El Duende Jampón y el Zamparrón: cuando tiembla la despensa | Extremadura Secreta - Blogs hoy.es

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Israel J. Espino

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El Duende Jampón y el Zamparrón: cuando tiembla la despensa

Ilustración: Borja González Hoyos

Si en Extremadura tenemos duendes ruidosos, también hay otros que no lo son. Tienen los pies enormes, como los Frailecillos, y un apetito desmedido, como los trasgos, aunque, como casi todos los duendes, hace la vida  imposible a las sufridas amadas de casa extremeñas.

 

 Es el Duende Jampón, que según recoge el investigador Félix Barroso es tan pequeño que no levanta dos palmos del suelo, aunque su escaso tamaño no es óbice para que su apetito sea descomunal y continuo, sobre todo durante la noche.

 

Tiene unos pies enormes, más grandes que el cuerpo, por  lo que duerme de pie, durante el día, esperando a que el sol se oculte para saciar su hambre voraz.

 

De hecho, y según afirmaba el Tío Goyo, vecino de Nuñomoral, que el Duende Jampón tenía que comer al día siete arrobas de comida, aunque él no pesaba ni media arroba.

Al Duende Jampón le gustan las cocinas extremeñas (A. Briz)

 

Si en una casa aparecen las patatas o el tocino roídos o mordisqueados no cabe duda de que el Duende Jampón anda, como adolescente deportista, trasteando por la cocina. Y tanta hambre gasta que no le hace ascos ni al pienso del ganado.

 

Y por eso, antes se decía en los pueblos:

 

     Eres como el Duende Jampón:

lo mismo te da el tocino que el jamón.

 

Echarlo de casa es difícil (como a los adolescentes, sean deportistas o no), pero sí que existe un método que ya conocemos para asegurarnos de que es el Duende, y no las ratas, quien acaba con nuestra despensa.

 

¿Recuerdan al Duende Mamón? ¿Y a las culebras mamadoras? Pues el método es el mismo: llenar el suelo de ceniza y esperar a la mañana siguiente. Si el culpable es el Duende se verán sus enormes pisadas en el suelo de la cocina.

 

Otro que tal traga es el desagradable Zamparrón, con cara de ogro y voz gutural, y de una voracidad insaciables. Afirma Flores del Manzano que está hecho de una materia elástica, porque su cuerpo tiene la capacidad de encogerse y estirarse para poder introducirse en las viviendas  por los agujeros y por ventanucos.

Su estómago nunca se llena, porque cuanto más comida se mete, más se estira. Vive en la intemperie, pero cuando le entra el hambre se cuela en las casas para zamparse todo lo que se encuentre, especialmente a las personas, y concretamente, a los tiernos, tiernos niños… aunque realmente no los mastica, sino que los succiona hacia lo más hondode su estómago sin fondo.

Al igal que el Duende Jampón, acostumbra a esconderse en las despensas, esta vez del Valle del Jerte, donde espera agazapado a que suban los niños a buscar su merienda.

Por cierto, que para todos aquellos que me preguntan sí realmente creo en estos seres que pululan por las páginas de Extremadura Secreta, me remito (con un pequeño guiño hacia nuestros lectores del País Vasco), a una sentencia popular de aquellas mágicas tierras que todavía se conserva y que se refiere a todos estos seres fantásticos:

 

“No hay que creer que existen, pero nunca hay que decir que no existen”.

 

Pues eso.

Yo, por si acaso, cerraba la alacena.

¿Quieres más mágia castúa? http://extremadurasecreta.com/

 

Una puerta abierta a nuestros mitos

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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