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La misteriosa luz de la laguna de Magacela
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Israel J. Espino | 10-04-2015 | 19:45

 

Ilustración: Borja González

Magacela es un precioso pueblo extremeño que tiene de todo: pinturas rupestres en sus abrigos rocosos, castillo legendario con cementerio incluido, sepulcro prehistórico con figuras grabadas, estela  de  guerrero cornudo… y extrañas luces que llevan siglos (y quizás milenios) sobrevolando una zona muy concreta al pie de la montaña.

Todo empezó hace miles de años,  cuando nuestros antepasados prehistóricos dibujaron en el abrigo de la Peña del Águila a un extraño personaje con cuernos al que se ha identificado con un brujo o chamán. Y unas líneas de agua. Y un sol con estela. Danzas, enterramientos, estelas, astros, ídolos y brujos que aún hoy nos gritan en silencio sus motivos, aunque no consigamos entenderlos.

Ya en el llano, en el lugar donde aparece la extraña luz,  construyeron un sepulcro megalítico, un dolmen de corredor en el que también dejaron constancia de soles y serpientes y extrañas líneas parecidas a cometas que surcan algunas de sus piedras.

El dolmen de Magacela (A. Briz)

Estos soles y líneas onduladas, ocultos durante milenios bajo una colina artificial, adquieren una extraña claridad cuando descubrimos, muchos siglos después, la apasionante historia del Fray Diego Becerra de Valcárcel, Prior de Magacela en el año 1684, quien decide escribir en un libro los curiosos relatos de los lugareños que afirman que, desde tiempos inmemoriales, una extraña luz se adueña de esta zona cuando el sol se esconde.

La laguna de los Santos, en Magacela (Ángel Briz)

       “En una laguna que està en la falda de la Sierra de Magazela se ve una luz muy resplandeciente, que es del tamaño de la que dà una hacha de quatro pavilos, y suele hazer unos circulos en aquel lago, y se consume, ò desaparece en un sitio contiguo, que llaman del Texar, y otras vezes sale de la laguna, y pasa el camino á baxo de la Hermita de nuestra Señora de los Remedios, hasta una piedra larga, y angosta, que està con èl con unos caracteres antiguos, y buelve al texar, donde se consume.”

Tras tomar declaración ante notario a diez testigos, que juran haber visto la extraña luminaria, el prior decide, en un arrebato tan piadoso como incomprensible, que estas extrañas luces son las señales que indican que allí se encuentran los restos de San Aquila y de su esposa Santa Priscila, santos romanos que, según afirma el prior sin ninguna base histórica, sufrieron martirio en Magacela en el año 95.

Vista de Magacela desde el dólmen (Ángel Briz)

Envuelto en un fervor casi místico, el prior llama a lo más granado de la sociedad de la época para que sean testigos del prodigio. Caballeros de la orden de Alcántara, notarios de la Santa Inquisición, vicarios del priorato, alcaides de la zona, abates, licenciados y hasta fiscales generales del priorato… Todos se reúnen para contemplar la aparición de las supuestas reliquias que deberían estar bajo la extraña lápida grabada con misteriosos caracteres.

La expectación es máxima cuando los obreros elevan la losa y se encuentra debajo unas piedras en forma de acueducto, pero cuando deciden seguir cavando… Su gozo en un pozo (nunca mejor dicho) porque después de cincuenta días soleados se desencadena tal tormenta y lluvia que “aquel dia despidieron las nubes tanta agua y se ha continuado despues en abundancia tal, que no se pudo trabajar mas, por averse llenado de agua el sitio que se abriò, donde estava la losa”.

Pero no hay mal que por bien no venga, porque la lluvia obliga a tan ilustres personajes a pernoctar en Magacela, y esa misma noche son testigos de la misteriosa luz que, saliendo de la laguna, sobrevuela la colina del dolmen.

El prior considera que estas fuertes lluvias  repentinas son una señal del cielo para que no se continúe con las excavaciones, y aunque nunca consigue encontrar los restos, da nombre a la laguna (que desde entonces se llama laguna de Los Santos) y nombra a San Aquila y a Santa Priscila patronos del pueblo, ordenando levantar una ermita cerca de la laguna, (de la que hoy sólo se conserva la estructura) para que se celebren cultos en su honor, declarando como fiesta el ocho de julio, conocida hoy como “la fiesta de Los Santitos”.

La laguna de los santos, el merendero, el dolmen y el tejar de Magacela (A. Briz)

Y así vemos como, una vez más, un lugar sacralizado por nuestros antepasados más remotos termina siendo santificado por la iglesia, y laguna, ermita y dolmen terminan dibujando un triángulo mágico en el que unas curiosas luminarias campan a sus anchas desde hace siglos.

Y digo bien cuando afirmo que siguen campando, porque las luces se siguen apareciendo, y es tan lento su paseo aéreo que hasta se deja fotografiar.

Los nuevos testigos de la luz del lago 

Miguel Angel Tena fue testigo de la luz en 2011 (Israel J. Espino)

Atardece el 17 de octubre de 2011. Miguel Ángel Tena, de Castuera, y Ginés Mateo y Chelo Benítez, de Quintana de la Serena,  se encuentran en el dolmen de Magacela observando sus extraños grabados.

No  han oído hablar nunca del prior de Magacela, ni conocen la leyenda. Jamás escucharon nada de las extrañas luces, pero eso no es óbice para lo que les va a ocurrir esa noche. La oscuridad comienza a envolverlos, pero los tres deciden quedarse dentro del dolmen, sentados, relajados. De pronto, sobre las 21,00 horas, Chelo ve algo en el cielo.  Una luz intensa, blanca, muy baja, se está acercando lentamente desde la laguna y pasa silenciosamente sobre sus cabezas en dirección al tejar.

La luz de Magacela (Miguel Angel Tena)

“No era nada que hubiese visto antes”, me cuenta Miguel Ángel.  Y, ni corto ni perezoso, saca el teléfono móvil y consigue fotografiar la luz cuando ya se está alejando.

Ginés todavía se emociona cuando lo recuerda, y coincide con Miguel Ángel: “No había visto nunca nada igual”. Los tres, en ese momento, relacionan la luz con el fenómeno ovni.

Mary Gutierrez observó una esfera de luz en en lugar en 2014 (Israel J. Espino)

Tres años más tarde, en octubre de 2014, hay un nuevo testigo de la extraña luminaria. Mary Gutiérrez, que se encontraba junto a un grupo de amigos en el pequeño merendero que separa la laguna del dolmen, observa una extraña bola de energía que cruza por detrás de sus compañeros. La luminaria va  y viene tres veces antes de desaparecer.

La leyenda ha vuelto a convertirse en realidad. Lo que parecía un cuento perdido en un  legajo polvoriento ha demostrado, una vez más, seguir existiendo al margen de la lógica, de los hombres, y de los siglos. La luz de Magacela sigue viva.

 

 

Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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