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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

El castillo de Marmionda: Leyendas de pasión, sangre… y gallinas

Ilustración: Borja González Hoyos

En lo alto del pueblo de Portezuelo, en la provincia de Cáceres, se alzan los restos de una fortaleza árabe cuyos muros guardan una trágica historia de amor. La leyenda se sitúa tras la muerte de Almanzor, cuando finaliza la grandeza del califato de Córdoba y comienzan los reinos de Taifas y las escaramuzas continúas.

Los vecinos de Portezuelo cuentan que la fortaleza tenía un alcaide famoso en toda la zona, más que por sus éxitos guerreros, por su bella, hija, la hermosa Marmionda, enamorada de un capitán cristiano que guerreaba contra las tropas de su padre.

Correspondida en su amor por el capitán cristiano, los enamorados elucubran la manera de pasar la vida juntos, hasta que un mal día,  durante una batalla, Marmionda cree ver, desde sus habitaciones, como su amado cae muerto a los pies del cerro, y no pudiendo soportar el dolor,  se arroja por los ventanales de su aposento, con tal fuerza que su cuerpo, rodando, va a caer junto a la roca donde yace su amado.

Pero el caballero no está muerto, solo inconsciente, así que cuando recobra el sentido se encuentra  a sus pies el cadáver de la bella  Marmionda. Al darse cuenta de la crueldad del destino, el capitán se atraviesa con su propia espada y muere junto a su amada, mezclándose la sangre de ambos en un arroyo carmesí.

Sin embargo, no solo de tragedias y amores se alimentan las piedras del castillo de Portezuelo. También sus paredes esconden tesoros legendarios, como aseguran los viejos adagios que aún hoy recitan los más ancianos lugareños:

“Castillo de Marmionda,

si una gallina escarbara,

cuanto oro y platería

en tus muros encontrara…!”

El castillo de Marmionda, en Portezuelo (Ángel Briz)

Sembrada de tesoros está la zona. En Portezuelo, además del legendario Castillo árabe de Marmionda, gozan de la posesión en su término de la finca de Macailla o Macaela, donde hay enterradas grandes ollas repletas de monedas y alhajas, al parecer escondidas ante la invasión árabe. Una gallina marca el lugar exacto del tesoro, y la coplilla así lo confirma:

 

Macaela, Macaela,

¡cuánto oro y plata en ti queda!

Si una gallina escarbara,

¡cuánto oro y plata en ti hallara!

Los gallos y las gallinas descubren tesoros (Jimber)

Es cierto que hoy los lugareños no tienen fe en dar con las susodichas riquezas por la sencilla razón de que ya hace muchos años pasaron a un boticario de Torrejoncillo, que hasta ese lugar de la Macailla acudió una noche de luna llena con todo un gallinero. Las gallinas se encargaron de poner al descubierto todo el oro y la plata, como reza el dicho que con cierto aire de resignación o desencanto también se escucha en Portezuelo como broche a los versos anteriores:

Y una gallina escarbó,

¡y el tesoro que encontró!

Y a pesar de todo, se afirma que alrededor del castillo  aún queda oro para rato… Será cuestión de buscar.

 

 

 

Una puerta abierta a nuestros mitos

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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