NO LE QUEDABA ILUSIÓN PARA MÁS REGALOS. Sobres con mucho dinero y ningún esfuerzo, un rosario de Swarovski, un patinete eléctrico, un bebé hiperrealista de edición limitada que lloraba y movía la boca buscando el pezón. «¡Mírala, qué madraza va a ser!», se emocionaba la tita escupiendo