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El Macho Lanú: cuando el diablo se encabrona
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Israel J. Espino | 05-12-2012 | 10:36

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

Quizás muchos lo desconozcan, pero hoy, 5 de Diciembre celebraban nuestros antepasados romanos las segundas Faunales, unas fiestas en honor de Fauno, dios de los rebaños.

 

Fue hace muchos años pero los faunos, sátiros, cabras y cabrones no nos han abandonado. Siguen campando a sus anchas por nuestros valles y bosques.

 

Macho Lanú. Así llaman en las Hurdes a una entidad diabólica de apariencia híbrida con cuerpo de carnero y rostro humano y deforme que se alza de forma bípeda sobre sus pezuñas. El Machó Lanú habla siempre con voz estentórea, ronca y atemorizante, una voz del averno que logra paralizar de terror a  aquellos que tienen la desgracia de escucharla.

 

Testigos, a patadas. O mejor a coces. Uno de ellos fue el tamborilero Jesús Crespo Crespo de La Fragosa, quien le cuenta al periodista Iker Jiménez como una madrugada de verano se encuentra  regando su huerto cuando de repente un viento huracanado comienza a resoplar entre los árboles  y una helada se adueña de El Persil, la zona donde se encuentra. Es entonces cuando escucha  la ronca voz del Macho Lanú, y descubre una figura alta que lo observa fijamente desde unas peñas cercanas al camino que lleva a Martilandrán

El Macho Lanú camina erguido sobre dos patas (Foto Jimber)

 

Algo muy similar le ocurre en 1965 el hurdano Amador Domínguez , quien contempla como los pinos se retuercen y la tierra se levanta en polvareda por un viento fuerte y frío que precede a la aparición de un gran carnero negro que se aleja por encima de unas peñas andando sobre dos patas y con un rostro deforme.

 

Una década más tarde , en 1979  El Tío Eusebio vuelve  por la mañana hacia el Gasco, pasando cerca del Chorro de la Rituera, cargado con helechos para los animales, cuando de repente  le sale al paso un enorme ser parecido a un animal cubierto de pelo negro muy fino, como una piel negra que lo cubría todo. El ser bramaba con una voz humana que retumbaba por toda la Sierra de la Corredera, e incluso hubo quien afirmó haber escuchado su voz infernal desde el interior de sus casas, allá en el pueblo.  El Tío Eusebio supo enseguida que era el Macho Lanú, que otros hurdanos han visto en estas zonas de Las Hurdes “desde tiempo de los antiguos”.

 

Y es que se sabe de sobra que si alguien se topa con el Macho Lanú, debe huir de inmediato y jamás quedarse para contemplarlo.

 

El Tio Desiderio, de Cambroncino, o Eusebio Iglesias, de Vega de Coria pueden dar fe aunque no sean notarios, porque también se encontraron con una especie de macho cabrío cubierto por una fina capa de piel brillante a la que llamaban “sago del Macho Lanú”.

 

 

Algunos pastores cuando pierden una cabra encuentran un cabrón (Foto: Jimber)

En algunos lugares todavía se cuenta en las noches oscuras como un pastor que perdió un cabra se encontró con un cabrón y además transformista. La leyenda toma visos de realidad cuando en “El Paraíso Maldito” Jiménez da nombre y apellidos. El nombre es Vicente, y el apellido Japón, y era un pastor  que vivió y murió en los altos riscos de La Huetre. Una noche, al recoger el ganado, se percata de que faltaba una chiva. Tras buscarla desesperado oye a un macho negruzco que parece perdido por aquellos pagos en los que ya casi nada se ve. Persige Vicente al animal hasta  que da con el y se lo carga a la espalda para volver al corral. Y es justamente al ir entrando en el pueblo cuando siente que la carga se hace cada vez mas pesada, tanto que se le van doblando los brazos por el dolor. En ese mismo momento escucha una voz humana, ronca y profunda, que le dice al oído:

 

–          Vicente…, Vicente”

 

Vicente suelta espantado a la bestia, que en lugar de huir se  encara con el pastor mostrando un rostro humano y deforme, muy distinto al que había observado en el monte. El Macho Lanú comienza a erguirse al tiempo que Tio Vicente pone pies en polvorosa despertando a medio pueblo con sus gritos. Desde entonces cuentan los vecinos que  no volvió a pastorear de noche.

 

 

No fue el único. Algo muy parecido le ocurrió al pastor Perico, a quien – según cuenta el incansable investigador José María Domínguez Moreno (al que agradezco desde aquí las impagables recopilaciones de leyendas que me ha hecho llegar y solicito que las publique pronto para instrucción de muchos y solaz de todos) – se le perdió el macho carea por los riscales de Las Retuertas. Aunque la noche es cerrada, sale en busca de macho, y lo encuentra tendido en el suelo y con pocas ganas de moverse. Sin pensarlo dos veces le levanta las patas delanteras, coloca cada una en un hombro y lo arrastra apoyado sobre sus espaldas. A los pocos pasos el pastor siente un mordisco en el cogote que lo deja casi traspuesto. Le suelta las patas, mira hacia atrás y se queda paralizado por el terror: lo que lleva sobre sus espaldas no es el macho cabrío, sino el mismísimo diablo en carne y hueso, que dando un respingo echa a correr haciendo cabriolas y soltando una risotada que atruena todas las vaguadas del río Palomero.

El Macho Lanú aún mueve sus pezuñas por los campos extremeños... (Foto: Jimber)

 

 

 

A veces el Macho Lanú no habla, pero su sola visión enmudece a quien lo contempla. Y no es para menos, porque según la descripción de Domínguez Moreno, este ser,  a quien sus vecinos ahigaleños relacionan con el propio Satanás, se presenta

 

 “erguido, con dos patas cabrunas, con cuernos apuntados, con ojos vidriosos y llameantes, con dientes afilados y aviserados, con rabo de matamoscas, con la piel peliparda y con una gesticulación de mala leche subida de tono”..

 

 

Nunca se fien de una cabra que bala en un cementerio... (Foto: Jimber)

No es raro que por esas tierras se le asocie al Demonio, siendo su viva estampa goyesca y campando por descampados y cementerios. Allí lo ven dos vecinos de Ahigal en una invernal noche oscura en la que se encuentran  hablando de sus cosas en la plazuelilla de los Santos Mártires, dando la espalda a la destartalada puerta del no menos destartalado cementerio. Se estremecen al escuchar un ensordecedor balido que procede del camposanto, aunque suponen que es alguna cabra que ha entrado en busca de la buena hierba que se cria entre las tumbas. Pero a volverse comprueban aterrorizados que en el interior del cementerio, con las patas traseras en el suelo y las delanteras apoyadas sobre la puerta, un macho cabrío de descomunales cuernos permanece inhiesto y los mira fijamente con unos ojos que emiten azules llamaradas. No se despidieron el uno del otro. Cada uno corrió hacia su casa, y afirma Domínguez que aunque se vieron cada día durante muchos años, jamás comentaron el suceso, ni siquiera entre ellos.

En muchos lugares se le asocia con el demonio. No es para menos.

 

 

Y es una pena, porque si hubieran hablado antes hubieran comprobado que no estaban solos en esto de las apariciones cabronas. En el mismo macabro lugar  y en la lúgubre noche de Todos Los Santos un ahigaleño al que Domínguez prometió guardar su identidad, se encuntra con este ser no una ni dos, sino tres veces.

 

Al llegar a la plazuela de los Santitos Mártires le llama la atención un balido que procede del lugar en que se ubicaba el viejo cementerio, al que aquel verano le habían quitado la tapia y excavado las tumbas para extraer los huesos. No hace mucho caso, pero cuando el domingo siguiente vuelve a escuchar la misma voz carneril se acerca al lugar a curiosear. Casi se cae de espaldas cuando divisa entre las saomnbras a un gigantesco macho cabrío que anda erguido, apoyando únicamente las dos patas traseras en el suelo. Los ojos le brillan como ascuas. Al instante se santigua y el macho desaparece como por ensalmo, dejando un olor a azufre que tardó muchos años en olvidar.

 

Pero de Demonios cabrones, cabras Montesinas y Cabras Cabrachas hablaremos otro día, no tengamos hoy que salir por patas huyendo de las pezuñas. Felices Faunales.

 

 

Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos http://extremadurasecreta.com/

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