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Categoría: Los Padres Preguntan
Cómo saber si proteges o sobreproteges a tus hijos

Proteger es educar, sobreproteger es asustar. (Foto ABC.es)

Muchas madres y padres van sintiendo como aquello que comenzó siendo un lógico desvelo por el cuidado de los hijos pequeños se va convirtiendo en una agobiante y cotidiana tendencia a la intranquilidad, a estar continuamente preocupados por los hijos. Y me preguntan, ¿Dónde está el límite entre proteger y sobreproteger a los hijos?

Los padres tenemos la obligación de proteger, vigilar y supervisar a nuestros hijos pero esto no significa que podamos evitar que nuestros hijos vivan situaciones de potencial peligro. Los educamos para que ante las situaciones de peligro sepan  qué es lo que deben de hacer.

1.- Proteger es construir un hogar en el que nuestros hijos puedan crecer a salvo y para ello se les enseña desde pequeños a que sepan qué es peligroso y cómo deben de actuar ante esas situaciones de peligro. Sobreproteger es intentar eliminar todo lo que potencialmente sea peligroso del contacto con nuestros hijos. Esta conducta va acompañada de la frase exclamativa “ ¡ten cuidado con…! ” que además se repite constantemente y con cara de pavor.

2.- Proteger es confiar y mostrar confianza en que tus hijos van a ser capaces de organizar su vida, de tomar decisiones aunque se equivoquen algunas veces, mientras que sobreproteger es desconfiar y por lo tanto tomar decisiones por los hijos para evitar que se equivoquen.

3.- Proteger es estar presente en las vidas de nuestros hijos dándoles nuestro apoyo cuando tienen adversidades y mostrarles nuestra satisfacción con sus éxitos. Sobreproteger es estar omnipresentes en las vidas de nuestros hijos, vivir la vida de nuestros hijos como si fuera la nuestra.

4.- Proteger es enseñarle a que tiene que responsabilizarse de sus tareas (las de casa, las del colegio)  y sobreproteger es responsabilizarte tú de las tareas que le corresponde realizar a tu hijo.

5.-Proteger es acompañar, es enseñar cómo hacer, es dar autonomía progresivamente. Mientras que sobreproteger es anular la personalidad de los hijos para que los padres se sientan, supuestamente, tranquilos.

6.- Proteger es educar y sobreproteger es asustar.

Educa para que tu hijo sea el protagonista de su vida, aguántate tu miedo, confía en los hijos, confía en ti y asume que la vida de los seres humanos es frágil, que el sufrimiento convive a nuestro alrededor, que no existe la seguridad absoluta.

Educar para vivir y educar para convivir eso es proteger. No dejes que tus miedos sean un lastre para el crecimiento de tus hijos.

Te recuerdo que cuando tu hijo, tu hija, tenga que afrontar situaciones de peligro tú en ese momento preciso no vas a estar allí, así que elige ¿proteger o sobreproteger?

 

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Cómo enseñar a los hijos a ser responsables

Para ser responsable alguien te tiene que enseñar a ser responsable.

¿Tú quieres educar a tus hijos e hijas para que sean responsables? Qué pregunta más absurda, ¿verdad? Pues claro que todas las madres y padres quieren que sus hijos sean responsables, muy responsables y, además, prontito.

Conozco a muchos padres y madres desesperados que dicen, a modo de súplica: “¡cuando va a madurar esta criatura!”, como si esto de madurar, hacerse responsable, fuera una cuestión del azar. Pues no, la responsabilidad tiene mucho que ver tanto con la personalidad de nuestros hijos (y por lo tanto con los genes que heredan), como con las pautas educativas con las que enseñamos en nuestra casa a ser responsables.

¿Quieres hijos responsables?

1º.- No olvides que los padres no construimos hijos, lo que hacemos es dar a nuestros hijos herramientas para que se vayan construyendo. Así que céntrate en ofrecerle estas herramientas durante el tiempo en el que estamos educándolos. A esto de ofrecer herramientas es a lo que llamamos educar, y se hace todos los días durante muchos años.

2.- Para aprender a ser responsables hay que tener responsabilidades de las que ocuparse. Responsabilidades acordes a la edad de cada hijo. Pero no te creas que, con decir “Tú pones la mesa”, o “tú recoges tus juguetes”, o “Tú te lavas los dientes”, etc. es suficiente.  No, así no funciona, tú tienes que establecer esa responsabilidad, y enseñar a tu hijo o hija cómo se hace: le acompañas al principio, y cada vez le vas dejando que lo haga lo más autónomamente posible. Y las responsabilidades se practican siete días a la semana.

3.- Los padres somos modelo de comportamiento para nuestros hijos. Enseña cómo tú ejerces tu responsabilidad, y no lo utilices como arma arrojadiza, tipo: “Yo todos los días voy a trabajar y sin embargo tú…”. Se supone que responsabilizarse de lo que uno tiene que hacer es algo que nos debe de llenar de satisfacción, así que ten cuidado con decir que estás harta o harto de cumplir con tus responsabilidades, porque si los hijos las perciben como un castigo o una incomodidad, huirán de ellas. Enseña a tus hijos que tener responsabilidades no es un castigo, ni una ayuda. Es más sencillo: “en esta casa nos repartimos las tareas”.

4.-  Si hay responsabilidades, tiene que haber necesariamente consecuencias cuando alguien no asuma sus responsabilidades. Por ejemplo, si le dices a tu hijo que tiene que recoger sus juguetes y no los recoge, déjale claro que juguete que esté en el suelo significa que no lo quiere, por lo que “guarda” ese juguete durante unas semanas. Y si llora cuando pregunte por su juguete, contesta con tranquilidad: “quedamos en que recoger los juguetes es tu responsabilidad, si no los recoges es porque no quieres ese juguete”. Pero tiene que tener una consecuencia, si recoges tú sus juguetes, lo único que va a pasar es que te va a doler la espalda de tanto agacharte, y la cabeza de tanto comerte el tarro.

5.- Aprender a tomar decisiones es una buena manera de aprender a responsabilizarse. Ofrecerle, siempre que puedas, la posibilidad de que elija entre dos opciones. Esto le ayudará a tomar una decisión y a asumir lo que ha decidido. Por ejemplo: Fruta o yogur; el pantalón rojo o el verde; un juguete u otro, etc. Y si dice fruta, le das la fruta que es lo que él ha elegido, y si a mitad de la fruta dice que no, que lo que quiere es yogur, le recuerdas que él decidió la fruta, o el pantalón rojo, o tal juguete.

6.- Si quieres hijos responsables, tienes que darles autonomía. Si no les das autonomía tú siempre estarás decidiendo por ellos y, por lo tanto, tú asumirás sus responsabilidades. Y luego te quejarás.

Os recuerdo que los niños, los adolescentes, no están terminados de hacer y dan mucha lata y hay que estar pendientes de ellos por esa razón tienen madres y padres que se ocupan de ir educando.

No tengas prisa. Lo que tienes que tener es constancia. 

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¿Quieres hijos con autoestima? ¡Sé un padre con autoestima!

No desesperes hay una vida entera para construir la autoestima

La autoestima es la valoración positiva o negativa que una persona hace de sí misma en función de los pensamientos, sentimientos y experiencias que esa persona vive. Padres y madres sabemos que la autoestima de nuestros hijos influye mucho en su comportamiento pero muchas veces no sabemos qué hacer ni qué decir para lograr que su autoestima sea positiva.

Achacamos a la baja autoestima las dificultades que puedan presentar nuestros hijos y bueno, puede que sea cierto, pero te diré que en la infancia y adolescencia es fácil tener problemas con la autoestima. En este blog repetimos hasta la saciedad que nuestros hijos e hijas están en “construcción” y eso significa que necesitan vivir, necesitan tener experiencias para ir forjando personalidad y también su autoestima y, de nuevo, aquí los  padres tenemos un papel importantísimo que desarrollar: somos proveedores de autoestima.

¿Quieres hijos con autoestima positiva? Pues te recuerdo que lo que tú trasmites a tus hijos, con tus palabras, con tus actitudes, con tu comportamiento, con tus expectativas, con tus gestos va a ser fundamental en la formación de su autoestima. Esta tarea de ayudar a nuestros hijos a configurar su autoestima requiere de paciencia y de mucha constancia, pues esta tarea de construirse como persona requiere su tiempo.

¿Cómo ayudar a los hijos para que sean capaces de ir mejorando su autoestima?

En primer lugar, tus hijos necesitan sentir que son aceptados incondicionalmente. Trasmitimos a nuestros hijos que los queremos, que los aceptamos como son. No tenemos hijos para que nos den “gloria” a los padres; aceptar a alguien incondicionalmente no significa que les dejemos hacer lo que quieran hacer, es más, porque los aceptamos tal y como son es por lo que les ponemos normas y límites. No los queremos porque aprueben, recojan, obedezcan, los queremos porque son nuestros hijos y cuando suspenden, no recogen o desobedecen simplemente aplicamos consecuencias.

En segundo lugar, nuestros hijos necesitan que valoremos objetivamente aquello que hacen. Esto quiere decir que  cuando educamos hijos no podemos dejar que las normas y límites que les proponemos sean más o menos flexibles en función de que nosotros estemos más contentos, enfadados, cansados, etc.  Romper un vaso de cristal en un ataque de rabia requiere una respuesta más seria que la de romper, sin querer, un valioso jarrón. Eso es valorar objetivamente.

En tercer lugar necesitan autonomía. Ser capaces progresivamente de ir tomando las riendas de su vida, para tener autonomía hay que dar responsabilidades a nuestros hijos. Desde pequeños tienen que tener responsabilidades y posibilidades de tomar decisiones acordes a su edad. Los educamos para que vuelen.

En cuarto lugar necesitan tener experiencias de éxito. Todos los niños tiene que tener experiencias de éxito (una experiencia de éxito es aquella en la que nuestro hijo o hija hace algo que sabe hacer y las debemos de resaltar, para que cuando digan eso de “yo no sé hacer eso” les digamos, mira hijo, tú sabes hacer tal cosa y si sabes hacer eso puedes intentar hacer esto otro), pero ojo, tus hijos no son perfectos, así que también deben de tener experiencias de fracaso, esto los hará más realistas y entenderán cómo se siente uno cuando las cosas no te salen como esperabas.

En quinto lugar necesitan confianza, sentirse mal en la infancia o en la adolescencia es algo normal, al igual que equivocarse y cometer errores. Los niños y adolescentes llevan mal eso de equivocarse, para eso estamos los padres para corregir los errores y mientras corregimos les hacemos ver que confiamos en ellos. Errar, corregir y confiar.

Por último, lo que necesitan es que su padre y su madre actúen como padres con autoestima positiva, padres que confían en su competencia como educadores, padres sin prisas, padres sistemáticos, padres que guían, padres orgullosos de sus hijos, padres que confían en sus hijos.

Vamos, que tus hijos para tener mejor autoestima te necesitan. Así que estad atentos.

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Enseña a tus hijos a decir NO a las drogas

Tú nunca estarás con tu hijo o hija cuando tenga que decir NO. Así que a educar.

Las drogas están alrededor de nuestros hijos, esto es una realidad que los padres no debemos ni podemos obviar. Están tan cerca de nuestros hijos que a veces están hasta en nuestra propia casa. No, no lo digo para asustar, lo digo sencillamente con la finalidad de que los padres abramos los ojos y sepamos qué decir y cómo actuar. Es verdad que cada hijo es un mundo, que cada familia tiene sus circunstancias y, aunque no hay métodos infalibles para educar, yo creo que padres y madres, en el tema de drogas, podemos y debemos:

1º.-  Buscar Información.  ¿Qué sabes de las drogas?, pero qué sabes, de verdad. Cómo vas a educar sobre algo que desconoces. Conozco a padres que, con cara de angustia, les hacen jurar a sus hijos que nunca van a tomar drogas y piensan que, con eso, es suficiente. El conocimiento, la información son los mejores acompañantes en la tarea de educar. La guía “Hablemos de drogas. Una realidad que debe tratarse en familia”, de la Obra Social de la Caixa es una estupenda herramienta para informarse.

2º.- Hablar con tu hijo sobre drogas. Al finalizar la Educación Primaria, con 12 años, es una edad apropiada para comenzar. Pero habla con serenidad, porque esa es la manera en la que hablan las personas que saben de lo que están hablando.  No metas miedo ni exageres porque está demostrado que “asustar” no educa. Habla con tu hijo para conocer su opinión sobre las drogas, y no te desesperes si te dicen perlas como “la marihuana es buena porque es mejor que el tabaco”. Los adolescentes suelen tener una visión demasiado “optimista” sobre las drogas, y los adultos, una visión cercana al pánico, por esta razón lo que hay que hacer es EDUCAR para tener una visión “realista”.

3º.- El mensaje que tienes que trasmitir es: Tomar drogas es siempre un riesgo. Esto es difícil de hacérselo entender a los adolescentes, por eso conviene repetir este mensaje apoyado en datos reales, contrastados, no basados en tópicos, sin exageraciones.  Las drogas secuestran de manera silenciosa a nuestro cerebro  y afectan a todas sus funciones (cognitivas, emocionales, relacionales, etc).

4º.- No les preguntes directa e insistentemente sobre si han tomado drogas. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos adolescentes, qué peligros ven en ello) y darles nosotros nuestra opinión. No entres en peleas con tus hijos para convencerles de que la razón la tienes tú, porque con esas discusiones es fácil conseguir un efecto contrario al que deseamos, y no es otro que la defensa de las drogas por parte de tu hijo se convierta en una afirmación de su identidad.

.- Enseñar a los hijos a responsabilizarse de sus acciones es una de las mejores cosas que los padres podemos hacer mientras educamos. Responsabilizarse requiere asegurar a los hijos que siempre los vamos a apoyar pero que ellos tienen que asumir las consecuencias de sus actos. Para educar en responsabilidad necesitamos marcar una línea clara de lo que creemos que es tolerable y lo que consideramos intolerable en el tema de las drogas. La realidad es que al final va a ser nuestro hijo el que decida, el que tenga la última palabra.

6º.- Si tu hijo comienza a “flirtear” con las drogas no te paralices, no lo lleves en secreto. Busca ayuda. Habla con sus profesores, con la familia, con profesionales.  Entrar en contacto con las drogas en la adolescencia no es sinónimo de ser un drogadicto. Negar una realidad, sin embargo, sí que puede conllevar problemas mayores. Cuando tenemos problemas en la educación de los hijos necesitamos todas las manos. No te calles.

7º.- ¿Quién dijo miedo? Controlar el miedo que nos invade con las palabras drogas, adolescencia, alcohol…  Con miedo no se educa. Así que lee, infórmate, y manos a la obra. No hagamos tragedias de situaciones de apendizaje. Los adolescentes están en construcción, los escarceos con las drogas no son indicadores de ningún problema, son indicadores de que tu hijo o hija necesita que sus padres sigan educando: normas, valores, limites. Y esto lleva  su tiempo, no te desesperes.

8º.- Confía en ti, en tu capacidad para educar, en tu sistematicidad, confía en tu ejemplo, confía en tus enseñanzas. Y sobe todo confía en que tus hijos serán capaces de gobernar su propia vida. Pero hasta que llegue ese momento, recuérdales que no vas a mirar para otro lado, que siempre vas a decir: Drogas No.

9º.- No culpabilices a las amistades de tus hijos o hijas, considerándoles malas influencias. Prepárate para ser tú una buena influencia, una influencia que desde el cariño, la comprensión, envía mensajes claros respecto a cómo actuar, cómo decir no, como mantenerse firme en las convicciones. Y recuerda que las amistades son, para los adolescentes, lo mejor de lo mejor.  No rivalices, simplemente sigue ejerciendo tu tarea. Lo que tú les trasmites les queda dentro y hace más efecto del que tú crees.

10º.- Es un tema serio este de las drogas en el que los padres tenemos una responsabilidad durante un tiempo, el de la educación, luego serán nuestros hijos los que determinen qué y cómo quieren vivir.

¿Estás educando? Pues no pares, sigue. Somos muchos los que te apoyamos.

 

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10 ideas para educar con sentido común.

No hay método infalible para educar, lo que si hay son madres y/o padres que educan porque sin ellos los hijos andarán perdidos

En esta sociedad del éxito, de la felicidad, de la eficacia y la eficiencia, educar hijos se está convirtiendo es una especie de disciplina académica, un mastercheff educativo en la que el objetivo de la educación es la búsqueda de recetas para “cocinar” hijos que no den problemas, en vez de acompañar y guiar a los hijos en su tarea de construirse como personas adultas e independientes.

Es verdad que en la “ciencia” podemos encontrar ayuda para educar, mucha y muy buena, pero la ciencia no educa. Los que educan son personas que sirven de modelo, solo las personas pueden educar porque la educación es un acto de amor incondicional, de comunicación constante, algo cotidiano que se realiza 24 horas al día y 7 días a la semana.

Educar con sentido común es:

1.- Educar en presente e intentar no fantasear con un futuro que desconocemos.

2.- Dar ejemplo, la mejor herramienta educativa que tenemos para nuestros hijos. Lo demás son solo palabras y sermones.

3.- Entender que los hijos e hijas mientras los educamos nos pueden generar malestar, mucho malestar. Y que este malestar no es “castigo” sino parte de la vida natural de las personas. Los hijos no decepcionan, lo decepcionante es que los padres y madres les demos la espalda cuando aún no “están terminados”. Luego llegará un momento en que decidan cómo quieren vivir, esa es su responsabilidad.

4.- Centrarse en lo que haces como padre o como madre en vez de obsesionarte con lo que hacen tus hijos. La conducta de nuestros hijos lo que nos demanda es actuar como padres.

5.- Educar con sentido común, es entender que mientras se aprende aparecen muchas equivocaciones (aprendemos a ser padres y madres mientras nuestros hijos aprenden a ser personas).

6.- Entender que las lágrimas y los enfados de los hijos son inevitables. No les ahorres lágrimas, cómprales pañuelos y márcales bien clarito los límites y las normas.

7.- Tener confianza en uno mismo como educador y evitar culpabilizar a los demás.

8.- Hacer de la crianza un acto de generosidad, de empatía y no un tiempo de malestar.

9.- Que no existe ningún método infalible para educar, pero lo que sí es seguro es que sin madres y/o padres que eduquen nuestros hijos estarán perdidos.

10.- Educar con sentido común no es cuestión de tener certezas sino de tomar decisiones.

 Educar es una siembra, a veces, de cosecha lejana. No sembramos para obtener buenos frutos, sembramos para que los frutos aprendan a lidiar con las tormentas, los vendavales, las sequías. A lidiar con la vida. La vida pasa.

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Educa, y deja educar a los demás

Educar hijos es una tarea apasionante, pero todo lo que que se hace con pasión genera temor e inseguridad

¿Sabéis que es lo que necesita de verdad una madre y un padre que se inician en la tarea de ser padres? Que los dejemos vivir en paz su maternidad y su paternidad. A ser madre o a ser padre no te enseña nadie.  Es como muchas experiencias de nuestra vida: una construcción personal, única, individual, intransferible.

Padres y Madres  se las tienen que ver con una legión de entusiastas coaches (entrenadores), que les dicen constantemente, y sin el más mínimo pudor, qué es lo que tienen que hacer con sus criaturas, y que además también les recuerdan constantemente qué es lo que no están haciendo bien. Son sabios y sabias dispuestos a decirles qué, cómo, dónde y cuándo educar a una criatura.

Educar en soledad y rodeados de incomprensión: esta es la verdadera y triste historia de muchas madres y padres cuando se tienen que enfrentar a la cotidiana tarea de educar. “Os quejáis por nada. Cuando yo te tuve a ti no había los medios que tenéis ahora…”. Así comienzan muchas conversaciones después que una madre o un padre abra su corazón a alguien cercano, y les muestre su incertidumbre, su preocupación, sus dudas respecto a la manera en la que están educando a sus hijos; respecto a las dudas sobre cómo actuar ante los comportamientos de sus hijos mientras están siendo educados.

Educar a los hijos de los demás es una tarea muy sencilla, porque para los hijos de los demás tenemos muchas certezas respecto a cómo actuar. Veo a muchas madres y padres que dicen ufanos, ante una situación en la que un niño o adolescente se descontrola: “Si fuera hijo mío se iba a enterar”, mientras miran a esa madre o ese padre que está intentado educar con cara de esas que disparan la sentencia de “serámalpadre-malamadre”. Esto de educar a los hijos de los demás es tan fácil, que no hace falta ni tener hijos para aconsejar, guiar, incluso amonestar a las madres y padres dubitativos. Hay mucho coach por ahí suelto.

Más de una vez he dicho que este blog, aunque se llama Escuela de Padres, aquí no se enseña nada, lo que pretende ser es un espejo para padres y madres, un espejo donde podemos mirarnos, no para aprender algo que no sabemos, sino para reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que hacemos, lo que sentimos mientras educamos, con el objetivo de motivarnos  en la tarea de ejercer de padres.

Los padres y madres que educan necesitan comprensión. No es tarea fácil. No es sencilla, no está ausente de situaciones dolorosas, de miedos descontrolados. Pero mala ayuda es la que sólo juzga; mala ayuda es la que sólo critica. Mala ayuda la que solo compara. Si los padres quieren coger a su criatura en brazos, déjalos y no le digas “lo vais a acostumbrar a los brazos” como si, entre los brazos de una madre/de un padre, se estuviera mal. A mí me gusta que me abracen, y no veo que sienten mal los abrazos.

Los padres y madres que educan necesitan que se les trasmita confianza, que se les refuerce en la idea de que van a ser competentes para criar a sus hijos. Así que, cuidadito con los comentarios críticos, irónicos, con aire de suficiencia. Si una madre o un padre necesitan algo es confianza, sentir que los demás les apoyan porque están convencidos que srán unos estupendos padres y madres para sus hijos.

Hay mucha tontería e idealización de la paternidad y la maternidad. Criar hijos es una tarea apasionante, pero todas las cosas que se hacen con pasión conllevan malestar, miedo e inseguridad. Esto lo sabemos todos los que hemos criado hijos pero parece que, con los años, se nos olvida y entonces nos sale eso del “os quejáis por nada”, “cuando yo…” y otras historietas de lo fabuloso que éramos en la antigüedad.

Anima, anima a educar, anima a que tengan paciencia los nuevos educadores, anima a que sean perseverantes, anima en los momentos difíciles, y hazles sentir competentes. Y, sobre todo, recuérdeles que equivocarse cuando educamos a los hijos, es lo que nos hace cambiar el rumbo.

Y si a pesar de todo, te viene alguien y se empeña en decirte “erre que erre” cómo tienes que hacerlo, no lo dudes ni un momento, ¡mándalo a tomar por coach!

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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