Hoy
img
Autor: Alista
La reina Coñori, las amazonas y los extremeños tuertos
img
Israel J. Espino | 18-02-2018 | 3:28| 6

 

Ilustración: Borja González

Ilustración: Borja González

Cuando hablamos de amazonas todos tenemos en mente el mito clásico de las bellas mujeres guerreras que se cortaban un pecho para poder disparar mejor sus arcos (de hecho, existe una etimología popular según la cual su nombre procede del “a-mazos”, es decir, “sin pechos”).

Aquellos que hayan sentido curiosidad por este pueblo de mujeres y haya seguido indagando, habrá descubierto que la leyenda cuenta que para evitar la extinción de su raza, las amazonas visitaban, una vez al año, a una tribu vecina, y copulaban con ellos. Si de estas uniones nacían niños varones, se sacrificaban o se devolvían a sus padres, pero si nacían niñas las conservaban, eran educadas por sus madres y se las adiestraba en las labores de campo, de la caza y de la guerra.

 

Marco Polo, en el siglo XIII habla de esta tribu estrictamente femenina que vivían en una isla, Isla Mujer, pero como ocurrió con otros seres mitológicos como los hombres salvajes, las amazonas, a medida que el hombre conquistaba nuevos territorios y las fronteras cada vez estaban más alejadas, fueron alejándose también, retirándose a los confines del mundo conocido. Y cuando llega la Era de los Descubrimientos, la imaginación popular las traslada a las nuevas tierras recién descubiertas, más  allá del océano.

A las amazonas se las mencionan ya en el primer relato europeo sobre América, el diario del Primer Viaje de Cristóbal Colón. En su entrada del 16 de enero de 1493 escribe, supuestamente en base al testimonio de los pobladores nativos, una versión similar a la descripción que siglos antes había realizado Marco Polo.

El extremeño Hernán Cortés, conquistador de Méjico, refiere al rey de España Carlos V en 1524 una nueva ubicación del mito de las amazonas: Cihuatán, al Noroeste del Valle de México.

Y así mismo me trajo relación de los señores de la provincia de Cihuatán, que se afirma mucho de haber una isla poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres que con ellas han acceso…y si paren mujeres las guardan; y si hombres, los echan de su compañía

Amazonas en un grabado de Theodore de Bry

Amazonas en un grabado de Theodore de Bry

Dos décadas después, la expectativa de encontrar las amazonas en el Nuevo Mundo seguía intacta. Otro extremeño, esta vez el sacerdote  trujillano Gaspar de Carvajal, acompaña al conquistador español Francisco de Orellana (también extremeño y trujillano) por río Marañón en Sudamérica, en 1542. El sacerdote narra en sus escritos como en esta expedición sufrieron el ataque de mujeres guerreras que desde la orilla le disparaban dardos de cerbatanas y flechas.

“Estas mujeres son muy altas y blancas y tienen el cabello muy largo y entranzado y revuelto a la cabeza : son muy membrudas, andaban desnudas en cueros y atapadas sus vergüenzas, con sus arcos y flechas en las manos, haciendo tanta guerra como diez indios, y en verdad que hubo muchas de éstas que metieron un palmo de flecha por uno de los bergantines y otras menos, que parecían nuestros bergantines puerco espín.”

Muy inventada no tuvo que ser la cosa, porque el pobre sacerdote perdió un ojo en esta aventura. El mismo triste destino que había sufrido en otra batalla otro insigne conquistador trujillano: Francisco de  Orellana,  que recibiría el sobrenombre de “el tuerto del Amazonas”.

Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas

Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas

En uno de los combates con estas tribus vieron mujeres que animosamente peleaban como capitanes delante de los indios, a las cuales consideraron, por las referencias anteriores, como las amazonas, por lo que decidieron dar ese nombre al rio que estaban navegando.

    Retomando el tópico de la relación entre las amazonas y los hombres, Carvajal cuenta como el capitán interroga a un indio sobre esta tribu de amazonas:

“Y el capitán le preguntó (a un indio) que si estas mujeres parían : él dijo que sí. Y el capitán dijo que cómo, no siendo casadas ni residiendo hombres entre ellas, se empreñaban : el indio respondió que estas mujeres participaban con hombres a ciertos tiempos y que cuando les viene aquella gana, de una cierta provincia que confina junto a ellas, de un muy gran señor, que son blancos, excepto que no tienen barbas, vienen a tener parte con ellas (…)  y que están con ellas cierto tiempo y después se van. Las que quedan preñadas, si paren hijo dicen que lo matan o lo envían a sus padres, y si hembra que la crían con muy gran regocijo, y dicen que todas estas mujeres tienen una por señora principal a quien obedecen, que se llama Coñori.”

El indio sigue contando como en la ciudad donde reside la reina Coñori había cinco casas del sol, donde tenían sus diosas de oro y de plata. Estas casa, desde los cimientos hasta medio estado en alto, estaban planchadas de plata todas a la redonda, y los bancos también era de plata, y los techos de estas casas están forrados con plumas de papagayos y de guacamayas.

Lo cierto es que los extremeños no llegaron nunca a encontrar este famoso pueblo de las amazonas, a pesar de que Orellana, una vez que volvió a España, consiguió que le nombrasen gobernador de aquellas tierras.  Y regresó a ellas,  quizás con la esperanza de conocer por fin  a la hermosa reina Coñori y a su pueblo de bellas mujeres blancas con templos de paredes de plata y  tejados de plumas.

Pero el hombre propone y los dioses disponen, y Orellana perdió la vida en el mes de los muertos de 1546, intentando remontar el Amazonas. La selva, el rio y las diosas de oro y de plata de los templos perdidos se cobraron su tributo de sangre , y la tribu de las mujeres guerreras se disolvió, una vez más, en las brumas  del mito y la leyenda.

 

 

http://www.cervantesvirtual.com/obra/descubrimiento-del-rio-de-las-amazonas–0/

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/pdf/gaspardecarvajal.pdf

 

 

 

Ver Post >
Los muertos inquietos de Mérida: Que la tierra te sea pesada
img
Israel J. Espino | 11-01-2018 | 8:51| 6

 

Ilustración de Gustav Doré

Ilustración de Gustav Doré

“Apenas puedo creerlo, pues dicen que nuestros abuelos salieron de las tumbas, quejándose en el transcurso de la noche silenciosa. Dicen que una masa vacía de almas desfiguradas recorrió aullando las calles de la ciudad y los campos extensos”.

No se trata de una escena de ninguna película de serie B, sino de un texto del mismísimo Ovidio, en el que advertía a sus contemporáneos del peligro de olvidar unas buenas pompas fúnebres.

Hace ya algún tiempo el arqueólogo y conservador del Museo Nacional de Arte Romano, Jose Luis de la Barrera, me comentaba algo que me hizo pensar: “La imagen que tenemos de los romanos sentados plácidamente leyendo los epitafios de las tumbas hay que desterrarla drásticamente, porque realmente el romano pasaría a galope tendido por allí. El romano era un hombre miedoso. Huía de las tumbas. Las temía”.

Y es que como ya comentamos, el romano, más que a la muerte, teme a la mala muerte, y a lo que esta conlleva. Un mal entierro, sin observar los ritos adecuados, podía convertir a un muerto en un lémur, una larva, un fantasma.

El romano no teme a la muerte, sino a la mala muerte. Funus de Emérita Lvdica. (A. Briz)

El romano no teme a la muerte, sino a la mala muerte. Funus de Emérita Lvdica. (A. Briz)

 

El romano teme a “la infamia”, que no le permite estar enterrado en el mismo sitio que los demás, como parecen demostrarlo las fuentes escritas cuando nos hablan de rituales específicos destinados a conjurar el peligro potencial de determinados tipos de muertos, como bien ha estudiado, entre otros, la doctora en Historia Antigua Silvia Alfayé. Serían “marginados”, a los que se daba sepultura en áreas diferenciadas (probablemente de noche y poco menos que a escondidas), o conforme a ritos que los distinguían peyorativamente de sus coetáneos, como criminales, ajusticiados (pasados a espada, decapitados, asfixiados, o ahorcados), suicidas, discapacitados, enfermos contagiosos (lepra, tuberculosis, demencia, rabia, porfiria), individuos que desempeñaron trabajos o actividades infamantes, como enterradores, hechiceros, magos, actores o simplemente muertos prematuros, olvidados de los dioses y un peligro potencial para los vivos, sobre todo los más cercanos.

Efectivamente, y como me contaba la arqueóloga y conservadora del Museo nacional de Arte Romano Pilar Caldera, a los ajusticiados se les da la mala muerte, y no cumplen uno de los principales rituales, que consiste en depositarlo en el suelo cuando está agonizando, para que sea acogido por la madre tierra.

Enterramiento en el MNAR (Ángel Briz)

El cadaver debe reposar en la tierra. Enterramiento en el MNAR (Ángel Briz).

Los que han muerto colgados o crucificados (que no tocan el suelo a la hora de su muerte), los que han muerto de enfermedades extrañas o deshonrosas, y también los niños, los inmmaturis (espíritus iracundos porque no se les ha dado la posibilidad de terminar el recorrido de su vida) tienen todas las papeletas para volver de la tumba. Una forma de conjurar ese peligro es con la fórmula “sid tibi terra gravis” “que la tierra te sea pesada”.

¿Cómo se conseguía esta “tierra pesada”? Pues realizando una serie de ritos que, a lo largo de la historia y según afirma el arqueólogo Enrique Gonzalez Cuenca, han sido interpretados a lo largo del tiempo en clave “vampírica” o “revenántica”,  y suelen consistir en tumbas con muertos decapitados (o mutilados de alguna otra forma), con piedras en la boca, dispuestos en decúbito prono, inmovilizados con grandes piedras o clavados al suelo.

Una de las formas más sencillas de mantener a los muertos a raya es enterrar el cadáver en decúbito prono (es decir, boca abajo, con el rostro hacia el suelo), de tal manera que, si intenta salir de la tumba, cada vez se hundirá más y más en la tierra. Aunque no está publicado aún, el Doctor en Geografía e Historia Desiderio Vaquerizo ha adelantado que en Mérida se ha encontrado una decena de cadáveres decapitados (probablemente de ajusticiados) y enterrados boca abajo, “porque el ser humano tiene mucho miedo a aquello que no puede gobernar. Y el mundo de ultratumba no se gobierna desde aquí, se gobierna desde allí”.

El arqueólogo Miguel Alba recuerda que así apareció un cadáver romano en la zona del Camarín, en plena Vía de la Plata, pasando el río Albarregas, (“los fantasmas tienen problemas para atravesar el agua”, me recuerda Miguel, guiñándome un ojo). La sepultura tenía la inhumación hacia abajo, lo que se interpreta como una especie de castigo, aunque reconoce que es extraño que hayan aparecido con su depósito funerario.

 

Pero no solo los romanos temen a sus muertos. La arqueóloga Yolanda Picado se encontraba analizando el lugar donde se iba a hacer una carretera en los alrededores de Esparragalejo, a las afueras de Mérida, cuando se encontró con algo que no esperaba: un cementerio musulmán con un enorme número de cadáveres enterrados boca abajo, y con los brazos colocados de manera antinatural. La construcción de la autovía y el hecho de que las tumbas se encontrasen en un terreno privado cortaron de lleno un estudio que podía haber dado más de una sorpresa…

Otra forma de impedir que los muertos vuelvan a la vida es colocar clavos que fijen el cuerpo a la tumba, para que este no acompañe al alma en ningún viaje no deseado. Como me contaba Calderaen las tumbas se pueden encontrar clavos con distintos significados: los clavos del ataúd y los clavos del bronce, que fijan el alma al cuerpo porque no es deseable que acompañen al cuerpo, o bien fija, mata, sujeta a los espíritus que puedan ser molestos, por esos están clavados alrededor de la cabeza del difunto o en los hombros”. Caldera afirma que al menos una calavera apareció con un clavo en el cráneo, y otras con la cabeza separada y puesta entre las piernas, en la zona de los Bodegones. Jose Luis de la Barrera también me confirmaba la idea: “se ponían clavos mágicos para evitar que el cadáver resucitase”.

Clavos mágicos para sujetar al difunto a la tierra. MNAR. (Foto Ángel Briz)

Clavos mágicos para sujetar al difunto a la tierra. MNAR. (Foto Ángel Briz)

Otro de los métodos para evitar que los muertos salgan de sus tumbas es el de inmovilizar el cadáver con una piedra. En Mérida la arqueóloga Juana Márquez se encontraba excavando la tumba A-19 de la necrópolis de Albarregas, en Mérida, cuando se encontró con la sorpresa: una enorme piedra colocada sobre las piernas de un niño de menos de 3 meses.

Los niños en época Altoimperial romana son considerados muertes prematuras porque son muertes antes de tiempo, muertes raras, extrañas, como las los suicidas. Y hay rituales de magia que se realizaban aprovechando enterramiento infantiles. Márquez me asegura que “si el enterramiento fuera de época Aaltoimperial, podría asegurar que la piedra estaba ahí para impedir que el niño se levantara como sucede con otros cadáveres con piedras encima, o con algunos muertos con clavos, pero al ser un enterramiento Tardoromano es difícil de demostrar, y es aún más difícil poder fecharlos, porque no tienen deposito funerario”.

Tumba infantil aparecida en la necrópolis de Bodegones con piedra sobre las piernas (Foto: Consorcio de Mérida)

Tumba infantil aparecida en la necrópolis de Bodegones con una piedra sobre las piernas (Foto: Consorcio de Mérida)

Así que, aunque Márquez afirme que puede haber una posibilidad de que esa piedra no tenga nada que ver con rituales mágicos, De la Barrera opina que “a tenor de otra serie de ejemplos de otros lugares del Imperio (no solo en época romana sino también en época posteriores) se ha interpretado como un método mágico, para evitar que personas que no habían alcanzado aún una determinada edad o que tenían una serie de características excepcionales pudiesen salir de la tumba y atormentar a los vivos. Esas piedras aparecen no solo en niños, sino también en personas mayores, es decir que lo que se pretendía era no sólo reforzar el espacio, sino también la salida de la tumba”.

Los romanos creían que el espíritu de un niño muerto prematuramente podía ser invocado contra un enemigo, y que los muertos volvían como fantasmas. Y volvían no sólo en espíritu, sino en cuerpo y alma, a menudo para terminar algo.“Los romanos entendían que el alma volvía a poner en movimiento el cuerpo para determinados fines, como la resucitación de cadáveres –continúa contándome Caldera- , sobre todo cuando morían de muerte violenta. Gracias a una ceremonia de brujería se le ordenaba que volviera a la vida durante el tiempo necesario para preguntarle sobre el porvenir”. La necromancia, la adivinación a través de los muertos, viene de lejos.

Caldera va más allá y afirma que ésta no es la única tumba emeritense con piedras colocadas a propósito para inmovilizar a los muertos. Y que las hay, no solo romanas, sino también hasta el siglo XVII.

Y anteriores también. Porque a escasos kilómetros de Mérida, en Almendralejo, hallamos un difunto de la Edad de Bronce al que destrozaron el cráneo con una gran piedra. Se encontró en la Cista VI de la Necrópolis de Las Minitas, y en esta ocasión carecía de ajuar funerario.

Y es que como bien afirma el arqueólogo Enrique Gutiérrez Cuenca en su proyecto Mauranus, “ahora que ya sabemos que los muertos “reviven” y nos visitan, conviene tener presentes algunos trucos para ponérselo más difícil. Una de las formas de prevenir el retorno de un cadáver parece haber sido la colocación de algún tipo de objeto en su boca. El porqué no queda claro, ya que aunque resulta que, según una opinión muy extendida en la Europa preindustrial, los muertos mastican (sí, sí, mastican), esas cosas que se meten en sus bocas al enterrarlos y que tienen como función evitar que hagan daño a los vivos, pueden servir tanto para que las masquen (y así se entretengan) como para evitar que muerdan y se devoren a sí mismos o a otros cadáveres. O a los vivos…”

Varios arqueólogos que han trabajado en Mérida, entre los que se encuentran Caldera y Picado, no dudan en afirmar que sin duda han aparecido en esta ciudad cadáveres con piedras en la boca. “El problema – afirma Caldera- es que hasta hace bien poco no existía una gran sensibilidad hacia lo mágico. Los temas de magia, aunque se sabe que es una constante, no son algo que haya tenido un gran predicamento a pie de excavación”. Por eso, como mucho, en algunos estudios se limitan a poner “cabeza fuera de su lugar”, sin considerar si fue colocada ahí a propósito ni por qué se hizo”.

Y es que, como afirma Vaquerizo, en las excavaciones “hay que hacer las preguntas correctas, porque si no, la tierra no habla”. Como en la vida misma.

 

 

 

 

 

 

Ver Post >
La Chicharrona de Las Hurdes, Señora de las Matanzas
img
Israel J. Espino | 05-12-2017 | 6:02| 6

 

La Chicharrona, bajando de la sierra (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

La Chicharrona, bajando de la sierra. (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

 

VER GALERÍA COMPLETA AQUÍ  (AUTOR: JORGE ARMESTAR)

Sopla un viento helado y cortante que desciende desde la sierra de las Corujas, una montaña mágica y legendaria en la comarca extremeña de Las Hurdes. Allí, al pie de su cumbre, tiene su gruta la Chancalaera, hermanastra mitológica de la Serrana de la Vera, harpía extremeña mitad mujer y mitad ave que seduce a los hombre para luego matarlos.   Pero hoy la Chancalaera permanece oculta en su guarida, porque quien desciende de la sierra es otra extraña figura femenina: La Chicharrona.

Su nombre, “Chicharrona”, le viene por su relación con uno de los rituales más enraizados en la cultura rural extremeña: La Matanza. Con la ella llegan las mantecas, y con las mantecas del cerdo se hacen los chicharrones, unos deliciosos bollos de harina y azúcar.

Suele encarnarse cada año en alguna vecina hurdana, habitualmente moza de cierta belleza y con las características que la tradición y el legado de los antepasados asignan a este personaje, una mujer de cabellera rubia y larga. Es La Chicharrona una mujerona silvana y mitológica, vestida de pieles de cabra, que cubre su pajiza cabellera con un viejo gorro de piel de zorra o pelo de lobo, y que calza unas enormes “chancáh”, una especie de zuecos o antiguas almadreñas. Lleva las pieles animales sujetas por un cinturón ancho, de donde cuelgan cencerros y calabazas vinateras. En su cuello, grandes collares formado por mazorcas de maíz ya desgranadas y chorizos enroscados.

En sus manos, los símbolos de su poderío: una vejiga de cerdo rellena de agua y un garrote, emblema de la mujer salvaje. En su regazo el símbolo fructificador de un fardel con castañas, nueces e higos pasos. De su zurrón sobresale un pergamino enrollado: La licencia. Y aún trae más en su bolsa encantada: el frío invernal.

 

En el zurrón lleva el frio

Que reparte a manos llenas

Traigamos el aguardiente

Compadre, siga la fiesta

 

Y es que si la Chicharrona baja a las alquerías hurdanas es porque hoy es 8 de diciembre, cristianizado como el día de la Inmaculada Concepción, “La Pura”, La Virgen de las Matanzas. Es el día en que los aires fríos se adueñan de esta parte del mundo, y la fecha indicada desde tiempos inmemoriales para que La Chicharrona descienda de sus dominios mágicos con la licencia para que los humanos puedan iniciar los rituales matanceros.

 

“De entre la nieve branca

abaja la Chicharrona,

licencia trae pa matar

el cebón y la cebona”

 

Antiguamente, cuando La Chicharrona llegaba a la aldea con los primeros rayos del amanecer, la esperaban los niños tocando zambombas hechas con pucheros viejos o haciendo sonar tapaderas de latón y ruidosos cencerros. La señora de las Matanzas lanzaba al aire los frutos secos, y perseguía con sus rústicas armas a los chavales que se burlaban de ella.

 

Los vecinos reciben a la Chicharrona con antiguos cantares (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Los vecinos reciben a la Chicharrona con antiguos cantares (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Ahora que ya casi no quedan niños que la esperen le sale al paso el tamborilero, y en las calles del pueblo la reciben los ancianos con coplas vetustas y antiguas tonadas que hablan del frío seco que trae la Dama Salvaje, de las alquerías hurdanas, de la sierra mágica y del momento mítico en el que los dos mundos se encuentran. Y somos los adultos, lugareños y foráneos, los que nos acercamos a besar a La Chicharrona, con el convencimiento de que traerá suerte a nuestras vidas y carne a nuestras despensas.

Antiguamente los muchachos recorrían las casas recolectando comida para la “jogará”, la hoguera comunitaria, en la que se asaban patatas, chorizos en aceite y restos de la matanza anterior.

Los vecinos besan a la Chicharrona, en el convencimiento de que les traerá fortuna y condumio (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Los vecinos besan a la Chicharrona, en el convencimiento de que les traerá fortuna y condumio (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Este año se ha escoltado a La Chicharrona hasta la era de lanchas de la alquería de El Mesegal, que con tan buena voluntad limpiaron los vecinos de la aldea. Allí la aguarda El Chicharrón, macho cabrío antropomorfo ataviado con pieles y coronado por cuernos que comienza un lúbrico cortejo que cristaliza en una danza ancestral al son de la gaita y el tamboril.

Danza lúbrica y ancestral entre el Chicharrón y la Chicharrona (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Danza lúbrica y ancestral entre el Chicharrón y la Chicharrona (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Ya no quedan muchachos que corran por las calles haciendo resonar los valles con ruido de cencerros, entrechocar de latas y estrépito de zambombas, ya no crece el clamor cuando la noche cae sobre las casas hurdanas, porque el ruido, de todos era sabido, espantaba a las brujas para que no vinieran “a maliciar la chacina”.

Dicen que todavía quedan casas en las que, cuando la oscuridad y la noche ya se han enseñoreado de los valles hurdanos, se hacen los “seranos” las tertulias nocturnas donde se cuentan cuentos y se cantan coplas.

Y ya en la noche cerrada, cuando las últimas luces se apagan y el silencio se adueña de la aldea, los hombres duermen, pero los ritos no acaban. Porque en algunas viviendas “dejaban un pote de castañas cocidas con un cacho de tocino, arrimado a la lumbre. Y es que decían -cuenta Félix Barroso, etnógrafo y rescatador de tradiciones hurdanas- que, cuando todos estaban dormidos, entraba La  Chicharrona a cenar en las casas. Había que tenerla contenta para que el año próximo también trajera la licencia y el tiempo frío y seco para poder hacer las matanzas”.

Este ritual, curiosamente, tiene una enorme similitud con otros que hemos encontrado durante la Edad Media en lugares tan alejados como Centroeuropa, antiguos ritos italogermánicos en los que las familias depositaban ciertas noches del año comida y bebida para la Dama Abundia, con el convencimiento de que con este ágape nocturno se ganarían la benevolencia de las Buenas Damas y la abundancia de la familia para todo un año.

Pero del Cortejo de las Damas Buenas hablaremos en otra ocasión. Con la licencia, por supuesto, de La Chicharrona. Faltaría más.

 

 

 

Ver Post >
la Tía Cabalganta, una asesina en serie de leyenda
img
Israel J. Espino | 14-09-2017 | 9:05| 6

 

Ilustración: Borja González

Ilustración: Borja González

Unas tienen la fama y otras cardan la lana. Y es que si hablamos de mujeres  extremeñas que asesinan a un hombre después de otro en venganza por un abandono amoroso, pronto se nos viene a la cabeza el arquetipo por excelencia: la Serrana de la Vera.

 

Sin embargo, la provincia de Badajoz también tiene su propia “serial killer”, a la que todavía se recuerda en el pueblo de Táliga en las noches de tormenta y de cuyo molino aún quedan en pie algunos muros entre higueras salvajes.

La Tía Cabalganta, cuyo nombre real se ha perdido en el tiempo, era una joven hermosa y divertida que tuvo la mala fortuna de enamorarse de un forastero que apareció en el pueblo durante las fiestas patronales de Táliga. Tras muchas promesas de amor eterno y de matrimonio inmediato, el forastero desapareció una mala mañana, abandonándola ultrajada y con el corazón roto.

Desde entonces, despreciada y rechazada por los vecinos del pueblo a causa de un sentido del honor mal entendido, fue mudando el carácter, los modales y la personalidad, llegando a ser temida y aborrecida por sus convecinos.

La Tía Cabalganta decidió abandonar el pueblo y establecerse en un molino abandonado junto a la rivera de Táliga. Allí buscó una nueva vida, aislada del resto del mundo y adquiriendo un carácter cada vez más hostil. Según cuentan los pastores, ganaderos y habitantes de cortijos cercanos, solían verla recogiendo productos del campo para calmar el hambre. Incluso alguno llegó a afirmar que era frecuente verla frente al molino con un gran caldero, a la luz de la luna llena, musitando conjuros y elaborando pócimas, lo que le acarreó en los contornos la única mala fama que le faltaba: la de bruja.

Lo cierto es que su resquemor hacia los hombres se convirtió en inquina y odio hacia los forasteros, y parece ser que habilitó una de las habitaciones del molino, ubicado en el camino que va de Higuera de Vargas a Barcarrota, para recoger a los viajantes que por allí pasaban.

taliga-el-molino-de-la-tia-cabalganta-img_8614_edited

El molino de la Tía Cabalganta, en Táliga (Israel J. Espino)

 

Muchos fueron los que pensaron que era su día de suerte cuando encontraron cama limpia y posadera hermosa, pero ninguno, según la leyenda, salió con vida de aquel lugar. Antes del alba, la Tía Cabalganta los degollaba. Después, los enterraba en un huerto cercano.

Cuenta que fueron quince los hombres asesinados por la Tía Cabalganta, y que los frutos del huerto eran los más hermosos de la zona, y aunque en el pueblo se murmuraba sobre las desapariciones del molino, nadie se atrevió a denunciarla por miedo a su supuesta condición de bruja.

Pero el miedo de los vecinos desapareció una fría noche de tormenta junto a La Tía Cabalganta. Cuentan que los relámpagos y los truenos hacían tambalearse los cielos negros, y       que la lluvia caía tan fuerte que parecía que se habían abierto las compuertas del infierno.

Nadie sabe que ocurrió con ella, pero tampoco nadie volvió a verla con vida. Algunos afirman que un rayo justiciero la calcinó; Para otros, se ahogó con la crecida de la rivera, y la corriente impetuosa se llevó lejos su cuerpo, aunque no su recuerdo.

Porque tiempo después, un vecino que se dirigía a su trabajo afirmó haber visto, junto al huerto donde enterraba a sus víctimas, a una mujer esbelta y hermosa, con los vestidos convertidos en jirones, huyendo entre los matorrales perseguida por los espectros de unos cuerpos degollados.

 

Ver Post >
Encantadas de San Juan: La Velasca
img
Israel J. Espino | 22-06-2017 | 11:50| 6

 

 

Borja Gonzalez ilustrador

Ilustración: Borja Gónzalez

Las aguas de la fuente de la Velasca, o de San Blasco (como se la llamó en tiempos remotos) fluyen a la vera de la cañada del Moro, a la búsqueda del arroyo del Buey, discurriendo por una vaguada cercana a la ermita que entonces llamaban de San Blas, y hoy de San Roque. Hay que salir por esta calle de Cabeza del Buey, cruzar la carretera y tomar un camino de tierra llamado “camino de la Velasca”. Unos metros antes de llegar a la depuradora, sale un pequeño sendero a la derecha que lleva directamente a la fuente encantada.

El lugar es solitario y algo mágico, especialmente cuando el sol comienza a descender y los oscuros nubarrones anuncian tormenta sobre la sierra del Pedregoso.

En esta fuente encantada, vive un mora maldita por su padre, mago iracundo, una mora cuya leyenda  el poeta Manuel José Quintana recoge en un romance de 1826, en el que cuenta como el pastor Silvio, pese a las advertencias que le hacen los más ancianos del lugar, permite que la noche lo sorprenda junto a la fuente. De repente, del pozo comienza a surgir una bruma, y de la bruma la figura tumbada de una bella agarena que con la media luna brillando en sus cabellos, dormita sobre una hermosa alfombra árabe digna de las Mil y Una Noches. A medida que la mora despierta de su largo sueño, su figura se torna cada vez más sólida y perfecta. La encantada le suplica al pastor que la salve, entregándose a ella en el pozo. Le ofrece riquezas, amor y placeres, y el pobre Silvio, obnubilado por esos ojos negros, se arroja a los brazos de la bella mora. Su grito y su chapoteo desesperado en las oscuras aguas del pozo son los últimos sonidos que se escuchan en el silencio de la noche…

La fuente de la Velasca (A. Briz)

La fuente de la Velasca (A. Briz)

Otras voces afirman que la bella muchacha es una joven musulmana a la que un rey cristiano hizo prisionera. Cuenta la leyenda con ribetes de cantamora y sirena que una noche de invierno, aprovechando la oscuridad y la ausencia de su dueño, se decide a escapar del castillo. Aterida de frío, vaga toda la noche.

Al amanecer, unos labradores de la zona comprueban que sus mulas se espantan cuando se acercaban a un pozo sin brocal. Acuden, atraídos por la curiosidad, y descubren unos hermosos vestidos de mujer flotando en sus aguas.

Desde aquel día cuentan que en las noches de San Juan se escucha un irresistible canto de mujer, que atrae la atención de los incautos que osan acercarse por la zona y los llama desde las aguas oscuras del pozo de la Velasca.  Y se afirma que pocos han sobrevivido para contarlo, porque atrapados y trastornados por el encanto de su voz y la belleza de su figura, se ven impulsados a lanzarse tras ella a la quietud de sus aguas.

Plaza de la fuente de Cabeza del Buey (A. Briz)

Plaza de la fuente de Cabeza del Buey (A. Briz)

A principios del siglo XIX nuestro querido  Publio Hurtado asciende a la mora Velasca a la categoría de reina, y le asigna una dedicación exclusiva: bordar unas babuchas para el profeta Mahoma,  pero con una labor tan minuciosa y delicada que tendrá tarea hasta el día del fin del mundo.

En Cabeza del Buey todavía se habla de la mora encantada, y algunas ancianas del pueblo, le contaron a Manuel Garrido Palacios cómo unos ladrones murieron del susto al ser testigos de la aparición de la encantada, y de como un gracioso que se dedicaba a hacerse pasar por la moracantana  para asustar a las mozas que iban a por agua,  terminó desapareciendo un día como por arte de magia. En el pueblo no dudaron ni por un momento que había sido la mora la que se lo había llevado…

Otra versión la cuenta el cronista oficial de Cabeza del buey , Vicente Serrano, quien  afirmaba que ni reina mora ni morita de a pie. Que las habitantes del Pozo son tres princesas hijas de un rey moro y de una cristiana prisionera, princesa también para más señas.

El abuelo cristiano de las niñas, rey castellano, enterado de su existencia, decide mandar a tres caballeros para rescatarlas de las garras musulmanas. Disfrazados de árabes, consiguen sacarlas de la fortaleza y huyen con ellas camino de Castilla. El amor no tarda en surgir entre las doncellas y los caballeros, pero el rey moro, enterado por sus astrólogos y magos del rapto de sus hijas, consigue darlos alcance justo al lado del pozo que nos ocupa. Viendo el rey lo felices que se encuentran sus hijas con los cristianos y su enconada oposición a volver al castillo, las arroja al pozo y las maldice :

– ¡Vivid en espíritu, tened esa fuente como cárcel, consumíos en deseos, mostraos sólo de noche y que quien os viere se espante, hasta que alguien predestinado os liberte del encanto y os saque de ella!

Cuentan que tras la Reconquista  apareció un antiguo pergamino contaba el secreto para deshacer la maldición de las tres princesas moras hechizadas en la fuente. Sólo se las puede desencantar tres amigos valientes que se acerquen a la fuente en la noche de San Juan, pronunciando, cada uno,  una de las frases mágicas que llevan implícito el nombre cristiano de las princesas:

 

-Ana, tu madre me manda.

-María, tu madre me envía.

-Inés, salid las tres.

 

Una última versión afirma que en una ocasión tres mozos llegaron a desencantarlas de esta manera, y que las princesas emergieron por ese orden de su cárcel acuática, y bailaron y danzaron bajo la luna y las estrellas, sobre el agua, como hacían , en ese mismo instantes, y a más de 30 leguas de distancia, las encantás de Montijo.

Pero cuentan que al ir a bautizarlas, desaparecieron en la nada.

Y con ellas, el hechizo de la fuente de la Velasca.

 

 

 

 

 

Ver Post >
Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos https://lavueltaalmundoen80mitos.com https://meridasecreta.com

Otros Blogs de Autor