¿Quién se llevó los tesoros de la Sierra de Gata? | Extremadura Secreta - Blogs hoy.es

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Israel J. Espino

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¿Quién se llevó los tesoros de la Sierra de Gata?

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

 

La bella Sierra de Gata ha sido desde siempre un sitio ideal para ocultar tesoros, y son muchos los que se han buscado y se han hallado, bien siguiendo la tradición oral y las leyendas o bien fiándose de los famosos Libros del tesoro. En uno de ellos se puede leer que

 

en el salto del moro otro saltito pequeño delante hallarás una señal y debajo de ella mucho haber.

 

 

 

El ya casi legendario investigador Don Vicente Maestre localizó a mediados del siglo XIX este salto cerca de Santibañez el Alto. En él hay cuatro herradas grabadas en una peña a la izquierda del camino y a la derecha se encuentra un cancho redondo con letras arábigas.

Piedra grabada en la Sierra de Gata (Jimber)

 

El sitio lo encontró, pero no el haber, porque todo el pueblo sabía que  hacia el año 1830 sacaron de allí el tesoro unos franceses que venían vendiendo añil. Suponemos que los galos aparcaron para siempre el negocio del añil y se dedicaron a vivir la vida loca gracias al tesoro extremeño.

 

No fue este el único tesoro encontrado en este pueblo, pues en un lugar denominado El pozo de la piedra se afirma que existió una antigua morería, y cuenta el investigador Félix Barroso  que, cierto día, al arar un lugareño cerca del nacimiento de las Fontanillas o Juntanillas se hundió uno de los bueyes, apareciendo los consabidos pucheros con las onzas o polvo de oro.

 

Animado por tal aparición de tesoros, en 1849 un tal Jacinto Pascual, que también tenía en su poder un  libro de tesoros, decide buscar uno de ellos, ya que en el libro se afirma que

 

En Villamiel  está una calle llamada Ponte Petre está un molino o lagar de vino debajo de adonde cae el peso está una tinaja con oro.

 

El tal Pascual, ni corto ni perezoso, se plantó en Villamiel y buscó la calle y el lugar. En ese año vivía en la casa de dicha calle, donde estaba el lagar de vino, un pobre herrero sin más propiedad que sus aperos de trabajo. Pascual habló con el herrero, y este le invitó a su casa una noche para explorar el lagar. Cavaron a la luz mortecina de velas y lamparillas y encontraron tierra movediza y ladrillos, y un caño argamasado. Entonces el herrero, con el pretexto de que llegaba el día, despidió a Pascual y a sus compañeros quedando en avisarlos para continuar con la exploración. Nunca más se supo del herrero, solo que al poco tiempo se compró la casa y alguna otra finca.         

Si hay un lugar abundante en tesoros es el monte Jalama (Jimber)

 

 Pero si hay un lugar marcado por la equis del tesoro es sin duda es el  legendario monte Jalama, donde por las mismas fechas, un vaquero encontró casualmente una cueva de ladrillos cocidos llena de oro, que se encontraba oculta a ocho pasos al poniente de la Fuente de Hinchecuartillos.

En la subida al castillo de Trevejo se encontró un tesoro en un arca de piedra (Jimber)

 
 

 

 

 

 

También es vox populi en Trevejo que en la caja de piedra que se encuentra a la izquierda de la subida al castillo se encontraba repleta de joyas valiosísimas, y que en las inmediaciones alguien descubrió una olla repleta de oro en polvo que se volatilizó al romperla.

Son todos estos encuentros con riquezas escondidas los que animan a los buscadores a pensar que los tesoros que están descritos en los libros existen realmente. Uno de ellos decía que

 

Las fuentes de Gata también marcan tesoros (Jimber)

En la fuente de Navamajada, por cima de ella hay dos peñascos naturales a modo de postes y en uno de ellos grabada una bigornia y en medio de los dos una tinaja con 6 arrobas de oro.

Jacinto Pascual Perez, vecino de Valverde del Fresno, hombre sencillo, veraz y honrado,  aseguraba en 1860 que la fuente se encuentra en la Sierra de las Mesas, a una legua de Valverde, y que él vio la bigornia (un yunque de dos puntas) grabada y el hueco de la tinaja que contenía el tesoro, que para su desgracia ya había sacado algún avispado buscador.

 

Y es que en Valverde del Fresno parecen haberse encontrado ya varios hallazgos, y varios de ellos aparecían en libros de tesoros:

 

En la fuente del Salgueral que tiene por arriba un comaro y a seis pasos para el mediodía hallarán en el mismo comaro una pila de ladrillos cubierta con argamasa embutida cubierta de cantería y dentro tres arrobas de oro con un Almofraris apertrechado de oro.

 

Para que no se piensen que sufren dislexia repentina, les traduzco: Un comaro, en portugués, es un cerrito o pequeño montón de tierra, y un almofraris es un almirez. Pues bien, parece ser que por el año 1820 unos desconocidos fueron de noche a sacar el tesoro, y como fueron casualmente sorprendidos por un vecino, huyeron llevándose el oro y dejando el aúreo almirez.  Nuestro insigne Don Vicente Maestre se encaminó (una vez más) en su busca y al parecer llegó tarde (una vez más) y solo encontró los restos de donde estuvo oculto el tesoro y los testimonios de dos lugareños que afirmaban haber visto el almirez con sus propios ojos. Triste gracia.

 

Por si fueran pocos, otro tesoro se encontró en las cercanías gracias, una vez más, a los indicios de los libros de tesoros:

En el valle claso o craso en un camino grande hay una losa o piedra con herraduras debajo de ella hay 4 arrobas de monedas a estado y medio de hondo.

Al parecer, este valle está entre Valverde y Eljas, y alguien buscó el tesoro y lo sacó, pues cuando llegó Maestre solo encontró… el agujero. 

Cerca de Cadalso  está la torre árabe conocida como Almenara de Gata y antes conocida como Alafurin de Gata. En sus ruinas puede que aún queden tesoros, pero al menos uno de ellos ya fue encontrado en el siglo XIX por un escribano, quien lo localizó gracias a otro libro de tesoros bajo un guijarro blanco a la entrada de la torre. El nombre y la procedencia del afortunado escribano le fueron confesados a Maestre, pero nuestro amigo, imaginamos que ofuscado por llegar tarde por enésima vez, no lo escribió y desapareció de su memoria. Y por ende, de la nuestra.

 

Con otro de estos áureos hallazgos fue con el que se topó en 1939, según nos cuenta Mateo de Porras,  el niño Félix Sánchez Moreno, quien se encontró , sin comerlo ni beberlo, cinco barras de oro con un peso total casi dos kilos, barras que  fueron depositadas por el alcalde de Eljas en el Banco de España. Al niño, que quede claro, se le dio una recompensa.

 

Pero el niño Félix no fue el único en hallar tesoros en Eljas. Muchos de ellos se encuentran gracias a un gato (que para eso estamos en su sierra) que marca el tesoro

porque varias veces algunos afortunados han dado inconscientemente con el gato, pasando en un periquete de un estado indigente a la opulencia, con el hallazgo de tesoros; citándose, entre otros, a un revendedor de paños de Torrejoncillo, llamado Dionisio Martín; a un Francisco Ramos, apodado el Chochero, y a un Francisco Rolán, a quienes la loca Fortuna escogió por favoritos.

Suerte tuvieron El Chochero y sus amigos, aunque seguro que ni todo el oro del mundo le libró de ese apodo. 

 

Yo, por mi parte, sigo pateando la sierra buscando gatos por todas partes, esperando a que la loca Fortuna me escoja entre sus favoritas. Aunque me temo que este paso la loca seré yo. La loca de los gatos. Y si no al tiempo.

 

 

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


abril 2013
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