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Olivenza

EL AUTOESTOPISTA
Diego Algaba 31-10-2016 | 11:18 | 0

Venía con el coche por la carretera de Olivenza cuando a la altura del Corazón de Jesús vi a un hombre haciendo autoestop. Estuve dudando si cogerlo o no, al final pasé de largo. Probablemente sería un preso con permiso de fin de semana. Me pareció reconocer en su cara envejecida a alguien más joven. Creo que le conocía de años atrás cuando los dos jugábamos al fútbol en equipos diferentes. Me arrepentí de no cogerlo, pero es que ya no estamos acostumbrado a ver personas haciendo autoestop y no reaccione a tiempo. Antes, hace unos años, siempre había quien se desplazaba de esta forma, incluso personas mayores que venían del pueblo a arreglar papeles a la ciudad.

En la puerta de la comisaría, donde se hacía el DNI, una señora con una mesa y una silla, colocadas en la acera, por un duro, rellenaba los papeles a los que no sabían escribir. Son esos cambios en las costumbres, en el paisaje urbano, en las formas de vida y que solo apreciamos con la distancia de los años las que nos hacen sentir nostalgia de un tiempo que aunque no era mejor era nuestra tiempo. Todavía nos queda el tren como muestra del pasado. El tren sigue siendo el mismo, con el mismo horario y circulando con la misma lentitud del siglo anterior. Siempre que lo veo parado en la estación me parece que en cualquier momento van subir soldados con petate y mujeres con cestas de las que sobresale el pescuezo de un gallo.

El autoestopista entretuvo mi mente desconectándola de la radio donde hablaban de lo de siempre, de los otros delincuentes, esos que no están en la cárcel, aunque este es otro tema, un tema secundario incluso para los electores a la hora de votar.


Ahora
los desplazamientos no se realizan levantando el dedo gordo en la cuneta, existe el blablacar, excepto para ese hombre que quizás haya perdido algunos años de evolución, como el tren.El autoestopista me dejó un regustillo amargo el no haberlo cogido y quedarme con la intriga de saber cuánto habrá robado para estar preso cuando con lo que han robado otros están en la calle.

 

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FUNCIONARIOS A LA ESPERA
Diego Algaba 17-07-2015 | 7:36 | 1

Para mi todavía es sábado aunque sea domingo. Son las dos de la madrugada y el calor no me deja dormir. Abro el procesador de texto y el Facebook donde veo una fotografía del recién estrenado Presidente en Olivenza. Vara tiene aspecto de buena persona, de que le importa la gente y no solo los números, aunque va a tener que hacer muchos números para contentar a los que le esperan como una salvación.
El buen funcionamiento de la región también dependerá de quién se rodee. Nosotros, los de Sanidad, según dicen, hemos tenido suerte con Vergeles. Los que le conocen hablan de su capacidad, sensatez y sentido común, además de estar comprometido con el sistema sanitario, al menos es médico y no maestro. Aunque la Sanidad la formamos los profesionales el objetivo principal es el usuario.
Ahora llega todo ese rollo de nombramientos y ceses, es madrugada y me atrevo a escribir rollo en lugar de proceso, por la noche las cosas se ven diferentes.
Los funcionarios estamos a la espera. Primero cambia el Gobierno,después el Presidente,Consejero,Directores, Subdirectores, Gerentes. Los nuevos Jefes de Recursos Humanos, llaman a los suyo, algunos con el único mérito haber subido a la escalera para pegar carteles. Toda va cambiando hasta que llega a nosotros, los de abajo. Algunas veces los que tenemos cargos menores sin vínculos políticos somos cesados y cambiados por los que mejor dan palmadas en la espalda. Cuando llega un nuevo Director de Recursos Humanos lo cambia todo pensando que lo anterior es malo, así, lo que antes se resolvía con un documento,ahora

foto de internet

foto de internet

necesita tres, hasta que el tiempo devuelve la cordura a las administraciones y se dan cuenta, después del caos,que quien mejor conoce el trabajo son las trabajadores y se vuelve a hacer como siempre: simplificando la cosas, haciéndolas fácil para el usuario y el funcionario. Hay algunos que llegan avasallando, dando golpes en la mesa, no saben que para ser jefe no hace falta exhibir músculo delante de los trabajadores, que lo mejor es pasar desapercibido y mandar con el ejemplo, como los árbitros de fútbol, el destacado es el que controla el partido pasando inadvertido.
Luego, cuando todos los cargos directivos están nombrados, le toca el turno al material, otro pico para una región pobre. Los sobre que dicen “Consejería tal” cambian por “Consejería cual” igual que: carpetas, carteles, folios con membrete…Un pellizco que se pueden destinar a otras necesidades.

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JUANCHO PÉREZ, OSCAR DE PAULA O LA SENCILLEZ
Diego Algaba Mansilla 05-12-2013 | 9:06 | 0

Recuerdo, hace mucho años, haber visto como se agachaba para salir por la puerta de la buhardilla: un pub que se llenaba los días previos a la navidad y donde terminaban todas las comidas de compañeros de trabajo. Llamaba la atención su envergadura, y unos brazos como columnas. Le mirábamos de reojo, su cara nos sonaba de la tele. “¡Juancho Perez!”,grito alguien. Un pedazo de tío de más de dos metros de músculo que triunfaba en el equipo del Barcelona y de la Selección Española de balonmano. Juancho, pasaba los pocos días que tenía libre, en Badajoz, con su familia. Ahora, al cabo de los años, coincido con él por la calle, en la consulta del médico, haciendo la compra. Parece más bajo pero sigue siendo igual de alto. Algunos músculos se le han transformado en grasa. En la ciudad existe un pabellón deportivo con su nombre. Fue presidente, entrenador y hasta jugador de un club de balonmano local. Aprovecha su popularidad para apoyar a los más débiles. Juancho, una persona que ha conocido la fama, que probablemente sea el mejor deportista que ha salido de Badajoz y uno de los prestigioso de España, un tipo sencillo y cercano. A Juancho lo conozco a través de su madre, Lucía, y de su hermana: una hermosa chica de penetrante ojos verdes, una familia alegre y campechana, Juancho, un tío con los pies en el suelo al que la fama no ha hecho perder la cabeza. Ahora, en Badajoz, sigue luchando por un deporte que ama regalando parte de su tiempo y dinero a los que empiezan.
Antes de conocer a De Paula, recuerdo que oí en un programa deportivo decir que le habían propuesto, en San Sebastian, dirigir la escuela de fútbol, pero eligió venirse a su tierra. Es Oliventino. Vive en Badajoz. Jugaba a fútbol en la Real Sociedad. De Paula era muy querido en San Sebastián. A de Paula lo conocí por casualidad, un tipo alegre, un deportista al que me encuentro montando en bici,o corriendo en la cinta del gimnasio entre sudorosos barrigones. Él, todavía conserva la figura atlética de futbolista. siempre que me ve se para para saludarme con amabilidad, De Paula,igual que Juancho, no se ha dejado arrastras por la peligrosa corriente de la fama quizás por eso se ve en su cara reflejada la felicidad.
Ahora que Belen Esteban ha hecho un libro que, hoy, cuando escribo esto, va por la cuarta edición; que en televisión triunfa la ordinariez y se disputan entrevistar a un asesino de niñas; que la cultura se la están cargando;que la ineptitud esta por encima de la inteligencia; que el que más chilla es el que más razón tiene; que lo soez triunfa sobre lo cortés; que las buenas gentes están escondidas y los que salen a la luz son los otros, eso que están constantemente en los medios. Los que venden su inmoralidad para que los niños los tengan como modelo, en estos tiempos que nos ha tocado vivir crece más mi admiración por estos deportistas que pasan desapercibida en una ciudad pequeña y que viven con naturalidad después de haber ascendido sin haber escalado el fácil peldaño que transforma personas en juguetes,en famosos. Dos extremeños que han sabiendo digerir y dirigir sus vidas al margen del brillo chillón de las luces.

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PUEBLOS
Diego Algaba Mansilla 07-11-2012 | 7:49 | 4

Cuando abro el periódico compruebo que hay mucha vida cultura en la ciudad: Semana de teatro, jazz. cineclub en C.O.C. exposiciones en el… Recuerdo,hace algunos años, que salió en Badajoz una guía del ocio. El primer número recomendaba ir a comer cochinillo a los Gabrieles, después, tomar una copa en el Chaqueta roja. El segundo aconsejaba comer en Portugal y el tercero no se publicó por falta de contenidos.

En Badajoz no existía vida cultural ni había entretenimientos para jóvenes, Así que muchos de los muchachos de aquellos años nos desplazabamos a los pueblos de alrededor.

Olivenza era uno de los destinos, estaba cerca. Uno, que todavía arrastra ese punto macarra y callejero, recuerda, como si fuera una fotografía irreal amarillenta y deformada por el tiempo, aquellos años, en los que iba a la discoteca de Olivenza a la que llamaban “chacha” Cuando ponían canciones lentas ellas se sentaban y nosotros, en una ordenada fila, pasabamos mezclados con oliventinos para solicitar una pieza. ¿Bailas?, ¿bailas?, luego, yo,cansado de tanta negativa, me daba una vuelta por el pueblo, así conocí la espectacular luz de la Iglesias de la Magdalena con sus columnas entorchadas, el paseo grande y chico,las mollejas del Fofo, el Liceo y la pastelería Fuentes, donde todavía voy, de vez en cuando, a comprar técula mécula para endulzar el paladar y la fonética con esa amielada músicalidad lusa que los de Acetre han plasmado en sus discos. Unos años en los que los institutos no eran mixto y el sexo contrario era un enigma por descubrir.

Lo importante de aquellas excursiones iniciáticas era tener un amigo con un seiscientos, un ciento veintisete o un Simca mil. La discoteca era el lugar donde se buscaba a esa mujer para toda la vida a la que demostrar todo el romanticismo sublime que llevamos escondido en nuestra adolescencia bruta de balones de fútbol y bolindres de cristal.

castillo de AlburquerqueEn los pueblos,no conocí aquel amor idealizado de los libros pero si el muelle de Barcarrota. los dulces de Marabé, el Castillo de Alburquerque, la Ermita de Carrión,las Iglesias de Jerez de los Caballeros, el chorizo de Valverde de Leganes cuando salía hambriento de la discoteca Yonisur sin haber conocido mujer que se arrimase para practicar, sin temblor de voz, el ¿estudias o trabajas?,ni poder aproximar la sedosidad tierna del cuerpo femenino al fuego del mio entre torpes pasos de elefante en celo disimulando el nerviosismo adolescente del que cree que se esta jugando el porvenir de la felicidad, antes de saber que la felicidad son instantes y que el camino del amor es largo y sinuoso.

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