Reyes fue el que mejor hizo su papel, recordando cuando era niño y cuidaba borregos en su pueblo. No se la pierdan.

Reyes quemó barcos, hizo reventar montones de vehículos y sus balas falsas mataron a innumerables personajes. Sus prótesis de rostro y cuerpo fueron pioneras antes del auge de los efectos digitales, pero cuando volvía a su tierra se convertía en uno más de la familia.

Otro amigo perdido cuyo impresionante patrimonio de maquetas, armas y monstruos de látex deberían estar en algún museo “ad hoc” de Extremadura, sea en Castilblanco o en cualquier otro sitio de este Oeste salvaje que tanto sufrió, amó y recreó.

 

 

 

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REGRESO AL TEATRO LOPE DE VEGA . CONCIERTO DE MICHEL LEGRAND
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Alejandro Pachón Ramírez | 30-01-2018 | 11:24| 0

Podría poner un título poético, pero no reflejaría  lo que supuso mi primera experiencia de un concierto de música de cine en este teatro de Sevilla , donde lo viscontiniano y el arte barroco colonial se funden.  Aquel año lejano vimos dirigir a George Delerue y Elmer Bernstein. En años posteriores nuestros encuentros, almuerzos , entrevistas y catálogos con Morricone, North o Goldsmith,  con García Abril, Bernaola y José Nieto. Una fastuosa cena en el salón principal del Hotel Alfonso XIII con Maurice Jarre. Un paseo por la calle Betis con Gabriel Yared. Pero sobre todo una foto en la que estamos Pepa y yo en el palco central del teatro en el homenaje a Nino Rota y Fellini junto a Giulietta Massina.

Esa noche de hace un par de semanas me daba angustia volver al Lope de Vega, al lado de mi Facultad, la Fábrica de Tabacos. Demasiadas imágenes y sentimientos concentrados. Demasiadas perspectivas de mi vida que no sé que tienen que ver con las que tengo ahora.  Pero valía la pena porque era el concierto de Michel Legrand Trio, donde el maestro octogenario me ha levantado el espíritu. Ahora hace  gira acompañado por su piano, un bajo y una batería “ad hoc”. Es mejor que nunca con el teclado y tiene la memoria suficiente como para recomponer “Las señoritas de Rochefort” en un “mix” tocándolo y anunciándolo entre los fraseos rápidos e incansables de su dedos.  Los homenajes a Ray Charles, Miles Davis- con el que trabajó en la inconmensurable “Dingo”- e incluso a Dave Grusin, uno de sus discípulos más aventajados, se sucedían.

Legrand, pese a su “cool jazz” a  lo Hollywood,  ha enriquecido su carrera como intérprete, y es más francés que el champagne. La”fuga en menor” de “El Mensajero” era una reconstrucción jazzística de sus esencias basadas en Lully o Rameau.

Camtó tres temas.  Me emocionó “¿Qué vas ha hacer el resto de tu vida”, pero la gente opinaba que cantaba desafinado y casi rapeando. Era como un Tom Waits de la música clásica de cine. La voz a veces no le llegaba, pero eso, para mí, le daba un valor adicional a su trabajo, porque sus carencias vocales las suplía con un dominio virtuoso del piano.

Esa voz de anciano, cantando en inglés temas del repertorio habitual de Sinatra o Streissand, como él mismo comentó, era un sello histórico. Una seña de identidad y de reafirmación de una personalidad artística. Quizás también una elegía al final de una época. En mi facebook adjunto una excelente crítica aparecida en el Correo de Andalucía.

Antes de salir a una noche de niebla en los jardines de Murillo, previo picoteo en el remozado bar España , pensé que sólo por haber oído la multiversión de “Los paraguas de Cherburgo”, tocada a ritmo  de tango, bossa nova y tradicional valía la pena la asistencia.

También descubrí que para mí Sevilla, además de de muchas más cosas, sigue significando la música de cine, aunque sin cine. Y, para no dar lugar a equívocos, añadiré que la la única música que no me gusta son las canciones y bailes por sevillanas. Ni tampoco la Semana Santa.

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Soy director en Historia del Arte, especializado en Música de Cine, crítico de cine, y director del Festival Ibérico de Cine de Badajoz. Retomo este blog con la intención de ofrecer de forma amena mi experiencia como historiador y crítico de cine y televisión, tanto en lo que respecta a la actualidad audiovisual reciente y futura, como al montón de vivencias relacionadas con el tema que en la segunda mitad del siglo pasado vivimos los de mi generación. No olvidaré aspectos periféricos e inseparables del cine comercial y las series de televisión como los video juegos o los cómics. En resumen, todo ese universo iconográfico que llena nuestros ocios e inquietudes, convirtiéndonos en “fans”, “freaks” o, sencillamente, en espectadores.