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Categoría: Bestiario
Las insaciables cabras tragonas, devoradoras de carne humana

Algún día hablaremos de los  bandoleros que atacaban sin piedad determinadas serranías extremeñas, y ya hemos habaldo de la Serrana de Monfragüe y de cómo en Torrejón el Rubio, se muestra el abandonado lugar de La Corchuela , un caserío que parece despoblarse a consecuencia de los numerosos asaltos que sufre, ya que no en vano tiene “a sus inmediaciones un puerto, que lleva su mismo nombre, muy trabajoso para la arriería por su mal estado, y muy temible por ser frecuentado de ladrones”.

Pero según afirma el historiador y folclorista Jose María Dominguez Moreno, para los habitantes de la zona  no son los continuos atracos los que consiguen la huida de sus habitantes, sino las frecuentes desapariciones de niñas, que casi siempre son halladas muertas y desorejadas.  Estos terribles crímenes se achacan a un ser terrorífico con forma de descomunal macho cabrío que echa llamas por los ojos y que por las noches asoma a los riscales para cantar con tenebrosa voz:

Yo soy la cabra cabracha

yo soy la cabra cabreja,

que voy buscando muchachas

pa comerle las orejas .

La cabra cabracha y la cabra cabreja se comen a las niñas por las orejas (foto Jimber)

Esta temible cabra tiene sin duda alguna la forma de otros seres de los que ya hemos hablado: El Macho lanú, y las cabras demoníacas, aunque sus palabras lo aproximen a otro ser extremeño menos legendario y más folclórico: La cabra Montesina.

Esta cabra Montesina pertenece ya de lleno al mundo de los cuentos, y según afirman algunos autores como Manuel Martín Sanchez, en Extremadura es una especie de ogresa  cuyo canto es :

Yo soy la cabra Montesina

Del monte Montepiná

Er que pase de esa raya

Me lo trago de un tragá

¡Bieeeeaaa!

Según otras versiones, la voraz cabra   vive oculta en “el doblao” y desde allí va devorando a todo el que osa acercarse, aunque le queda la decencia de avisar antes:

Soy la cabra Montesina

que vivo en Montepelao

y al que pase de mi raya

 me lo como de un bocao.

Buen estómago tenían que tener las cabras des estas tierras, porque se zampan a toda la familia, a un pastor y hasta a una pareja de la Guardia Civil antes de que pueda vencerla una hormiga a base de cosquillas.

La cornicabra antropófaga (Jimber)

A otra del mismo rebaño antropófago debía pertenecer la Cornicabra, cuya historia recoge el folclorista  Juan Rodríguez Pastor. Se trata de otra cabra que se cuela en una casa y que, como sus hermanas, avisa antes en verso de sus malvadas intenciones:

Soy la cabra cornicabra,

corremonte, correvalle,

papaniños, papafrailes;

si tú vienes pacá,

también te voy a papá.

A esta no se la carga una hormiga, sino que la señora de la casa y su hija, por recomendación de una vecina, llaman a un tal Penenino (bonito nombre) que gasta una porra descomunal (sin comentarios) con la que se carga a la cabra asesina golpeándola en la cabeza. Y por si los símiles fálicos no estuvieran bastante claros, destacan que con la cabra hicieron chorizos.

Normal que con este final todos vivieran felices.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El hombre lobo extremeño: Cómo convertirse en lobisome

 

 

Ilustración: Charles Lebrun (Siglo XVII)

Al hombre lobo extremeño se le conoce, según nos contaba hace más de un siglo el gran  Publio Hurtado, con el nombre de lobushome o lobisome, igual que en las tierras galaico-portuguesas. No es extraño, puesto  que el lobisome  (o al menos, su leyenda), se introdujo en Extremadura desde Galicia pasando por Portugal. Y lo sabemos porque donde más abunda este ser peludo y maldito es en las localidades fronterizas de La Raya, ese territorio mágico entre dos reinos, aunque en con el tiempo y la ayuda de las noches de plenilunio se fue adentrando hasta el mismo centro de la región.

Así lo atestiguan retazos de nuestra tradición oral como Mae Bruxa (Madre Bruja), una bella canción  recogida por el Grupo Folclórico “El Depertar”, de Cedillo, una canción que pertenece al repertorio de canciones y danzas de esta localidad y que ha sido popularizada por Acetre,. En su estribillo se relaciona al hombre lobo como compañero de las brujas:

“Tua mãe é bruxa, tenho medo dela.

Tenho medo dela, também do seu homem.

Tua mãe é bruxa, teu pai lobisomem.”

(“Tu madre es bruja, tengo miedo de ella.

 Tengo miedo de ella, también de su hombre,

tu madre es bruja, tu padre hombre lobo.” )

El mejor estudio sobre el hombre lobo en Extremadura corresponde sin duda alguna al historiador y folclorista José María Domínguez Moreno, quien nos describe a este ser temible con un aspecto normal que en nada hace sospechar su otra apariencia, y que toma forma lobuna y feroz algún que otro viernes, la noche de San Juan o las de plenilunio, sin que falten condicionantes que obligan su metamorfosis en otras fechas distintas e incluso continuamente. Ya solo, ya acompañado de un ejército de lobos, ataca y mata tanto a personas como a animales. Con las primeras luces del alba puede recuperar su forma humana, en cuyo caso ya no la perderá hasta que vuelvan a darse las circunstancias para una nueva transformación.

Pero ¿Cómo se convierte uno en hombre lobo? Dejando a un lado los clichés peliculeros de mordiscos a medianoche, lo cierto es que hay tantas papeletas para convertirse en hombre lobo que raro es que la mitad de los extremeños no andemos aullándole a la luna y persiguiendo entre las encinas a los viajeros nocturnos.

En  Aldeanueva del Camino, en el bello Valle de Ambroz, se cree que la embarazada que se encuentre con un lobo  parirá un licántropo, a no ser que pegue sobre el vientre una estampa de San Antonio de Padua hasta que se produzca el nacimiento de su hijo.

Y es que San Antonio, como ya hemos dejado escrito en otras ocasiones, es mano de santo para esto de las alimañas, y de hecho en Extremadura es de los pocos instrumentos de los que nos podemos valer para evitar la conversión en lobisomes. Porque otra manera (quizás la más conocida)  de convertirte en hombre lobo es nacer el séptimo varón de una familia sin ninguna hembra en medio. Solo existe una manera de evitar la maldición: el varón debe ser bautizado por su hermano mayor con el nombre de Antonio.

Esto lo saben bien en Las Hurdes, donde el folklorista Félix Barroso me contaba como Tío Vito de Dios, de la alquería de La Horcajada le informaba mucho y bien sobre los hombres lobos, y le recitaba, de regalo, este romance lobuno:

 Se casó no bien casada en otro pueblo Leonor.

Siete hijos trajo al mundo, los siete que le dio Dios.

No hubo hembra por el medio, cada uno fue varón,

y al “sétimu” que era el último le cayó una maldición:

en un lobo de por vida el “probi” se convirtió.

De mañana en la lobera y de noche de rondón…”

"En un lobo de por vida el probi se convirtió"... (Jimber)

Triste destino para los séptimos hijos, como saben en los pueblos de Ahigal y Zarza de Granadilla, en  Tierras de Granadilla y de Alía, ya en Las Villuercas, donde relatan como un joven  cazador consigue  acabar con un lobo que en las noches de luna llena masacraba a los rebaños, y le corta una pata como trofeo. Al volver al pueblo y enseñarla descubre que la zarpa se ha convertido en una mano humana y, al volver al lugar donde se encontraba el lobo muerto, descubre que se trata del cadáver desnudo de  su hermano pequeño, que había desaparecido y que está maldito por nacer el séptimo entre los varones de su familia y que no pudo ser bautizado por su hermano mayor porque este se encontraba ausente.

Un cazador consigue abatir a un terrible lobo que resultó ser su hermano ... (Jimber)

Y es que la maldición solo puede ser eliminada cuando al lobisome, en su estado lobuno se le da caza y se le practica una sangría, que, según contaba Publio Hurtado, ha de acompañarse con alguna jaculatoria.

Y hablando de maldiciones, llegamos a otra forma de convertirse en lobisome en Extremadura: la maldición de un padre o de una madre.  Un ejemplo lo tenemos en el pueblo de Calamonte, en el que un mozo le roba a su padre el mejor cordero del rebaño y se lo come en compañía de los amigos.

Enterado el padre, no tarda en maldecir a su hijo:

-       «¡¡Lobo fueras pa que al menos mataras y comieras por hambre!».

           Y, efectivamente, lobo se hizo y por hambre arremetió contra las ovejas de su progenitor sin que los perros hicieran el mínimo esfuerzo por defender el hato. El padre acaba reconociendo su error y perdona al muchacho, que al instante se ve libre de su forma animal.

Otra forma de convertirse en hombre lobo es la de ser hijo de un lobo. Así de entrada parece difícil, y debería serlo, amén de peligroso para la madre, por lo que recoge Domínguez Moreno en Guareña, donde cuentan que una joven que mantenía relaciones con un lobo no tarda en quedar embarazada del animal. En el momento del parto la joven se encuentra sola en el campo y grita de dolor. Acuden los lobos en manada y matan a la muchacha para sacarle la cría, que se llevan en las fauces. El recién nacido era un hombre-lobo.

De tener ascendentes lobisomes no se libra ni caperucita... (Jimber)

Pero no son estas las únicas maneras de convertirse en hombre lobo en Extremadura. Podemos convertirnos en lobisome (revolcándonos en el lugar donde antes lo haya hecho un lobo (magia de contacto),  bebiendo la sangre del lobo recién matado (magia simpática) o teniendo el descaro de nacer en la noche del 24 de diciembre, haciéndole sombra al nacimiento del Niño Jesús.

Lon Chaney en "The Wolfman" (1941)

Así que ya saben… Si quieren convertirse en lobisomes, métodos no le faltan. Y si han tenido la desgracia de nacer malditos… encomiéndense a San Antonio y cuidado con la luna. Porque como bien sabemos todos los que adoramos a Lon Chaney :

“Incluso un hombre puro de corazón

que reza sus oraciones todas la noches

puede convertirse en lobo cuando florece el acónito

y brilla la luna en otoño”.

¿Quieres conocernos a la luz de la luna? Visitanos en Extremadura Secreta.

 

 

 

 

 

 

 

 

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El temible llanto de la bastarda

Ilustración: Borja González Hoyos

Era una cálida noche de verano. La luna llena iluminaba los campos de la comarca de Alcántara como si una extraño velo cubriese los contornos de los montes, los árboles y las rocas. Avanzábamos siguiendo la ruta de los bandoleros, bordeando una laguna en la que chapoteaban peces nocturnos y anfibios insomnes. A lo lejos, Brozas dormía.

Avanzábamos por un sendero de tierra que serpenteaba como una cinta amarillenta entre la hierba crecida y agostada cuando algo reptante hizo que la maleza temblase.  Intranquila, le pregunté al guía si había serpientes grandes por la zona.

-       Bastardas- contestó.

Bastardas. Un nombre que a mucha gente en Extremadura aún  le pone los pelos de punta. Un nombre en el que se funde lo real y lo legendario, el respeto y el miedo. A la culebra bastarda o Malpolon monspessulanus también le llaman “La Bicha”, y es fácil encontrarla en los campos extremeños. Tiene aspecto fiero y desafiante, una mirada  penetrante con la que se cree que hipnotiza a sus víctimas, un tamaño considerable del que se afirma que aumenta aún más al interceptar a sus víctimas elevándose sobre su cola cuando va a atacar, y la mala costumbre de mamar leche de vacas, cabras y mujeres, como ya hemos contado en otros artículos.

Cuentan en Las Hurdes como el «culebrón» (como también se le conoce) es capaz de emitir ciertos sonidos chirriantes para llamar la atención de sus presas. Algunos cazadores de la zona  afirman incluso que es “como un niño cuando llora”. «El llanto de la bastarda» es como llaman a la lúgubre sintonía que efectúa “La Bicha” momentos antes de plantarse frente a su enemigo.

La penetrante mirada de la bastarda (Jimber)

Escamosa y de tonalidad marrón verdosa, cuentan que utilizar su robusta cola como fatal látigo con el que llega a golpear a algunas de sus víctimas hasta matarlas. El periodista Iker Jimenez recogió algunos casos en Las Hurdes de niños atacados por la bastarda de este terrible modo, como en El Cabezo, donde  se narra la historia de un bebé al que el reptil dio muerte tras un momento de descuido de la madre.

La leyenda afirma incluso que la bastarda tiene cerdas en el lomo y pelos en la cabeza, lo que, junto a  la portentosa fuerza de su cola, la pueden emparentar  con la Caragontía de Montánchez  y hasta con el cuélebre asturiano.

Y como siempre, hay quien saca partido hasta de lo más legendario. El historiador José María Domínguez Moreno me contaba hace poco cómo una mujer de Ahigal, a la que los muchachos le robaban las habas, pregonó a los cuatro vientos que había visto en su huerto una serpiente de ni se sabe cuántos metros, provista de una exagerada melena. El bulo fue reiterado por los hortelanos vecinos. Desde aquel momento los habares del entorno quedaron libres de las rapiñas infantiles.

 

Para protegerse de la bastarda afirma el pueblo que no hay más remedio que rezar el «responso del viborón», y para la mordedura , la «limpia del alacrán», un remedio utilizado desde hace siglos en Casares y Ladrillar, y que se efectúa rozando un escorpión sobre la zona mordida por la bicha, mientras se reza la consabida plegaria.

La bastarda, entre la realidad y la leyenda (Jimber)

Y es que, además del tamaño, a “la bicha” se la teme por su veneno, aumentado por la leyenda y por la tradición oral. El investigador hurdanófilo Félix Barroso recoge la historia de un pueblo, ya abandonado llamado La Rocasqueru donde, en una poza del rio, vivía una anguila que mantenía relaciones con un bastardo. Cuando la anguila alcanzo un peso considerable, los vecinos decidieron comérsela, y como no sería de grande que hubo anguila para todos. Todos comieron menos el sabio del pueblo,  el Tío Godencio, un zajoril que nació con una cruz debajo de la lengua y que hablo en el vientre de su madre antes de nacer.

El Tío Godencio intentó detener a sus vecinos, convenciéndolos de que la anguila, al tener relaciones con el bastardo, se había contaminado de su veneno, pero nadie le hizo caso y siguieron comiendo. Todos murieron envenenados, y el Tío Godencio se convirtió en el único dueño del pueblo.  Un pueblo fantasma, eso sí, que decidió donar a quien mejor lo trató luego. Pero eso es otra historia que ya contaremos en otra ocasión…

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Centauros en Extremadura: galopando en las montañas

 

Todo el mundo conoce a los centauros, pero pocos saben que sus cascos retumbaron en los valles y sierras del norte de Extremadura, donde aún se les recuerda. Es más: somos de los pocos territorios en los que las imponentes centaúrides camparon a sus anchas, y aún se les canta y se les recita y hasta se les levantan estatuas y se les consagran días. ¿No lo creen? Pues pasen y lean…

El centauro, como bien saben, es una criatura con la cabeza, los brazos y el torso de un humano y el cuerpo y las patas de un caballo. Lo heredamos de la mitología grecoromana, y sus versiones femeninas (que son las que más abundan en Extremadura) reciben el nombre de centáurides. El retórico griego Filóstrato el Viejo nos habla de estos seres zoomorfos femeninos en términos leogiosos:

“Qué hermosas son las centáurides, aunque tengan cuerpo de yegua; porque algunas crecen de yeguas blancas, otras de yeguas castañas, y el pelaje de otras es manchado, pero todas brillan como las yeguas bien cuidadas”.

Varios autores romanos recogen la leyenda de que en un monte sagrado de  Lusitania, el viento fecundaba a las yeguas. Ese monte, en opinión de Silio Itálico, se localiza en tierra de Vettones, patria de uno de nuestros mitos señeros: la Serrana de la Vera.

Muchos ignoran que la leyenda de la Serrana, en el principio de sus tiempos, no contaba la historia  de  una bella joven seducida y engañada (esta imagen se construye después), sino que habla de un ser monstruoso de doble naturaleza, humana y animal, que habita en una cueva en la montaña.

De hecho, ya en el siglo XVIII el párroco de Piornal, don Pedro Vicente de Thegeda, recoge esa leyenda en la correspondencia al geógrafo Tomas López el 1 de septiembre de 1786:

Ay una cueva, según tradición, que una bestia medio mujer de el medio cuerpo arriba y del medio cuerpo abajo, de bestia igual, habitaba en el verano, de tanta fortaleza que tiraba a la Barra con una piedra que pesa más de 100 arrobas  y ella misma se precipitó por no ser cogida; está la cueva a poniente, distante del pueblo 3 quartos de legua y para el yvierno tenía otra cueva para habitar, llamado el puerto de la Serrana”.

De hecho,  es un ser mítico en cuanto a que es mitad persona y mitad animal :

 “De la cintura parriba de persona humana era

De la cintura pabajo era estatura de yegua”

"Que mi padre era pastor y mi madre era una yegua" (Jimber)

Pero si hacemos caso a los romances más antiguos, la Serrana es un ser de tamaño y constitución sobrehumanos, con cabeza y busto de mujer pero patas de yegua.

Esto de tener pezuñas bajo las largas faldas no puede dejar de recordarnos a las lamias castúas y a las “patas de cabra que hasta hace bien poco atemorizaban (oh, sorpresa) a los cabreros y habitantes de esta misma comarca.

También es curioso, cuando menos, que ya en el Libro de las maravillas del Mundo des Juan de Mandeville (o Mandavila) de 1540 se  nos hable de unas peculiares mujeres, vestidas con largas faldas, que ocultan sus patas de asno, que atraen a los varones a la Isla de los Espejismos donde, después de emborracharlos y yacer con ellos, los degüellan mientras duermen y se los comen, lo que explica que en el suelo de la isla este plagado de calaveras y huesos.

Exactamente lo mismo que hacen las serranas extremeñas con los jóvenes que consiguen atrapar en su cueva.

- Bebe serranito bebe,   agua de esa calavera,

 que puede ser que algún día   otro de la tuya beba.

De hecho, no solamente actúa así la Serrana , sino que si pasamos “achancando” a la comarca vecina de Las Hurdes nos encontramos a la temida  Chancalaera, una mujerona engendrada por un pastor gigante que tenía a su servicio el rey “Batueco”. El pastor tuvo relaciones amorosas con una cierva (otros dicen que con una yegua), y de ahí nació La Chancalaera, un origen que comparte con la Serrana , quien en sus romances más antiguos confiesa que su padre era un pastor y su madre era una yegua.

El investigador hurdanófilo Félix Barroso recoge un romance de la comarca en el que se da buena cuenta de estos datos:

-¿De quién son tos esos huesos

que brillan junto a la hoguera?

-De hombres que yo he matado

por estas espesas sierras.

que tengo una maldición

y cien años de condena,

que mi padre era un pastor

y mi madre era una yegua,

y todo el que ve el mi rostro

tiene que morir por fuerza.

Si seguimos achacando unas montañas más llegamos al  Valle del Jerte , donde la Serrana se convierte en yegua por completo y cuando quiere, debido a una maldición que recoge el antropólogo Flores del Manzano de boca de L.G. , de la localidad de Cabrero, en el Valle del Jerte, quien afirmaba que su abuelo le contaba

 “…que La Serrana era una mujer de por aquí. Tenía un novio que no agradaba a sus padres, pero ella no hacía mucho caso. Una noche los sorprendieron y el padre la echó de casa y al salir la maldijo, por eso la serrana un día se convertía en juna culebra grande, otras veces se hacia una yegua, y cuando le convenía, se convertía en una doncella”.

Centauro en el British Museum (Ángel Briz)

Pero no solo de centaúrides vive el norte de Extremadura. Cuentan los extremeños del norte que habitaba por la zona de un ser gigante mitad caballo, mitad hombre, que  se entretenían en raptar doncellas  para gozarlas en su gruta, una cueva en la que nadie osaba penetrar en ella por el miedo que imponía el monstruo.

Cuentan que en una ocasión  desapareció inexplicablemente una joven hermosísima y muy querida por todos, y pensaron que el centauro la había cogido. Entonces se organizo una expedición de jóvenes valientes y arriesgados que se introdujo en la cueva.  Allí encontraron el esqueleto del monstruo, sobre un lecho de escobones, helechos y ramajos, pero no hallaron el menor indicio de la bella moza desaparecida.

Y así. con el tiempo, nos quedamos en estas tierras  huerfános de centauros, serranas y chancalaeras, aunque algunos afirmen que en las noches de luna, si se presta atención y el agua corre quieta, puede escucharse  el galopar lejano de los seres que habitaron, hace ya mucho tiempo, en las cuevas agrestes de nuestras sierras vígenes.

 

 

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Cinco castillos encantados para visitar en la noche de San Juan

 

Pocas noches tan encantadas como la noche de San Juan, y pocos lugares tan encantadores como los misteriosos castillos que jalonan las tierras extremeñas sirviendo de morada eterna a damas hechizadas, moras, hebreas o cristianas, que esperan eternamente a que algún aguerrido extremeño (o alguna valiente extremeña) ose desencantarlas.

Por si ustedes no tienen planes para esta noche, ahí van unos cuantos castillos extremeños con moradora encantada. Lo demás, corre de su cuenta.

Grifo del palacio de Galarza o casa de los Trucos, en Cáceres (Israel J. Espino)

Jariza y los anillos mágicos del castillo de Jaraiz

La infanta Jariza, según nos cuenta el insigne Publio Hurtado, continúa viviendo entre las ruinas del castillo de Jaraiz de la Vera gracias a un anillo mágico que lleva en su dedo corazón. Como digna antecesora de las brujas cacereñas pasa la noche de San Juan cabalgando por los aires sobre un grifo cuya parte superior es la de un águila gigante, con orejas puntiagudas, plumas doradas, afilado pico y poderosas garras. La parte inferior de un temible y gigantesco león, con pelaje amarillo y musculosas patas y rabo con plumas.

Y aunque el grifo es custudio de tesoros, la infanta Jarifa lo utiliza para volar en su lomo, de picacho en picacho, buscando nidos de águila entre las altas rocas de la Vera, esperando encontrar el huevo que lleva en su interior otro anillo con el que, por fin, pondrá fin a su hechizo.

Mientras la bella agarena recorre los picos puede usted aprovechar para buscar bajo el castillo un talismán con poderes mágicos, hecho de oro y piedras preciosas y con un peso superior a los 400 gramos que los árabes ocultaron. Afirma el investigador Alonso Corrales Gaitán que infinidad de personas, venidas algunas desde muy lejos, perdieron muchas horas en buscarlo, aunque puede ser que alguno perdiera algo más que el tiempo, ya que la bella Jariza es la custodia de este talismán, y  trata por todos los medios de engañar a los ambiciosos buscadores de tesoros.

Lo cierto es que hacia el año 725 el caudillo árabe Abadaliz construyó el castillo de Jariza, que daría su nombre a la población, alrededor del cual se instalaron árabes, cristianos y judíos, y del que subsisten restos en las casas del soportal alto de la plaza, donde actualmente se encuentra el ayuntamiento.

castillo de Peñafiel o Racha Rachel, cerca de Zarza la Mayor (Hoy)

La juguetona mora del castillo de Racha Rachel

Otra bella mora encantada que se entretiene con el personal habita en las ruinas del legendario  castillo de Peñafiel, (también llamado de Racha Rachel, o Roca de Raquel)  no lejos de Zarza la Mayor. La bella Rachel posee un talismán con forma de una esferita de oro, gracias al cual se transforma en rana o en gentil paje, que enloquece, bajo esta última  forma, con su labia y sus melindres, a las muchachas del contorno. Aunque a esta me da la impresión de que no tiene mucho interés en que la desencanten…

El castillo de Segura de León (Jimber)

La Dama del castillo de Segura de León, la contadora de estrellas

Segura de León, bella población con tesoro y con castillo, cuenta también con su hechizada particular, la antigua señora de la fortaleza, que está condenada, para salir de su encantamiento, a contar todas las estrellas que tachonan el cielo de Segura en la noche de San Juan. Su desencanto estriba en que llegue a contar en una noche las estrellas que tachonan la bóveda celeste, tarea que siempre llega a interrumpir la aurora que, al desplegar sus inmensas cortinas de luz, ocultan a los ávidos ojos de la contadora un resto de “lamparitas del cielo”, obligándola a repetir el recuento a la siguiente noche…

La Melusina del castillo de Montánchez

El castillo de Montánchez (A. Briz)

También esta noche mágica de San Juan se enciende misteriosamente una luz entre las almenas del castillo de Montánchez, y su resplandor puede verse desde el pueblo, y aparece una doncella al abrirse una de las almenas del castillo con una vela encendida y un libro en ristre, en el que escribe conjuros maldiciendo o bendiciendo los campos de toda la comarca.

Hay voces, como la del historiador José María Domínguez Moreno, que afirma que se trata de una Melusina que logró que los cristianos tomaran el baluarte de Montánchez , ya que estando un sábado acampados junto a la fuente del Trampal “una enorme serpiente de largos cabellos atravesó por medio de las mesnadas cristianas sembrando el pánico entre los caballos ya dispuestos para el ataque. Antes de que pudieran imaginar la serpiente había desaparecido de su vista. Los caballeros siguieron su rastro entre espesos y altos matorrales y no tardaron en dar con su guarida. Era ésta un amplio túnel que comunicaba directamente con el castillo. Y fue por este pasadizo por el que penetraría un grupo de los más aguerridos cristianos para tomar la fortificación. Sorprendentemente no encontraron rastro ni nunca supieron de la fabulosa culebra peluda que los había guiado hacia la victoria. Cuenta la leyenda que se trataba de una núbil princesa agarena que, cual Melusina, cada día final de semana tomaba forma de serpiente, aunque conservando su cabeza humana, y por el recóndito pasadizo bajaba hasta la fuente del Trampal a peinarse los dorados cabellos. Al considerarla culpable de la derrota su padre, el caíd, maldijo a la virgen mora, que desde aquel fatídico día vive transformada en sierpe bajo las huras del castillo. Sólo la noche de San Juan recobra su forma de mujer y se la ve pasear sobre las almenas portando en la mano una vela encendida”.

El aljibe del palacio de las Veletas, en Cáceres (Ángel Briz)

La Mansaborá del Alcázar de Cáceres

Algo parecido le ocurrió a la “Mansaborá”,  la princesa mora hija del Caid de Cáceres, que se enamoró de un capitán cristiano al que daba acceso al Alcázar por una galería subterránea llamada “Mansa Alborada” que avanza, tortuosa,  soterrada y ya obstruida hasta la ronda de las huertas. Los encuentros galantes se suceden hasta que el capitán utiliza el pasadizo para acceder con todo su ejército y  ganar la ciudad.

El Caid maldice a su  hija y a sus ayas, transformándolas en una gallina y varias polluelas de plumaje de oro recamado de piedras preciosas, que solo pueden salir del túnel donde quedaron encerradas las noches de San Juan (otros afirman que en San Jorge), para andar por los tejados y aljibes de la casa de las Veletas (únicos restos de su castillo árabe) lanzando lastimeros píos a la luna…

 

 

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¡San Antonio, que viene el lobo!

El año pasado por esas fechas hablábamos de las apariciones antonianas  y de la mano que tiene San Antonio para cuidar niños perdidos, pero si hay algo por lo que es conocido este santo es por la protección a los animales en general y al ganado en particular.

De hecho, y según nos cuenta el investigador Félix Barroso, era costumbre frecuente en la comarca de Las Hurdes la de terminar por las noches el rosario familiar con esta frase:

-“Un padrenuestro a San Antonio Bendito, “pa” que nos guarde el alma, la casa y el ganadito”.

Cabras, ovejas, vacas, perros, cerdos e, incluso, gatos perdidos o robados regresan hasta donde les espera su dueño si el responso a San Antonio se reza con suficiente fervor.

Pero donde San Antonio gana por santa goleada es en la lucha contra el lobo, el sabio mudo que desaparece como por arte de magia  cuando el responso “sanantoniano” sale de los labios del devoto que se encomienda al santo. Y no es fácil, porque es creencia común que, al ver al lobo, se ponen los pelos de punta y la lengua gorda, impidiendo la articulación de cualquier palabra.

El responso a San Antonio…

 

Lo de llamar a San Antonio tiene su miga, porque al ser santo tan demandado tiene responso y responsorio. La diferencia nos la cuenta el historiador e investigador José María Domínguez Moreno: El  responso se pronuncia en cada caso concreto, como cuando se pierde una persona o un animal.

Según le contaba el Tío Venancio de El Cerezal, el responso debe decirlo “quien lo sepa”, preferiblemente antes de la noche, y dura tres días. Si a los tres días el animal no ha vuelto, hay que echarlo otra vez.

La mayor parte de los responsos responden a un mismo esquema, aunque presentan algunas variantes. Como afirma Domínguez Moreno,  “son todas ellas sencillas, ingenuas, donde se mezclan, a veces, expresiones y giros sin sentido, totalmente dislocados. Parece como si fuera una retahíla de antiguos ensalmos, retocados por la cristianización; una mezcolanza de antañones conjuros y de agua bendita de las iglesias”.

San Antonio protege al ganado (Jimber)

 Los responsos incluyen  invocaciones tan precisas como estas:

“Antonio, Antonio, Antonio,

Antonio divinisanto,

tres cosas sean lo mandado:

que lo perdido sea hallado,

que el lobo sea alejado,

y lo muerto, resucitado”.

 

o

“Antonio, Antonio, Antonio divino y santo.

Lo lejo, acercao.

Lo perdío, resucitao.

Si algún animal me falta,

bicho viviente no le haga daño.

Gloria al Padre, al Hijo

y al Espíritu Santo”.

 

O este otro

“Cuando algo se pierda,

tú lo cogerás.

Al ganado perdido,

la boca del lobo y de la raposa

no lo comerá,

ni la piedra de rayo le caerá.

Antonio divinisanto,

lo muerto resucitado.

Y en la vida y en la muerte

 estés siempre a mi lado”.

"...que lo perdido sea hallado, que el lobo sea alejado..." (Jimber)

… y el responsorio oficial

El responsorio, por su parte, es una oración que cuenta con el visto bueno de la iglesia y que suele encontrarse impresa en la mayoría de los devocionarios. Es costumbre el recitarla al final de cada oficio de la novena que en el mes de junio se dedica a San Antonio. Afirman en los pueblos que su rezo durante los nueve días seguidos supone un “seguro a todo riesgo” para los animales domésticos.  Incluso hay quienes escriben la oración en papeles y los guardan en corrales y apriscos para buscar los favores del santo.

Muy conocidos y bastante tétricos son los primeros versos de este responsorio:

Si buscas milagros, mira

muerte, horror, desterrados,

miseria, demonios, heridos,

leprosos, enfermos y sanos.

Con estos mimbres no es extraño que en ocasiones se haya manipulado el responsorio para hacer el mal, como cuentan que hacían las brujas de Salorino y de algunas alquerías hurdanas, que recitaban la oración de San Antonio “del revés” para atraer a los lobos hacia los rebaños que ellas deseaban.

Pero de estas “pastoras de lobos” hablaremos en otra ocasión. Seguramente en la próxima luna llena…

 

 

 

 

 

 

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Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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