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Badajoz

COLAS EN AGOSTO
Diego Algaba 31-08-2017 | 6:35 | 0

dsc01285-2El termómetro que mide las ausencias de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos,las colas y horas de espera aumentan.

Fui a desayunar el domingo, dando un paseo en bici, a uno de los chiringuitos del río. Los de Badajoz nos hemos acostumbrado a desayunar en la calle así que solo había una mesa libre. Me senté. Había una camarera. Una camarera que tenía más aspecto de estudiante universitaria ganándose unas perrillas que de profesional de la hostelería. (ya escribí un artículo sobre la Marina y aquellos camareros de antes) Ella, sola, atendía todas las mesas. No daba abasto. Hacia un trabajo disciplinado: apuntaba a bolígrafo la consumición, luego lo comunicaba a la cocina, después venía con una remesa de cafés, luego salía con otra bandeja de tostadas para repartir entre las mesas. Me puso el café al cuarto de hora de pedirlo, cuando lo había tomado, me dijo, Ya queda poco para que salga la tostada”. Contesté que no se preocupase por la tostada. Pagué el café, 1,40 y me fui. Me pidió disculpa, pero ella no tenía la culpa, estaba sola para atender a todas las mesas y a los que había en la barra.

dsc01045Nos hemos acostumbrado, amparados en la crisis, a que un solo trabajador realice el trabajo de dos o tres.

En el Centro de Salud, donde en invierno hay cuatro personas atendiendo al público en verano hay una. Una administrativa corriendo para atrás y para adelante,un teléfono sonando sin ninguna mano para poderlo coger. Entran ganas de sentarse en alguna de las sillas que han quedado libre por vacaciones y no han sido ocupadas por ningún sustituto, para echar una mano. El trabajador atiende a dos o tres cosas a la vez. Personas enfermas guardando colas, gente enfadada, y un solo trabajador realizando la tarea de los compañeros ausentes.

dsc00104Dicen que ya no estamos en la misma situación, que la economía ha mejorado, pero los trabajadores siguen haciendo el mismo esfuerzo que se les exigía al principio de la crisis. Uno realizando el trabajo de tres.

Las colas de Badajoz en agosto son como las de los museos de las grandes capitales cuando anuncian una exposición de Sorolla, de Dalí,o exhiben de nuevo el Guernica.

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COLAS EN AGOSTO
Diego Algaba 27-08-2017 | 2:10 | 0

dsc01285-2El termómetro que mide la tranquilidad de Badajoz en agosto son los huecos libres en los aparcamientos y en este agosto hay muchos. Sin embargo, para los que nos quedamos este mes en casa,las colas y horas de espera aumentan.

Fui a desayunar el domingo dando un paseo en bici a los chiringuitos del río. Los de Badajoz nos hemos acostumbrado a desayunar en la calle así que solo había una mesa libre. Me senté, solo había una camarera. Una camarera que tenía más aspecto de estudiante universitaria ganándose unas perrillas que de profesional de la hostelería. Ella, sola, atendía todas las mesas. No daba abastos hacia un trabajo disciplinado: apuntaba con un bolígrafo en una libreta la consumición, luego lo comunicaba a la cocina, después venía con una remesa de cafés en una bandeja, luego salía con otra bandeja de tostadas para repartir entre las mesas. Me puso el café al cuarto de hora de pedirlo, cuando ya me lo había tomado, me dijo que quedaba poco para que saliese la tostada, Contesté que no se preocupase por la tostada. Pagué el café, 1,40 y me fui. Me pidió disculpa, pero ella no tenía la culpa, estaba sola para atender a todas las mesas y a los que había en la barra. No hemos acostumbrado, amparados en la dsc01042-2crisis, a que un solo trabajador realice el trabajo de dos o tres.

En el Centro de Salud, donde en invierno hay cuatro personas atendiendo al público en verano hay una. Una administrativa corriendo para atrás y para adelante, entran ganas de sentarse en algunos de los sillones que han quedado libre por vacaciones y no han sido ocupados por ningún sustituto, para echar una mano. El trabajador atiende a dos o tres cosas a la vez. Personas enfermas guardando colas, gente enfadada, y un solo trabajador realizando la tarea de los compañeros ausentes.

dsc00100-3Dicen que ya no estamos en la misma situación, que la economía se restituye, pero los trabajadores siguen haciendo el mismo esfuerzo que se les exigía al principio de la crisis. Uno realiza el trabajo de tres.

Las colas en agosto son como las de los museos de las grandes capitales cuando anuncian una exposición de Sorolla, Dalí,o exhiben el Guernica.

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MÚSICA PARA EL ESPÍRITU
Diego Algaba 07-08-2017 | 11:03 | 0

dsc00435-2Viajé de Badajoz a Cáceres una tarde calurosa de últimos de julio. Paré en Puebla de Obando, por un café de un euro me regalaron una lata de Fanta. Paré en el paisaje de piedra de los Barruecos donde el sol iluminaba las piedras negras dándole el misterio del silencio y la inquietud de la soledad.

Para el museo de Vostell no había tiempo. Llegué a la iglesia de Garrovilla de Alconétar cuando comenzaron.

dsc00457-2Se llama Miguel Ángel y toca el Contrabajo en la Orquesta de Extremadura, Miguel Ángel es un Venezonalo de Badajoz y un entusiasta de la música,también es un estudioso de instrumento antiguos donde toca el Violone que es como un contrabajo pero con más cuerdas. Miguel Ángel, junto a Miguel del Barco, hijo del llerenese compositor del himno de Extremadura del mismo nombre, organizó un curso de músicas antigua en Garrovilla de Alconétar para alumnos aventajados. Por la mañana tenían las clases, por la tarde daban conciertos en la Iglesia de Santa María. Fui a escucharlos el viernes, el día que actuaban los alumnos, anteriormente lo dsc00467había hecho los profesores, prestigiosos músicos de todo el mundo.

Aquel viernes pudimos disfrutar con la música de Bach de Mozart, de Handel, interpretado por jóvenes talentos con instrumentos antiguos que sonaban a otros tiempos, a sonidos medievales, al relajante frescor de muros de Iglesia después de atravesar en coche un paisaje de campos amarillentos.

Cuando acabó la música salimos de la iglesia con los sentidos todavía agrandados por el hechizo de las últimas notas, dejando un rastro de espiritualidad muda a nuestro paso. Salimos al pueblo. Aquí quiero hacer otra parada para volver a escribir un ¡Oh! de asombro cuando descubrí aquella Plaza porticada en una noche donde la música puso la magia y la luna el embrujo. Una noche para enamorarse, para sentir,para prolongar ese misticismo de la sonoridad del órgano Renacentista de la Iglesia manejado por dsc00411los dedos prodigiosos de Miguel del Barco.

Aquella noche, sentados en la plaza del pueblo, frente al corral de comedias, Miguel Ángel, con esa musicalidad en sus ilustrativas palabras nos habló con el entusiasmo de un alumno y con la sabiduría de un maestro.

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GENTE
Diego Algaba 21-03-2017 | 11:05 | 0

Es miércoles. Hacía tiempo que no salía un día de diario por Badajoz. Me he cruzado con algunos conocidos pero sobre todo con muchos desconocido, será que salgo poco y ya no conozco a la gente.

He visto a los que fuman andando sin importarles los que están detrás, los que tocan la bocina del coche sin importarles los que están delante, los que llevan tanta sobredosis de perfume que huelen mal, los que llevan la bolsa de la compra, los que llevan la compra en la mano, los que no tienen ni para comprar. He visto a hombres con zapatos de senderismo, a mujeres con tacones, no sé si esto es micromachismo. He visto a obesos que siempre van en chándal, a trajeados que tiran la basura por la mañana con mucha dignidad, a los que ríen, a los tristes, a uno que se parece a Trump con una mujer fea y desaliñada de la mano, al que pide en la Av Santa Marina debajo de un naranjo de naranjas amarga, a Manolo López que va a comprar el pan. He visto a un enfermero con el maletín en la mano buscando una dirección, a un municipal multando el coche del enfermero. He visto a ciegos que venden cupones mirando los números, a un borracho alegre que ríe, a los que miran al borracho con tristeza, a un torero sin toro caminando como si estuviera haciendo el paseillo, a uno del norte en pantalones cortos. Hay cola en las oficinas de lotería tan largas como las del paro, veo personas de hombros caídos y cabeza agachada. He visto a los que entran en los bares, a los que pasan por la puerta y se asoman sin entrar, a los que compran en los chinos, a los que no compran ni en los chinos, a los que venden esparragos, a los que siempre van hablando por el móvil y evitan tener que saludar. Adiós. adiós. Veo a uno casi tan joven como Ricardo Cabezas haciendo música en el calle Menacho con un sombrero en el suelo como una urna donde pone MC, veo a Remigio Cordero cerca del Hospital Provincial, y a los que sacan a los perros con las bolsitas en la mano,  a muchos que no llevan bolsitas, y a perros que alzan la pata en farolas, ruedas de coches, puertas de tiendas…

Muchas gente un día de diario por Badajoz, también muchos perros.

 

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BADAJOZ
Diego Algaba 17-12-2016 | 11:09 | 0

Te miro desde arriba. Desde la muralla de tu castillo y me gustas, y no me gustas, y a veces te quiero y otras no. Subido en estas piedras te observo y tú me ignoras. Soy para ti una pieza perdida de un puzzle que se desencaja cada mañana. A veces no quiero verte, otras no soy capaz de dejar de mirarte. Son esos días en los que te pones guapa y pareces una mujer recién salida de la ducha oliendo a espuma. Entonces es cuando salgo y recorro tus calles. Las miro como si fuera la primera vez que las veo, tan distintas como ayer, tan iguales como siempre y te recorro eufórico, y me lleno de holas y adioses y apretones de manos y miradas curiosas. Cada día soy distinto , igual que tú, que tu sol, que la luz que ilumina tus rincones, portales y balcones llenos de geranios.

Aprendí a quererte en la distancia, cuando estaba por otros mundo, y en otras cosas.

Hoy te veo bonita, otras veces siento la desolación de tus mediodías de agosto. Hoy te siento como esos momentos buenos de atardeceres naranjas vistos desde el puente viejo, o desde aquí, o esos días que te escondes en el misterio de tus nieblas invernales.

Detrás de mi, una pareja de jóvenes se besan con pasión al volver del laberinto de la noche, una noche deformada por el humo de las luces centelleantes y el ruido que dejan las palabras en el aire perdidas en la desmemoria de vasos vacíos.

Estoy delante del Convento San José, a lo lejos se levanta majestuosa la Catedral, a la derecha el río pasa por debajo del puente viejo.

Me quedo mirando a un pájaro que vuela buscando el calor del sur entre los tejados más altos.

Escucho silbar al viento ahora que cesó el ruido de la noche, ese ruido que para algunos es un susurro de sirenas. Todos hemos sido jóvenes, hasta yo que nací siendo viejo.

Se apagaron los cantes flamencos que salen de las entrañas empujados por la fuerza del vino.

Me quedo con el silencio de la mañana, con este olor a limpio de domingo, y miro, protegido por las capas del tiempo, el amanecer que da brillo a tus edificios.

Respiro hondo y me siento como si el sol saliera desde dentro de mi e iluminara mi interior a la vez que da luz a las paredes del convento.

Y te miro desde arriba y me envuelves en tus sabanas silenciosas de domingo para quererte otra vez y volar por encima de tus tejados rojos.

Hoy te quiero, aunque no sé hasta cuando.

 

 

 

 

 

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