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Israel J. Espino

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Nuestros dioses: cuando éramos romanos

Ilustración: Jimber/

  Acaba de clausurarse la III Edición de Emérita Lúdica y tanto me ha hervido mi sangre romana que he decidido iniciar hoy una sección de dioses extremeños. Porque conociendo a quien adoraban nuestros antepasados nos conoceremos mejor a nosotros mismos.

 Bucearemos en las insondables aguas de nuestras creencias ancestrales porque de aquellos polvos vienen esos lodos, y porque, como afirma la investigadora Pilar Caldera, en el mundo antiguo magia y religión caminan indefectiblemente unidas. Tanto, que no sabrían diferenciarse.

 El primer conocimiento que tienen los extremeños de la religión romana es a través del numeroso enjambre de buhoneros, prostitutas, pícaros, buscavidas, tahúres, esclavos y adivinos de las más heterogéneas nacionalidades que siguen a las legiones romanas. Curiosamente, las dos primeras profesiones (prostitutas y buhoneros) son dos de los oficios que, muchos siglos más tarde, desempeñarán las brujas y brujos extremeños juzgados por la Inquisición.

 

La religión romana  llega a Extremadura detrás de las legiones (Fotografía: Ángel Briz)

La religión romana llega a Extremadura detrás de las legiones (Fotografía: Ángel Briz)

De boca de este pequeño ejército de desarraigados los indígenas extremeños conocen todo tipo de dioses, magias y fetichismos que incorporan a su paganismo ancestral. En contrapartida, también los romanos incorporan a sus altares las divinidades indígenas.

 Este conocimiento de unas creencias y de unos ritos distintos va calando poco a poco en el alma inquieta de nuestros antepasados, dotados de una cultura muy elemental. Para los romanos, y a partir de entonces para el extremeño, como afirma Navarro del Castillo, toda cosa viva e inanimada tiene su genio o espíritu protector y su numen o poder, majestad y principio de fuerza.

 La religión ocupa un lugar muy importante en la vida de cualquier romano del siglo I y, naturalmente, también para los romanos extremeños, especialmente para los emeritenses. La casa es una especie de templo donde encuentra su culto y sus dioses. Su propio hogar es un dios: las paredes, las puertas, los umbrales, todos son dioses. Y hasta las piedras que marcan los terrenos y rodean su campo tienen categoría de dioses. La tumba es un altar, y sus difuntos antepasados son seres divinos.

 Sale de su casa  y casi no puede dar un paso sin encontrar un objeto sagrado, bien sea una capilla o un lugar donde cayó un rayo. Tan pronto ha de  recogerse y murmurar una oración como apartar los ojos y cubrirse el rostro para evitar la vista de algo funesto. El fuego purifica. El agua también.

 

El fuego purifica, el agua también. CA. Briz)

El fuego purifica, el agua también. CA. Briz)

El lusitano romano, como cuentan  Bellido y Centeno,  tiene una fiesta para la siembra, otra para la recolección y otra para la vendimia. Antes de que el trigo haya echado espigas, ha hecho más de diez sacrificios e invocado a más de diez divinidades particulares para que se consiga la cosecha.

 En posteriores artículos prometo descubrirles las curiosas creencias y a los misteriosos dioses de nuestros antepasados. Para que no olvidemos. Y para que ellos, por si acaso, no nos olviden.

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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