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La piedra del tesoro
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Israel J . Espino | 09-06-2012 | 08:31

Ilustración: Borja González Hoyos

Es cuanto menos curiosa la ingente cantidad de tesoros extremeños señalados por piedras, rocas o canchos, pero la explicación es bien sencilla: los árboles mueren, las piedras pequeñas pueden verse arrastradas por la lluvia u ocultadas por el lodo, pero las grandes moles pétreas permanecen inalterables durante años y siglos, pudiendo así marcar el tesoro hasta que alguien tenga la suerte de encontrarlo.

Los abundantes dólmenes extremeños han sido expoliados en su mayoría, desde antiguo y hasta en épocas relativamente recientes, debido a la creencia popular de que estas “cuevas de moros” ocultaban ingentes tesoros. Curiosamente algunos de ellos presentan como decoración soles, serpientes y figuras antropomorfas (identificadas estas últimas en el dolmen de Magacela y en el de Huerta de Las Monjas, en Valencia de Alcántara). Curiosamente digo, porque el sol es el planeta asociado al metal oro, y la serpiente, desde antiguo, es fiel guardiana de tesoros ocultos.

Otra señal pétrea que marca, en el saber popular, la existencia de un tesoro, son las tumbas antropomorfas que tanto abundan en Extremadura. Para el pueblo, esas tumbas pertenecen (como no) a los moros, y se afirma que escondían muchas riquezas que ya han sido arrebatadas. Lo cierto es que estas tumbas hace siglos que fueron expoliadas a la búsqueda de inciertos tesoros que nunca sabremos si contenían. Estas tumbas se utilizan actualmente, sobre todo en el norte de Extremadura, como pilas o abrevaderos de ganado.

Entre los tesoros legendarios marcados por piedras y cuyas señas y detalles han pasado de generación en generación y de boca en boca destaca el Tesoro del Cancho del Tablero, en el “encantado” pueblo de Ahigal, que fue volado con la vana intención de encontrar un tesoro en su interior.

Sin abandonar todavía la zona  podemos acercarnos a Santibañez el Bajo donde afirma Félix Barroso que no faltan los tesoros, y así recitan los lugareños que “Entre la “Peña Escrita y la “Peña Milanera, hay un tesoro debajo de una torbisquera“. Y algunos, aún añaden que “La torbisquera se secará, pero el tesoro allí seguirá.”Resulta, cuando menos, curioso, ya que el torbisco es una de las hierbas mágicas más potentes y utilizadas de Extremadura.

No es esta la única Peña Escrita que oculta un tesoro. En Peraleda de San Román, en Los Ibores, además de una abundante caza encontramos el Cancho Castillo, un enorme bolo de granito, una “piedra caballera“  originada por la acción de los agentes erosivos durante miles de años. Su aspecto resulta tan llamativo que desde tiempos inmemoriales ha sido lugar de culto, como lo atestiguan los restos de cerámica y los numerosos grabados rupestres que se encuentran en la zona, testigos del paso de hombres prehistóricos, protohistóricos y romanos, e incluso una inscripción latina. Al parecer el nombre de Cancho Castillo lo toma de una especie de pequeña atalaya que fue instalada allí durante la Edad Media, accesible sólo mediante cuerdas o escalas. En la parte posterior del cancho hay una gran cavidad, un pequeño laberinto de galerías y espaciosas dependencias que sirvieron de refugio y vivienda a pastores y habitantes de la zona desde el neolítico. Junto a los grabados de la “piedra labrá” hay un pequeño altar esculpido sobre una roca, por lo que es muy probable que este misterioso lugar fuese usado como santuario rupestre. El viento, el sol y la lluvia han esculpido a su alrededor  las formas caprichosas de las rocas de la zona, que asemejan pieles de dinosaurio, cuerpos y cabezas de enormes animales petrificados, serpientes y tiburones, que parecen  custodiar eternamente el secreto de la Piedra Labrada y del Cancho Castillo.

Bajo esta piedra mágica se decía que se ocultaba un fabuloso tesoro,  y se extendió el siguiente dicho:  ”Piedra labrá, quien me arrode dichoso será”.  Y observando la pesada piedra con atención, puede que haya sido volteada en alguna ocasión, aunque no se sabe si con esta acción alguien resultó afortunado.

En Extremadura, las piedras singulares señalan tesoros (Fotografía Jimber)

Y es que las piedras, especialmente si son singulares, son a menudo señales inequívocas de la existencia de un tesoro oculto.  Es lo que ocurre en Navaconcejo, donde los cabreros que transitan por los montes de La Solana conocen muy bien una piedra redondeada con oquedades que simulan ojos y fosas nasales, por lo que se la conoce como el “Cancho de la Nariz”. Es vox populi que bajo esta piedra se esconde un tesoro, pero como afirma Flores del Manzano, “para descubrirlo sería preciso romper la enorme piedra, sita en una finca particular”.

 

En Tornavacas, en la Dehesa de las Salamancas, se sabe que hay un tesoro escondido debajo del Cancho de la Paloma, en cuyos alrededores más de uno ha excavado sin éxito, y otro de estos tesoros se encuentra cerca de Cilleros, concretamente en la Peña Irhal (insólito y evocador nombre para una roca extremeña), en la Sierra de Santa Olalla, donde aún se esconde el tesoro para el que pueda encontrarlo.

En los alrededores de Trevejo las piedras ocultan numeroso tesoros... (Foto Jimber)

Sumerjámonos ahora en el medievo y vayamos a Trevejo. Paseemos por sus empedradas calles, entre casas de granito y teja árabe y busquemos si tenemos tiempo los muchos tesoros de su castillo musulmán, examinemos con atención los enterramientos y las lápidas antiguas excavadas en la roca en la iglesia de San Juan, junto al castillo, y busquemos en sus alrededores dos arroyos que se unen, porque allí, en una roca con una cama pintada hay dos tinajas de oro enterradas. Es vital encontrar el sitio exacto, porque al afortunado le espera otro tesoro si encuentra el primero, ya que según el Libro de los Haberes,

En el mismo peñasco, hacia la parte de arriba de donde sale el agua, a seis pasos hacia el poniente se hallará una tinaja de oro a dos estados de hondo.

Lindante con tierras portuguesas se encuentra la fronteriza Valverde del Fresno. Allí, en lo alto de la Sierra de Jalama, mirando al río Rubiós (en el que actualmente se encuentran fácilmente pepitas de oro), hay una piedra  “de 5 escenas y 4 manos alrededor” debajo de la cual  hay una caldera de bronce llena de monedas de oro.

En esta misma sierra se encuentra el tesoro del pastor Don Vidal, enfrente de una piedra de cinco codos de alta en la que hay pintadas dos manos. Y si no encuentra el tesoro del pastor, no desespere, porque

entre  la Villa del Fresno  y el Castillo de Albarino se hallará una cabeza de cabra y un poste redondo, y debajo hay un tesoro. Y entre la misma villa y a fonte val se hallará una peña con un escudo  y dos marcos alrededor, y yendo al poniente, a una altura de medio estado,  hay un saco lleno de piedras  y diamantes.

Aconsejo desprenderse de las primeras y quedarse con los segundos, para un mejor transporte, ya que si la cosa sale bien no serán los diamantes lo único que pueda llevarse para casa, ya que… en  el marco de la base, a una altura de cinco cuartas, hay un cajón  lleno de barras de oro.

 

La zona es sin duda “El Dorado” de cualquier buscador de tesoros, porque sin moverse mucho, en la Sierra de las Mesas, al lado de Valverde del Fresno se hallará una mesa de cuatro esquinas con cuatro asientos. A una altura de medio estado se hallará un quento de rei, que era de los obispos.Y si encuen tran este tesoro “de cuento” no se vayan muy rápido, porque en el mismo sitio hay un banco y en la parte de arriba hay una cueva llena de oro por  labrar.

En la zona oriental de la Sierra, entre bellas ventanas ojivales, encontramos el pueblo de  Villasbuenas de Gata, donde se dice que hay un tesoro en El Palacio, un gran espacio que, reforma tras reforma, aún guarda el encanto de su misterioso pasado,  monedas y tesoros antiguos, pasadizos secretos y rincones ocultos en los que dejar volar la imaginación de sus habitantes. Pero cuando el río suena, agua lleva, y ya se aseguraba en este  “libro de tesoros” que …donde está el palacio del gran señor, enfrente de la mezquita se hallará una piedra grande, y debajo de ella …, se hallará el tesoro del señor.

Las piedras del Monte Jalama ocultan numerosos tesoros (Fotografía: Jimber)

Pero  si existe en Extremadura un monte preñado de tesoros, reales y mitólógicos, ese es el monte Jalama. Si creemos a “los libros de tesoros”, en lo alto del Jalama, mirando al castillo Rodrigo, hay un peñón con cinco caras o cabezas pintadas mirando hacia Portugal, y a cuatro pasos hay una piedra redonda y debajo de ella un gran tesoro de oro y plata.  En la misma zona y mirando  al mismo castillo hay una media luna, y cinco pasos hacia el norte se hallará una figura de oro.

También en esta sierra, en el “Cancho de la sarten”, hay cinco quintales de oro en bruto dentro de un horno, y en la misma Sierra hay una calzada de piedra, y una de ellas está  marcada con una media luna. Debajo está el Tesoro de Lentula Cónsul. Lo curioso es que hubo, en efecto, un cónsul romano con ese nombre, que fue general enla Bética 182 años antes de Cristo.

Igual de extraña es la señal del tesoro que existe en la zona de la alquería hurdana de Cabezo, donde afirman que hay unas pinturas rupestres de cervatillos y bóvidos correteando por las lascas de pizarra y que tan solo en una de ellas algo parecido a una baba parece salir de la boca de un animal. Justo en la línea que se traza desde esta sustancia dibujada hasta el suelo se encuentra, empotrado tras el duro material un gran tesoro donde preside todas las alhajas y monedas una figura de un chivo de oro macizo, con las pezuñas de algo parecido a la plata.

Acerquemos ahora a  buscar piedras de tesoros a la Vía de la Plata, y en concreto a Grimaldo, donde según los libros de tesoros hay ocultas numerosas riquezas que aun esperan quien las halle. Por si quiere usted intentarlo, ahí van algunas pistas:

 

“…a el naciente del sol, se hallará una mezquita, y en la entrada de la puerta una losa grande en el mismo umbral. Debajo se encuentra una pila de cobre llena de oro. En el altar se hallará una piedra muy grande de tres esquinas de cantería. En la esquina de la derecha hay una olla de bronce llena de oro. En la esquina del mediodía otra olla llena de oro y plata “. Además, en la plaza, a diez pasos enfrente de la esquina de la iglesia que mira al Mediodía, hay un arca enterrada llena de riquezas.  Y por si fuera poco, a siete pasos enfrente de la peña del cuervo,  hay un cuervo de oro y una gallina con pollitos de oro.

Prosigamos nuestra búsqueda, esta vez de celemines de oro, en la Raya Norte, y concretamente en el término de San Vicente de Alcántara, que  es donde hallaremos la mayor concentración de dólmenes de toda Extremadura. Allí, entre dehesas y serranías y entre encinas y alcornoques, se encuentra el Cancho de las Palomas, en el que hay una paloma pintada del lado del sol naciente. Allí se oculta un tesoro de celemines de oro.

Otro de los lugares que más tesoros esconde por metros cuadrado de Extremadura en la población fronteriza de Zarza La Mayor. Si tenemos por ciertos los libros de tesoros, tenemos que buscar en su término un peral, y frente a él, al naciente, una peña a modo de canal con una cruz pintada. Pues bien, debajo de ese peral hay tres arrobas de oro y plata. Y seguimos atentos a los árboles, porque en lo alto de la sierra hay una cruz de peñas al pie de unos olivos silvestres, y debajo de ella hay cuatro millones, aunque ignoramos de qué moneda. Y ya que hemos estado buscando peñas, vamos a proseguir, a ver si tenemos suerte y encontramos una bien curiosa y que tiene una especie de maldición. Se trata de una  peña en la que está escrito “os punit dei”, (algo así como “Dios castiga la entrada”), debajo de la cual se encuentra enterrado una gran cantidad de oro.

Si no hemos tenido suerte tendremos que probar en el Puerto del Caballo, donde hay una peña con una herradura, y enfrente hay  una tinaja de oro. Aunque si lo queremos es entretenernos con una especie de juego de búsqueda del tesoro tendremos que localizar primero la antigua Venta del Caballo. Y después su fuente. Y siete pasos al norte de la fuente hallar una piedra con siete letras. Y siete pasos más al norte, enterrada en el suelo, nuestra recompensa: una caldera de monedas de oro.

También podemos buscar el curioso tesoro del Cancho del Chivo, e intentar localizar, al poniente de este, una pequeña lápida. Debajo hay una peña con cuatro cruces, y a treinta pasos hacia el norte hay una peña señalada, y al pie de ella, hacia el norte, si cavamos, hallaremos entre cuatro piedras una sortija de acero con agujeros, y debajo tres piedras tacuñadas con concha, y un pilón lleno de oro.

Pero adentrémonos ahora en la parte mas occidental de La Siberia. Allí se encuentra Esparragosa de Lares, y tomemos ahora el camino que conduce a Sancti Spiritu, ya que en este sendero hay una piedra con un sombrero pintado  “encima de tres vientos”, y debajo una tinaja de oro y plata.

Cualquiera de estos tesoros refulge aún más en estos tiempos duros de ceñirse el cinturón y no a corona. Quizás la solución a la crisis sea así de sencilla: buscar piedras y encontrar oro.

Aquí lo tenemos fácil. Quien no se consuela es porque no quiere.

Sobre el autor Israel J . Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura

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