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Badajoz

GENTE
Diego Algaba 21-03-2017 | 11:05 | 0

Es miércoles. Hacía tiempo que no salía un día de diario por Badajoz. Me he cruzado con algunos conocidos pero sobre todo con muchos desconocido, será que salgo poco y ya no conozco a la gente.

He visto a los que fuman andando sin importarles los que están detrás, los que tocan la bocina del coche sin importarles los que están delante, los que llevan tanta sobredosis de perfume que huelen mal, los que llevan la bolsa de la compra, los que llevan la compra en la mano, los que no tienen ni para comprar. He visto a hombres con zapatos de senderismo, a mujeres con tacones, no sé si esto es micromachismo. He visto a obesos que siempre van en chándal, a trajeados que tiran la basura por la mañana con mucha dignidad, a los que ríen, a los tristes, a uno que se parece a Trump con una mujer fea y desaliñada de la mano, al que pide en la Av Santa Marina debajo de un naranjo de naranjas amarga, a Manolo López que va a comprar el pan. He visto a un enfermero con el maletín en la mano buscando una dirección, a un municipal multando el coche del enfermero. He visto a ciegos que venden cupones mirando los números, a un borracho alegre que ríe, a los que miran al borracho con tristeza, a un torero sin toro caminando como si estuviera haciendo el paseillo, a uno del norte en pantalones cortos. Hay cola en las oficinas de lotería tan largas como las del paro, veo personas de hombros caídos y cabeza agachada. He visto a los que entran en los bares, a los que pasan por la puerta y se asoman sin entrar, a los que compran en los chinos, a los que no compran ni en los chinos, a los que venden esparragos, a los que siempre van hablando por el móvil y evitan tener que saludar. Adiós. adiós. Veo a uno casi tan joven como Ricardo Cabezas haciendo música en el calle Menacho con un sombrero en el suelo como una urna donde pone MC, veo a Remigio Cordero cerca del Hospital Provincial, y a los que sacan a los perros con las bolsitas en la mano,  a muchos que no llevan bolsitas, y a perros que alzan la pata en farolas, ruedas de coches, puertas de tiendas…

Muchas gente un día de diario por Badajoz, también muchos perros.

 

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BADAJOZ
Diego Algaba 17-12-2016 | 11:09 | 0

Te miro desde arriba. Desde la muralla de tu castillo y me gustas, y no me gustas, y a veces te quiero y otras no. Subido en estas piedras te observo y tú me ignoras. Soy para ti una pieza perdida de un puzzle que se desencaja cada mañana. A veces no quiero verte, otras no soy capaz de dejar de mirarte. Son esos días en los que te pones guapa y pareces una mujer recién salida de la ducha oliendo a espuma. Entonces es cuando salgo y recorro tus calles. Las miro como si fuera la primera vez que las veo, tan distintas como ayer, tan iguales como siempre y te recorro eufórico, y me lleno de holas y adioses y apretones de manos y miradas curiosas. Cada día soy distinto , igual que tú, que tu sol, que la luz que ilumina tus rincones, portales y balcones llenos de geranios.

Aprendí a quererte en la distancia, cuando estaba por otros mundo, y en otras cosas.

Hoy te veo bonita, otras veces siento la desolación de tus mediodías de agosto. Hoy te siento como esos momentos buenos de atardeceres naranjas vistos desde el puente viejo, o desde aquí, o esos días que te escondes en el misterio de tus nieblas invernales.

Detrás de mi, una pareja de jóvenes se besan con pasión al volver del laberinto de la noche, una noche deformada por el humo de las luces centelleantes y el ruido que dejan las palabras en el aire perdidas en la desmemoria de vasos vacíos.

Estoy delante del Convento San José, a lo lejos se levanta majestuosa la Catedral, a la derecha el río pasa por debajo del puente viejo.

Me quedo mirando a un pájaro que vuela buscando el calor del sur entre los tejados más altos.

Escucho silbar al viento ahora que cesó el ruido de la noche, ese ruido que para algunos es un susurro de sirenas. Todos hemos sido jóvenes, hasta yo que nací siendo viejo.

Se apagaron los cantes flamencos que salen de las entrañas empujados por la fuerza del vino.

Me quedo con el silencio de la mañana, con este olor a limpio de domingo, y miro, protegido por las capas del tiempo, el amanecer que da brillo a tus edificios.

Respiro hondo y me siento como si el sol saliera desde dentro de mi e iluminara mi interior a la vez que da luz a las paredes del convento.

Y te miro desde arriba y me envuelves en tus sabanas silenciosas de domingo para quererte otra vez y volar por encima de tus tejados rojos.

Hoy te quiero, aunque no sé hasta cuando.

 

 

 

 

 

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POR EL CAMINO DE LA HONESTIDAD
Diego Algaba 30-10-2015 | 10:32 | 0

Me acuerdo muchas veces de él. De sus pocas palabras pero certeras. De su mirada serena y bondadosa. Un espejo donde mirarme. Recuerdo cuando se jubiló. Creo que fue el inventor del senderismo urbano. Salía todas las mañana a andar por la ciudad a paso ligero, como decía él. Se le quedó grabada esa expresión después de hacer tres años de mili. Estuvo en la guerra. Pasó hambre, pero nunca le oí quejarse, ni darse golpes de pecho. Nació en un pueblo (Valle de la Serena).Vivió en el campo hasta que se traslado a Badajoz para que todos sus hijos estudiasen. Siempre se adaptó a la circunstancia sin rechistar. Cuando se jubiló te lo podías encontrar andando por San Roque, por la Estación… todos los días salía y siempre terminaba sentado en el banco de San Francisco, su banco.

Ya no fumaba, dejó un día sin más. “Voy a deja de fumar”, y dejó sin programas de desintoxicación, sin terapia de grupo, sin pastillas, a pelo, como hacían las cosas los hombre de entonces. Guardó el paquete de celtas y nunca más volvió a cogerlo. Bebía vino, como todos los hombres de su generación. Nunca lo vi borracho. Hoy me he acordado de él cuando he visto escrito a pluma en la portada de una carpeta con letras clara y serena: “papeles de Diego”. Mi padre, al contrario que yo, era muy ordenado con sus cosas y la de los demás. Siempre lo tenía todo guardaba en aquellas carpetas rojas que se cerraban con una goma.

Fuera ha empezado a llover. Hace frío. Una tarde de otoño para estar en una chimenea con un libro y la mujer amada, también para escribir, para escribir un artículo sobre la actualidad: Cataluña, la fecha para la aprobación de los presupuestos extremeños, las elecciones nacionales. Una tarde para opinar sobre las noticias que salen en el telediario. Telediario que él siempre veía y al que llamaba parte. Pero Hoy, viendo las noticias, me acuerdo de él. Un hombre cabal, sensato, un hombre bueno que hace que sea más difícil para mi escribir sobres lo que veo y leo: Acorex, Caja Rural,mordidas del 3%, Artur Mas, hoy pienso más en ese otro camino por el que anduvo y me enseño a andar, el camino de la sencillez y la honestidad.

 

 

Diego Algaba Mansilla

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MIS BUENOS AIRES QUERIDOS
Diego Algaba 21-09-2015 | 9:52 | 1

¿Te pongo unos manises? Había ido a su bar un par de veces, quizás tres, pero hasta que no dijo lo de los maníses no me di cuenta que era argentina. Fue entonces cuando le preste más atención a la musicalidad de su acento,esa calma en el hablar que tienen los sudamericanos con una perfecta sincronía entre fonética y gestos, como una danza hipnotizadora donde te puedes quedar horas escuchando; hable de lo que hable la melodía supera el contenido por profundo que sea el discurso. Me contó que se vino con sus dos hijos cuando empezó el corralito a casa de un tío carnal que vivía en Gévora. Aquí siempre trabajó en la hostelería. Como buena argentina estudio psicología desde bachillerato, quizás la barra le haya enseñado más que años de universidad. Es una de las muchas mujeres que han emigrados buscando algo mejor para los suyos,no como los refugiados Siros que huyen de la muerte pero si para escapar de la miseria. Romina se ha acostumbrado a no ver a sus padres, hermanos, amigos. Las circunstancias le han hecho que tenga que vivir en un lugar nuevo donde el lenguaje es diferente, las palabras no significan lo mismo, y donde tiene que variar hasta los gustos del paladar. Perdiendo los sabores también se pierde una parte importante del recuerdo. Ella vive a la intemperie sin ese caparazón de la familia. Vive a 12.000 km y a 800 euros de distancia, Entre Badajoz y Buenos aires no hay blablacar. Romina se fue de Argentina para buscarse la vida como hacen nuestros jóvenes universitarios. Unos jóvenes, que igual que ella, tienen que adaptarte a otro lenguaje, a otra forma de pensar, de comer, de divertirte, a ser el último eslabón de una cadena. Ellos, quizás, también tropiecen con los que dicen: “que hacen aquí estos españoles de mierda”, “que se vayan a su país” mientras agachan la cabeza e intentan, en los ratos libre, cuando dejan de fregar platos o limpiar retretes intentar presentar su curriculum de licenciados en ingeniería, medicina,arquitectura, periodismo…
Romina tiene cuarenta años. Es una mujer,una señora, una chica atractiva que tiene al barrio guardando cola detrás de la barra mientras sirve con calma la cerveza, prepara la cocina y sigue hablando en argentino aunque diga que ya piensa en español,

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EL MERCANTIL
Diego Algaba Mansilla 20-02-2015 | 9:01 | 0

FOTOGRAFÍA DE LOLA K.CANTOS

FOTOGRAFÍA DE LOLA K.CANTOS

Siempre quise escribir un artículo de la noche pacense, de los bares nocturnos, de regresar a casa de día, de esa vida canalla que no hago desde que descubrí el placer del aire fresco de la mañana, del aroma a café sin sabor a tabaco,sin el desasosiego de la noche vibrando en mi cuerpo.

Me gustaría haber escrito de aquel que alguna noche hubiese querido ser y nunca fui. Pero tengo poco que contar,nunca regresé a

Sara

Sara

casa de madrugada con una desconocida, ni tuve relación con droga, ni frecuente esos ambientes sórdidos de humo, medias rotas, rímel corrido y música de jazz. Siempre volvía solo y me queda dormido en el sofá con un libro en la mano. Mis contadas conquistas nunca se dieron en noches de cazadora de cuero con las solapas subidas en las que era el que no era. Me estoy acordando de esto porque he conocido a Sara. Tiene 30 años y trabaja para Cruz Roja. Sara me dice que va a los conciertos del Mercantil, ese bar que yo también frecuenté. Ella va para escuchar música y no por ser el último que cierra como hacia yo. Dice que ha visto a un grupo que hace música ska, no se que contestar, no se a que estilo de música se refiere. Dice que un día vaya a un concierto, me cuenta que su novio, Javier, tocaba el bajo en un grupo que se llamaba  “A Groso modo” Él, estudio magisterio, aunque lo que más le gusta es la música se gana la vida trabajando dos horas en una guardería bilingüe de las Vaguadas. Ella es de Madrid, también maestra, se conocieron en Brighton, los dos coincidieron aprendido inglés, La juventud tiene una forma diferente de relacionarse, se mueven con soltura entre aeropuertos y maletas, se conocen y se enamoran, personas de distintas ciudades, países y culturas mientras mi generación, como mucho, nos emparejábamos con mujeres de Olivenza que conocíamos en la Max Power, Colon en Montijo o la Maikel de Mérida.

Estaba pensando en lo que me dijo Sara: “un día tienes que ir a un concierto del Mercantil” mientras oigo trastear en la habitación del al lado a mi niña y pienso ¿donde voy a ir?, si la música que más me gusta la tengo aquí, en casa, entonada por la tierna voz de una niña de tres años. “Debajo de un botón ton ton…”

 

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