MI VECINO Y MEJOR AMIGO nunca estaba listo a la hora de irnos al cole. Una mañana me harté y le lancé una candorosa maldición mefistofélica: «Algún día te haré esperar de golpe todo el tiempo que tú me haces esperar a mí». Fue una rabieta infantil que nunca se cumplió. Ayer mi móvil