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Etiqueta: leche
El bocadillo de jamón contra el principio de incertidumbre
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Marcos Ripalda | 24-05-2017 | 15:21 |0

La niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo le propone al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, adivinar el contenido del mismo, pero al niño que nunca sabe qué llevará dentro el bocadillo, si Nocilla o pavo, si salchichón o paté de cabracho, le gusta paladear esta incertidumbre que sabe que no es tal porque, a poco que rasgue el papel de plata con el que está envuelto, ya huele a Nocilla o a pavo, a salchichón o a paté de cabracho, aunque en esta ocasión, y lo sabe la niña con facultades proféticas contrastadas por diversos especialistas del ramo, se va a llevar una verdadera sorpresa, no de una posibilidad entre cuatro, sino de una quinta que el niño no contempla ni imagina, pues la madre, estirando como buenamente puede lo que da de sí la paguita de viudedad y, todo hay que decirlo, en un rapto de creatividad culinaria, le ha metido entre pan y pan una loncha de jamón serrano, una única loncha perfectamente veteada, con el equilibrio perfecto de tocino y carne, de las buenas de verdad, o sea, impregnando el centro del mollete tierno que bajó

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Leche condensada
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Marcos Ripalda | 15-09-2016 | 18:27 |0

La mujer a renglón seguido se desdice de cada mentira que el hombre con falta del calcio le descubre, así que el hombre con falta de calcio decide atacar por otro flanco menos evidente —aunque igual de inútil— y añadir un párrafo más a esta discusión de gato de escayola. Por eso espera pacientemente, cafetera en mano, a que la mujer a reglón seguido le proponga otro acertijo. Es eso, o pasar página.

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Lo que no vieron
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Marcos Ripalda | 19-06-2014 | 16:13 |0

La lucha de clases pasó inadvertida para Evaristo, que prefería contarse los dedos de los pies mientras sonaba un bolero en la radio de Macabita. Una vez comprobado que tenía diez dedos como todas y cada una de las veces que los contaba, Evaristo se dedicaba a la meditación. Se sumía en un estado cercano a la inconsciencia que perturbaba sobremanera a Macabita, que tenía que envolver de nuevo su bocadillo para vigilar que a Evaristo no le pasara nada. Así que Macabita se bajaba de la rama del árbol donde se sentaba e iba a sentarse en un taburete al lado de su hermano Evaristo al que prefería llamar Bobo.
El tiempo transcurría y Macabita no veía la hora de comerse su bocadillo. Temía que con el calor, la mortadela fuera a estropearse.
Pasados unos minutos, Evaristo terminó de meditar y se puso en pie. Macabita desenvolvió el bocadillo y le ofreció un bocado a Bobo, que le pegó un manotazo y el bocadillo se desparramó por el suelo del jardín.
Un bocadillo deconstruido, le dijo Bobo a su hermana, mientras se alejaba.
La meditación había obrado en Evaristo un gran cambio de actitud. Ahora era mejor persona, qué duda cabe. Sin embargo, Macabita, que era

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La torta del Casar
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Marcos Ripalda | 03-07-2013 | 18:51 |0

Con la mano abierta, los dedos bien estirados, una galleta con clase, un tortazo de los que te hacen confiar en la justicia divina.
Porque aquello no fue una hostia cualquiera, no. Fue la madre de todas las hostias y de todas y cada una de las hostias que le iban a llover después.
Si el guantazo hubiese sido un helado, no cabe duda de que habría que haberlo incluido en la gama supreme (revienta o muere), como una de esas copas de helado con 8 bolas de 8 tipos diferentes de chocolate que solo se comen los niños con los ojos y las madres con cierto placer mal disimulado.
El caso es que fue una torta merecida que le marco la cara con el tatuaje provisional de una mano, sí, de una mano abierta, con los dedos bien estirados, y esta enérgica leche de su joven esposa propició que se acordase de lo que le decía su madre: “Saca la torta del Casar un poco antes de la nevera que luego no hay quien la unte, chacho”.

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Freud nunca durmió solo
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Marcos Ripalda | 14-06-2013 | 16:02 |0

El psicólogo reprende a la madre por haber perdido los estribos. La madre arguye que el hijo, aunque es suyo, eso nadie se lo discute, es una mala influencia para el padre, al que le ha dado por jugar con los playmobil nada más llegar del trabajo y al que hay que pedirle, rogarle que deje de jugar y se siente en la mesa para almorzar. Con reticencias, la cabeza hacia un lado, la lengua colgando del labio inferior, en un gesto que ella reconoce en su hijo y que significa que te den, el padre se sienta en la mesa y ella le pregunta si se ha lavado las manos, cosa que no ha hecho, por supuesto, y entonces se arma un follón para persuadirle de que si no se lava las manos no come. Obviando el hecho de que el menú diario se ha empobrecido cualitativamente, pues solo se puede servir arroz con tomate, huevos fritos, salchichas, filetes de pollo finísimos empanados, algún gallito ocasional sin espinas y, por supuesto, papas fritas, hay que cortarle al padre los filetes en piezas pequeñas para que no se atragante y recordarle continuamente que tiene que beber agua para que el bolo baje. Cuando llega el postre, como estamos en verano, helado; y si no hay helado, nada. La fruta ni

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Sobre el autor Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que él mismo acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, ha sobrevivido en Madrid como profesor y maquetador de revistas, folletos y felicitaciones navideñas. Actualmente es el responsable de Diseño del diario HOY. CARMURA LENTEJA es ilustradora. Abandona el blog en mayo de 2017 para dedicarse a otros menesteres.

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