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Alunados: cuando la noche se vuelve malvada
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Israel J. Espino | 09-06-2012 | 08:33

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

La mentalidad popular otorga a la Luna influencias mágicas importantes, tanto maléficas como benefactoras, y en Extremadura no íbamos a ser menos.

La creencia popular de los influjos de la Luna sobre las personas es muy antigua. En el Neolítico hay referencias arqueológicas de cultos a la Luna. Los pueblos prerromanos también la adoraban, considerada como la morada donde descansan los muertos y sus almas. Los romanos incorporan estos cultos lunares indígenas en “Lux Divina”, la diosa romana de la luz nocturna.

Tradicionalmente, se le ha atribuido a la Luna una influencia directa sobre las mareas, el ciclo menstrual, la elaboración de calendarios, la maduración de los frutos, la conveniencia de realizar o no determinadas faenas agrícolas o los alumbramientos.

Pero en Extremadura vamos más allá, y otorgamos a la luna poder para “cogernos”, para hechizarnos con sus blancos rayos. En casi todos nuestros pueblos se cree que la claridad de la luna, filtrada por puertas o ventanas mal cerradas, provocan el “mal de luna”, una enfermedad en la que los lactantes se ponen blancos y vomitan constantemente ante el pavor de sus progenitores.

 En Guadiana del Caudillo el Grupo de investigación en Humanidades Médicas de la Universidad de Extremadura cita la llamada “oración de la luna” para niños alunados, “desinquietos” que debe rezarse realizando cruces:

 

“La maldita luna por aquí pasó, el color del niño (su nombre) se lo llevó.

La bendita luna por aquí pasó. El color del niño (su nombre) lo dejara.”

 

Otra variante mete a los “moros” por medio y se debe enseñar en Pascua de Resurreción:

 

“Bendita luna por aquí pasó, el color de (nombre y apellidos de la persona) se llevó.

La bendita luna por aquí pasará,  (nombre y apellidos de la persona) lo dejará

y el suyo se llevará a tierra de moros donde no vuelva jamás.

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

 

Esta oración debería rezarse ante una taza de agua con unas gotas de aceite y una vela encendida.

Domínguez Moreno afirma que en algunos pueblos se cree que las escoceduras de los niños se debe al alunamiento. El remedio consiste en verter en la zona el polvo extraído de la madera atacada por la polilla, algo muy habitual en Sierra de Fuentes y Villanueva de la Serena. En Tamurejo y Nogales le aplican un huevo batido con agua y aceite de oliva. Y con agua cogida de la pila de una iglesia en la que nunca se haya entrado se lavan a los pequeños escocidos en Cáceres.

Pero la luna no solo “coge” a los infantes, aunque sean sus preferidos. En los adultos el alunamiento se manifiesta con malestar generalizado y repentino, cambios de carácter, irritabilidad y  falta de sueño. Son una serie de síntomas que no tienen fácil explicación y suelen coincidir con los definidos en el “mal de ojo”.

Para saber si alguien que tiene estos síntomas está alunado hay que hacer la prueba del aceite. En la zona de Valencia de Alcántara, en San Vicente de Alcántaray en otras zonas extremeñas se cree que hay que realizar un determinado rito para librarlos del “mal de luna”, un rito secreto que practican las “magas” y que se realiza en la casa del enfermo. Se pide un plato de loza de color blanco y un candil antiguo con aceite. En el plato echa un poquito de agua, que cubre ligeramente el fondo. Se ponen los dedos pulgar e índice de la mano derecha en forma de cruz. Con el dedo meñique de la misma mano, mojado en el aceite del candil, hay que dejar caer sobre el agua del plato tres, cinco o siete gotas de aceite. El número de gotas que caigan sobre el plato debe ser necesariamente impar. Entonces se hacen, sobre el plato, con la mano derecha, cinco bendiciones, mientras se recita:

La Luna por aquí pasó... (Fotografía: Jimber)

 “Yo te bendigo de la luna y el quebranto del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

La luna por aquí pasó, los colores de (nombre del enfermo) se llevó.

La Luna por aquí pasará. Los colores de (Nombre) dejará y los de ella se llevará.

 La Luna por aquí volverá a pasar. Los colores de (Nombre) se llevará”.

Después no hay más que rezar el Credo y la Salve. Si el aceite desaparece o se aleja hacia los bordes del plato es porque la Luna “ha cogido” a la persona enferma.  Si no desaparece el aceite y queda concentrado en medio del plato, el enfermo no está cogido por la Luna. 

En La Codosera el conjuro es  parecido:

“La Luna bendita por aquí pasó. El rostro de (afectado) se llevó y el suyo dejó.

La Luna bendita volverá a pasar. El rostro de (afectado) dejará y el suyo se llevará.

Yo te bendigo de luna y quebranto

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

En otros pueblos se dice que los niños “se caen de la luna” refiriéndose al mismo efecto, pero provocado por el hecho de que la luna haya tocado con sus rayos  en las ropas puestas a secar. Por eso no hay que tender la ropa de noche.

En Las Hurdes, según cuenta Iker Jiménez, tienen muy presente que la luna no toque la ropa. Así, en  Martilandrán, cuando la ropa de un niño ha quedado alunada hay que coger algunas plantas del río y meterlas con la ropa en una tinaja que se pondrá a hervir. Después se aclara de nuevo en el río. Las hierbas con las que se han cocido hay que llevarlas a  otro punto más lejano del arroyo y tirarlas de nuevo a las aguas.

En Asegur, cuando las ropas quedan alunadas, hay que encargar a un carpintero unas lunas de madera, crecientes y menguantes, y atarlas al cuello del muchacho durante la noche, a modo de amuleto.

En Vegas de Coria, para que los niños no se alunen, hay que colocar al afectado un collar con tres monedas de cobre agujereadas y que reciben el nombre de “lunas”.

Otra solución la tienen en  Aceituna, que conserva la costumbre de la “cruz de la rua”, sacada del árbol de la rua, que colocaban en el pecho de los niños lactantes para que no fueran cogidos por la luna, o para protegerles de las influencias maléficas de este astro.

Según afirmaba Publio Hurtado en la Castuera de principios del siglo XX los herreros y plateros mantenían un lucrativo pero corto negocio fabricando medias lunas de hueso, hiero y plata el día  de la Ascensión, entre las 11 y las 12 de la mañana. Este amuleto se colgaba al cuello de las madres que criaban a sus hijos y de las nodrizas, para que no se les alunasen los pechos.

 

En las chimeneas se dibujan símbolos astrales para que no penetre la luz de la luna (Fotografía: Jimber)

También en los exteriores de las casas (principalmente sobre las chimeneas que coronan los tejados), se colocan símbolos astrales con el fin de preservar a sus moradores y a la hacienda de sus influjos maléficos. Según la mentalidad popular, la Luna actúa de noche, cuando las personas duermen y se cree que a ella le gusta verse retratada cuando su luz se desliza sigilosa y antojadiza sobre los tejados. A esas horas de la noche, cerradas las puertas y ventanas de las viviendas, mientras sus dueños duermen, los agujeros de las chimeneas son las únicas aberturas que permiten la entrada del influjo de la Luna.

  Así mismo, en el interior de las chimeneas se acostumbraba a dibujar una cruz trazada sobre las cenizas del hogar o con la que forman los brazos de la tenaza dejada abierta sobre la morilla o tiznera, precaución tomada normalmente por el ama de casa antes de irse a dormir.

En Mérida,  según el profesor Antonio Vas, también se adjetivan de “alunados”  a los embutidos que se estropean, por acción de la luna; y a los muertos de la morgue, cuya sangre, como el agua de los mares, se altera con el magnetismo del satélite, y rezuma por los cuerpos difuntos.

Y en Badajoz contaban incluso con una “Fuente de los Alunados”, cerca de la que habitaba la temible Tarasca

Y es que la luna, al final, siempre vuelve a reflejarse en el agua, y a asomarse a nuestras pupilas desde el pozo más hondo de nuestras creencias  ancestrales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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