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César Hernández

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CONVENCIDO DE QUE MENOS ES MÁS

Y es que lejos de tratarse de una simple frase hecha a la que acudir a refugiarnos cada vez que la vida nos quita lo que creemos que nos pertenece, o como consuelo ante las pérdidas o necesidades que nos llegan sin que nadie las haya pedido, es una afirmación tan potente, que resulta imposible obviarla para quien entiende la vida como un regalo que disfrutar, con la misma ilusión que un niño ante la montaña de paquetitos que le dejaron los Reyes Magos.

Una tras otra, cada escena que se muestra ante nuestros ojos, nos da la misma lección.

A todos nos ocurre, que cuanto menos tiempo tenemos, más cosas somos capaces de hacer. Motivados por los objetivos que admitimos, autoimpuestos o de un tercero, nos sentimos espoleados para alcanzar nuestras aspiraciones. Tan sólo es necesario sentir estos objetivos como propios, viviendo con entusiasmo el proceso de ejecución, entendiéndolo como la salsa de la vida que nos permite sentirnos a gusto con nosotros mismos y disfrutar de lo gratificante que resulta el deber cumplido.

Y en momentos de necesidad, nuestro cuerpo responde como una máquina perfecta y milagrosa, que cuanta menos energía sentimos que nos queda, más conseguimos exprimirla para alcanzar la meta. En las tareas cotidianas, practicando un deporte o tratando de descender de la montaña, donde la vida está en juego y cada paso es tan doloroso como necesario. Nuestro cuerpo nunca pierde la capacidad de sorprendernos, superándose cada vez que lo necesita.

Recuerdo con nostalgia cómo con una tablilla, un par de clavos, una goma y una pinza que hurtaba con sigilo del tenderete, conseguía tener el arma más temible del barrio. De cómo dos canicas y un poco de entrenamiento podrían convertirse en un buen puñado de ellas, a costa de otros niños con peores cualidades; e incluso en los días con menos suerte, me servían para jugar toda una tarde. Y es que cuanto menos auspiciados estén los niños, más recurrirán a la imaginación; cuanto menos sobrerregalados estén, más valorarán lo que tienen y se relacionarán entre ellos.

Aunque pobres niños, ¡qué culpa tendrán ellos de que sus padres piensen que todo lo que tuvieron ellos de menos, sus hijos lo tendrán de más! Y es que se nos olvida muy pronto la ingeniería financiera que tenían que hacer nuestras madres para dar de comer a cuatro bestias que no tenían fin, sin salirse del presupuesto. Con las sobras del pollo, tenían para un arroz; cuando sobraba arroz, al día siguiente había sopa; y si sobraba sopa… pues toma dos cazos, que no se tira nada. Hemos pasado de comer pan duro a tirar los bordes del pan de molde para que al niño le sea más cómodo de comer. Una vez más, cuanto menos tienes, más cunde; cuanto menos necesidades tienes, más tiras.

Ahora detente un instante, mírate de afuera hacia dentro y escucha tu corazón. ¿Acaso no es cierto que cuantas menos distracciones tienes, más reconoces tu propia esencia? Reconoce, suelta las cosas con la misma alegría que muestran al escapar de ti, pon paz en ese sentimiento que te perturba y acepta que las cosas son lo que son. Porque cuanto menos te aferres a las cosas, más libre serás.

Y no te empeñes en buscar el amor de tu vida, que cuanto menos lo busques, más rápido lo encontrarás. Y ahora que lo tienes, ofrécele menos palabras y más actos; comparte ratitos con menos luz, para obtener más intimidad; habla menos, para escuchar más y pídele menos, para que te pueda dar más.

Tu pareja, tus amigos, todas esas personas en las que cuantas menos expectativas pongas, más te darán incondicionalmente, sobre todo en esos días en los que el peso de tu mochila se hace insoportable, cuando menos te apetece tirar del carro y ellos más arriman su hombro para ponértelo más fácil.

Sí, la gente es buena, aunque parezca difícil de entender en estos días en los que el mundo parece que se ha vuelto loco, con tanto daño gratuito por parte de unos fanáticos descontrolados. Porque no hay nada como bajar hasta el infierno para reconocer mejor dónde se encuentra el cielo. Porque cuando menos podríamos creer en la bondad humana, más muestras de amor incondicional identificamos a nuestro alrededor o junto a la pobre gente que se encuentra con el sufrimiento frente a frente. Es una lástima que haya que esperar a una gran desgracia para que las personas podamos sacar lo mejor de nosotros mismos, pero es así, porque menos es más.

Y es que esto es lo que nos quedará en nuestro lecho de muerte, a donde todos nos dirigimos inevitablemente. Igual de inevitable que, a las puertas de la expiración, cuando menos nos queda de vida, mayor conciliación encontramos con nosotros.

Sencillamente, menos es más. Y por eso, cuando la vida nos regale los más, debemos ser agradecidos por lo que nos da, porque ten por seguro que llegarán los menos en forma de regalos que disfrutar, con la misma ilusión que un niño ante la montaña de paquetitos que le dejaron los Reyes Magos, y que al abrir, donde más o menos parecían menos, descubrirás que al menos son muchos más.

Pensamientos de Luz

Sobre el autor

Ingeniero por vocación, coach por devoción, con el coaching y el Reiki he encontrado el equilibrio perfecto entre lo empírico y tangible con lo imperceptible y espiritual. Mi fascinación por la capacidad de la mente, generadora de realidades, y sus efectos sobre el mundo material, es la excusa perfecta para desgranar cualquier frase, sentimiento o pensamiento.Este blog nace con la simple intención de compartir mis soliloquios y divagaciones, sin más, así es que, si te gusta lo que ves, entra y coge lo que quieras.


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