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Familia
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José María Fdez Chavero | 01-01-2017 | 09:17

La familia es mucho más de lo que tenemos en nuestras mentes y corazones. A nadie deja indiferente y escribir sobre ella tiene el riesgo de quedarse corto en las afirmaciones y apreciaciones. Es la primera escuela en la que aprendemos gran parte de lo que seremos en la vida, es la unidad fundamental y clave de la sociedad. Siempre resulta ser lo primero, en  formación, afectos y sentimientos, relaciones sociales y espirituales.

Nuestros padres son los más fuertes e inteligentes y las madres poseen soluciones para todo lo que nos sucede, además de ser las más guapas y elegantes. Los hermanos son entretenidos, a veces, y molestos, otras tantas, con los que ríes y juegas durante horas y horas. Ese núcleo inicial no solo está formado por padres y hermanos, sino que existen los abuelos, esos seres especiales dispuestos a quererte sin muchas exigencias, y están los tíos y primos. Los años pasan, y llegan los hijos y todo cambia aún más y la tierra se acerca al cielo.

La percepción van cambiando para acercarse más a la realidad y las anécdotas se acumulan en nuestros sentidos y percepciones, en los recuerdos y sentimientos. Ser y sentirse familia no es sólo un cúmulo de momentos felices y de sonrisas, también de lágrimas por enfermedades y muertes, desencuentros y enfados, malas palabras y sospechas, pero el cómputo general suele ser positivo.

Con los años el grupo se dispersa y amplía. Llegan las parejas y es preciso conjugar costumbres, hábitos, expresiones, horarios. Puede resultar fácil si partimos de la idea de que lo nuestro no ha de ser lo mejor, pero surgen roces y primeras crisis que superadas fortalecen y consolidan la relación. La adaptación ha de ser mutua, porque si solo se adapta uno se convierte en una relación asimétrica y abocada al fracaso. Por último, los sobrinos, con sus caracteres y diferencias, gustos y disgustos hasta constituir una amalgama enriquecedora y de engranaje complicado.

Recuerdo una expresión que seguro habremos oído en nuestras casas: “la familia está siempre, sobre todo en los momentos en los que más se necesita” y es cierto. El problema es que nadie te asegura que no pueda cambiar y deteriorarse. Conocemos personas enfrentadas con sus seres queridos por desconfianzas, por egoísmos de querer más y lo mejor, por sospechas acerca de las intenciones de los otros miembros y por cerrazón mental. Cuando sucede esto nos convertimos en huérfanos sin serlo y es una de las mayores desgracias que puede ocurrirnos. Ni los euros, ni las casas y tierras, ni los cuadros y joyas, ni orgullos y vanaglorias pueden abrazar ni acompañar ni ofrecer una palabra de consuelo o de ánimos ante los acontecimientos que disfrutamos o que padecemos en nuestras cortas existencias. Pretender ser feliz sin familia es absurdo y contradictorio.

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.