Hoy

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LOS MEJORES
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Diego Algaba | hace 11 horas| 0

Tenía vacaciones. Aproveché para de ir a pagar el IBI. Luego cogí el coche para dsc04511-2dar una vuelta por San Isidro. Pasé por Suerte de Saavedra, ese barrio donde antes ponían el mercadillo los domingos y que todos conocemos como las Malvinas. Veo a personas arreglando las aceras. No son trabajadores del Ayuntamiento, son los vecinos que han salido a la calle con sus herramientas y sus manos para arreglar lo que no se arregla ni en periodo electoral. Días antes leí en este periódico una carta al director de una señora que se quejaba de lo mal que estaban las calles de San Fernando. Llevo el recibo del IBI todavía con la tinta fresca del sello del banco brincando indignado dentro del bolsillo del pantalón. Me pregunto donde están los trabajadores del Ayuntamiento. Llego al campo y veo en el móvil que los operarios del Ayuntamiento andan ocupados instalando un nuevo radar en la carretera de Circunvalación y es que no se puede desatender el negocio. Dice el periódico que recaudan más de medio millón de euros.

DSC04441 (2)En Badajoz estamos que lo tiramos. Contratamos a los mejores y, además, el Badajoz ha ascendido de categoría, eso si que hace salir a la gente a la calle, mucho más que CCOO y que UGT cuando piden trabajo para desempleados.

Con esta nueva moda de fichar a los mejores podemos ver por las calles de Badajoz, no solo al hermano de Pedro de Sánchez, también encontrarnos por la Plaza de los Alféreces a Mesi, por las tiendas del Faro a Ronaldo, fichados los dos para reforzar la plantilla y así afrontar con éxito la nueva categoría. Quizás hasta el periódico se una a la nueva moda y contrate como columnistas a Manuel Vicent o Javier Marías o a Muñoz Molina. Yo me veo en el paro buscando otro periódico donde poder escribir. También pueden traer a la cárcel de Badajoz a los mejores, Urdangarin, Rato, Villar y un largo etcétera.

DSC04602 (3)Lo peor es cuando Pedro Sánchez venga a visitar a su hermano. Badajoz es una ciudad para quedarse ya que medios de transporte tenemos pocos: una avioneta con horarios raros, un tren de cuando la mili era la mili y se conocía como borreguero y el coche particular, aunque cualquiera sale a la calle en coche con tanto radar.

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NO QUIERO MÁS NOCHES
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Diego Algaba | 09-07-2017 | 05:55| 2

dscn0453-2Dices que vendrás por la noche. A esa hora en la que Antonio López ya ha recogido los pinceles y el sol deja de dar luz a los membrillos para entrar en los grises de una tarde que anuncia la oscuridad. Una oscuridad que hace confundir colores y sueños; Vida y muerte,

La noche tiene ese escenario de máscaras que esconde el rostro de la verdad. Un mundo donde no se aprecia la belleza de las imperfecciones y donde los sentimientos bajan los peldaños de dos en dos.

Luego, mañana, como todos los mañana, la luz de la tarde regresará igual aunque con formas diferentes. Volverá a gozar de la tierra, a enrojecer los campos, a sosegar el alma, a calmar la tarde de las incertidumbres del día que se va.

Lindes arropadas por la hierba que cubre como un manto sagrado las orillas de los surcos donde el agua corre libre y ligera hasta que la noche la transforme en estática escarcha.

Dices que vendrás por la noche. Si vienes ven de día. Ya no quiero más noches.

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PERIÓDICOS MULTIUSOS
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Diego Algaba | 01-07-2017 | 07:58| 0

dscn1266-1Después de los primeros sonidos de berbiquí y martillazos para colgar cuadros y espejos se hizo el silencio en el bloque. Un silencio que ha durado unos 20 años. Todo era una balsa cuando lo compramos, pero los pisos se deterioran.

El vecino de arriba está de obras.

Según García Lorca las cinco de la tarde es una hora torera. Fue la hora en la que Antonio Torres Heredia cogió su vara de mimbre y  fue a Sevilla a ver los toros. Los albañiles del piso de arriba empiezan a coger los trastos una hora antes. A las cuatro de la tarde arrancan berbiquí y radiales empezando a funcionar al máximo de su volumen. Las cuatro, esa hora en la que uno busca el sofá para recuperar una noche de mosquitos y sudores. Ahora que las compañías telefónicas me habían dado una tregua vienen los albañiles cargado de sonoras herramientas.

Al día siguiente del primer día de la obra un vecino puso un cartel: “Protejan las paredes y la limpieza del ascensor”. Cuando bajé, el ascensor estaba envuelto en cartones y el suelo lleno de periódicos y ahí es donde quería llegar, a los periódicos. A esos periódicos que se hacen viejos a los dos minutos de leerlos, periódicos por el suelo donde casualmente había una foto mía encabezando un artículo manchado con la huella de una bota manchada de yeso. Quizás la única huella que dejó el texto. Todo el peso de una pisada cayó como una metáfora sobre mi artículo. Un artículo que tanto me costó parir en una noche de insomnio y calor con el portátil ardiendo entre las piernas.

La suciedad que generan los ripios de los albañiles se protege con periódicos viejos, igual que los periódicos protegen del desconocimiento a los ciudadanos sacando a la luz las oscuridades. Decía un eslogan: “una persona sin información es una persona sin opinión”. Esta tarde vuelvo a enfrentarme con el teclado teniendo como música de fondo unos martillazos y el penetrante sonido de la radial pensando no solo en entretener, también en proteger el suelo de un ascensor, o como decía Ruano para envolver el pescado. o como digo yo, para hacer un gorro de payaso.

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…Y ESTAMOS EMPEZANDO JUNIO
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Diego Algaba | 14-06-2017 | 16:08| 0

dsc04662-2El Sol asoma cada año más temprano, más fuerte y altanero, con más fuego en su interior, repartiendo rayos como palos por el sur. Sube la temperatura y mi lápiz, ligero de ropa, no se agarra al papel igual que cuando lleva encima todo el peso del abrigo invernal. Un lápiz liviano garabatea sin forma ni ideas. No tengo nada que decir, nada entre manos y menos en el pensamiento, solo esta pesadez que inunda mi cabeza con el daño de un sol que cae como una enorme piedra sin imaginación gritando: ¡ vacaciones! Intento escribir cerrando los ojos para oír el frío de la lluvia de meses pasados pero el calor se posa en mi ánimo anulando el viaje de regreso a noviembre, paralizando mi pensamiento. Aunque intente prescindir de este fuego no me deja, no puedo, se adhiere a la piel como una pesada carga, como una cuerda que me ata y me convierte en un ser inútil, lento y torpe, como un astronauta dentro de un escafandra.

Verano de bichos, de mosquitos, de cucarachas rojas, de chicharras invisibles y monótonas. Veranos de coches descapotables con cabezas descapotadas.

Empieza a llegar el calor de Badajoz a mi cabeza como una enfermedad neurológica. No tengo cuerpo ni para escribir sobre las ambulancias baratas de Tenorio, ni de que lo barato sale caro,ni siquiera de poner el ejemplo de los vigilantes de centros sanitarios, esos a los que su nueva empresa, también barata, les quieren rebajar 200 euros mensuales. ¡ay los trabajadores!, siempre los trabajadores. Alguien tendrá que pagar la diferencia entre un precio y otro y nadie mejor que ellos.

En verano vivo en un error geográfico. Tendría que ir al norte si no quiero renunciar al veneno de la tinta, ni a la nicotina que desprende el teclado. ¿Y por la noche?, me preguntan. La noche es peor. El sonido de las horas se hace más metálico, pesa como un bloque de acero que cae en el alma. Cuando el reloj anuncia las doce queda todavía muchos tic tac para alcanzar la siguiente hora. El sueño desaparece cubriendo de sudor la nuca, y algunas veces, en este trance extraño, como una fiebre, viene a la mente el pensamiento del sueño eterno.

El sol me roba tardes delante del papel donde uno sueña con poder ser otros y algunas veces con ser quién quiero ser.

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REFLEXIÓN DE DOMINGO,REFLEXIONES DE LO EVIDENTE
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Diego Algaba | 11-06-2017 | 16:48| 0

A quién más cansa ser joven es a ellos mismos. Pasan su tiempo siendo otros. y en esos otros buscan su personalidad. Se buscan en las modas,en los gestos, en 18387166_1519975788027114_763775167_nlas palabras, con su argot particular, un código de signos y movimientos. Tantas vuelta dan por caminos diferentes que no acaban de encontrar el suyo perdidos en un laberinto de dudas y huidas. Sin embargo,con el transcurrir de los años, cuando el calendario deja de ser una amenaza y lo abandonan en la pared colgado sin cambiar de hoja, llega un día en que esa búsqueda desaparece. Es entonces, en ese abandono, cuando se comienza a vivir sin miedos, sin complejos, sin pensar en una felicidad dictada por otros, cuando encuentran el camino que en la mayoría de las ocasiones está en lo sencillo, en un paseo, en un paisaje, en una mirada, en cocinar para otros, en un hola, en un perfume. La juventud busca cosas nuevas cuando todavía no saben que en la rutina de lo cotidiano está el abrigo que el interior necesita para estar protegido de la intemperie. Hay otros, que ya han cumplido algunos años, que continúan esa búsqueda de felicidad de películas de fin de semana por la tarde. Los hay que se quedaron colgados de los cristalitos de la bola multicolor de las discotecas, de los campos de fútbol, de la guitarra eléctrica, de los pelos largos y pantalones ajustados, de los porros de maría. Luego, después de muerto, quizás no haya eternidad para seguir buscando, o quizás si. Hay cosas importantes que llegan, sin provocarlas, sin buscarlas.

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EL VIEJO
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Diego Algaba | 29-05-2017 | 15:48| 0

dsc01407-3En algunas ocasiones pienso más en las cosas que no me han ocurrido que en las vividas. Esas otras vidas que las circunstancias o las casualidades me negaron. Hoy veo como ha pasado el tiempo sin detenerse en amores idílicos, pasionales, viajes a los lugares más desconocidos y profundos de los sentimientos. Mi corazón se entristece pensando en ello, ¿quien lo entristece?, ¿alguien ajeno a mi?, ¿o fui yo solo caminando por las veredas del riesgo al buscar la meta sin disfrutar del recorrido? Descubrí caminos desconocidos cada día como si naciera cada mañana de nuevo, sin dejar raíces, sin dejar poso, siempre descubriendo nuevos paisajes sin reparar en el pasado, correr siempre hacia adelante sin detenerme a mirar el paisaje. Despreciaba las veces que el sol me inundó con su plácida calidez para acurrucarme entre sus brazos. Tenía unas expectativas que me alejaron de la realidad dejándome ciego de avaricia. Ahora, quizás, lo más importante es lo que dejé, pero lo no vivido ya no importa, no sé caminar marcha atrás, es un retorno imposible, ya no se puede retomar el camino de inicio, me da vergüenza, no tengo años y estoy viejo. El principio queda lejos para unas piernas cansadas, unas piernas con varices en los sentimientos y ampollas en la alma. Estoy mayor y el dolor físico de piernas y brazos sustituyen a los dolores del corazón.

La puerta que da al balcón de la vida se ha cerrado. Fuera hace frío. El viento helador me da miedo. Es demasiado fuerte para unos huesos desvanecidos que ya no pueden soportar sin quebrarse el peso del fracaso.

Sin darme cuenta transcurrieron los años, atravesando caminos en los que no me detuve a escuchar el silencio. Siempre vivía agitado por el ruido de la música que sonaba en el siguiente prado.

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EL COLUMNISTA INFLUYENTE
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Diego Algaba | 25-05-2017 | 05:27| 0

dsc04662-2Alonso de la Torre es capaz de escribir una columna diaria. Además tiene una gran facilidad para conectar con la gente y para descubrir rincones escondidos. Ha escrito sobre algunos restaurantes portugueses que frecuento. Sitios que considero míos; como un terreno protegido y secreto para mí y mis allegados; un mirlo blanco que cuando lo descubrimos es como si hubiéramos descubierto el Amazonas; lugares que mantenemos en silencio como si guardáramos un secreto de dscn1266-1estado para que no se conozcan y seguir siendo los únicos clientes españoles en un restaurante de portugueses; bares donde nos movemos con absoluta libertad; nos levantamos y abrimos el frigorífico para coger una cerveza; eso sitios en los que te sientes diferente y único. Hasta que un día, Alonso de la Torre, va por allí,echa un vistazo, lo saca en el periódico. Entonces deja de ser ese un lugar vacío para convertirse en multitudinario.

Suelo ir a un pequeño restaurante portugués que está cerca de Badajoz. Alonso de la Torre lo sacó un sábado, mostrando además del texto una foto de su magnífico codillo al horno. Aquel rincón solitario, que nunca se llenaba, después de su artículo tenía una cola como si fuera el Cristo de Elvas.

dscn1396-2También he ido en el barco que sale de Cedillo por el río Tajo. Un viaje silencioso donde íbamos 7 u 8 personas. Podías moverte a tu antojo, si querías subir a la cubierta subías para hacer allí el recorrido completo oyendo en silencio a las aves. Hice ésta ruta después del artículo que le dedicó Alonso de la Torre y aquello estaba lleno, a la cubierta había que subir por turnos cada 15 minutos.

Lo que toca Alonso de la Torre con su pluma lo llena, ya sean restaurantes, barcos, hasta se acabó en las tiendas el jabón Lagarto cuando dio una fórmula para hacer suavizantes con éste producto. Pero no todos los columnistas somos iguales, yo escribí sobre el bar de mi barrio y su clientela siguió siendo la misma.

dscn3802-2 Así que cuando alguien me dice por la calle que escriba sobre los perros sueltos o la desidia en el mantenimiento de los columpios infantiles que los propios padres tienen que arreglar, que sepan que yo puedo escribir sobre eso, pero no tengo influencia, que si quieren que les hagan caso en los Ayuntamientos díganselo a Alonso de la Torre.

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ARSENIO CAMPOS, EL ESCRITOR BORRACHO (3ª ENTREGA)
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Diego Algaba | 21-05-2017 | 05:28| 0

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Era un bar en el que no había entrado nunca.

Olía a tabaco a pesar de que una ley no permitía fumar desde hacía años. Me gustaba ese olorcillo de lo prohibido. El bar tenía una barra en forma de L y la esquina estaba ocupada. En la televisión ponían una película de boxeo con la voz apagada. Por los altavoces se oía a todo volumen música de salsa. Muchas botellas, casi todas vacías, estaban colocadas en repisas de madera. Se notaba que era un lugar donde se bebía, y eso me gustaba. No quería que me miraran raro, ni como un tipo sospechoso igual que pasaba en los bares pijos del centro cuando llenará la copa una y otra vez… Detrás de la barra había una camarera con un vestido negro de gran escote, era brasileña. Junto a mi, un hombre alto, con cara triangular, grandes orejas, ojos pequeñitos y mirada huidiza, tomaba un combinado de color naranja. Como sería el interior de un tipo grandón que bebía una bebida anaranjada, de qué podría hablar conmigo. Solo con la composición tan desigual entre alguien alto agarrando con la mano un vaso de tubo de color naranja echaba para atrás, decía muy poco de él. Poca y vacía conversación se le podría sacar, ni siquiera en la lucidez de la borrachera. Parecía fuerte y débil, seguro y timorato,alguien vulgar que se creería interesante como todos los vulgares. Yo, esa noche, quería hablar y no importaba con quién, incluso alguien así podría valer, aunque no pudiera llegar a algo más lejos que el próximo partido de fútbol, daba igual, para comerme el tarro ya tenía bastante con mi propia cabeza. El tipo bebía con la boca muy abierta, a grandes tragos, era serio, pero me miró con una sonrisa de dientes diminutos, como si se los hubiese limados, me señaló con el vaso el escote de la camarera, era mi oportunidad. “Está buena” dije, arrimando mi banqueta a la suya. Mientras daba un trago a mi whiski. “Has visto hoy el Madrid” la cara se le iluminó, había dado en la diana, ya podíamos ser amigos de una noche, de unas horas. El escote de la camarera y el Madrid nos había unido para siempre en aquella noche negra y solitaria. Allí nos quedamos durante horas bebiendo. No recuerdo bien de que habló. Sé que se había peleado con su pareja y por eso estaba allí, Decía que no acostumbraba a salir, que estaba enamorado de su mujer. En definitiva. un “pringao” que le dio llorona, así que le dije que fuéramos a otro bar. Una discoteca que no cerraban en toda la noche y donde había mujeres.

Creo que se llamaba Juan, aunque para mi siempre será el triangular, con aquella cara de insecto palo y cuello largo y delgado. Se le marcaban las mejillas, parecían las quijadas de un burro. Sería albañil o cualquier oficio en el que se utilizara la fuerza, las manos las tenía encallecida, como para acariciar a alguien, no me extraña que su mujer le hubiese dado puerta. Quizás fuese la naturaleza la que le dotó de esos brazos fibrosos, parecía un ciclista después de haber terminado un tour.

Lo que pasó luego es algo que nunca podría haber imaginado.

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ARSENIO CAMPOS EL ESCRITOR BORRACHO ( SEGUNDA PARTE)
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Diego Algaba | 13-05-2017 | 21:18| 0

 

Me gusta beber porque es cuando sueño que las cosas que nunca se van a cumplir se pueden cumplir. Me veía escribiendo en cualquier ciudad del mundo sin estar atado a absurdos horarios de oficina que me robaban la parte mas importante de mi vida, el tiempo, el alma.

Todo lo que había conseguido hasta ahora era algún premio menor de narraciones cortas de pueblos pequeños, donde me costó más el transporte en autobús que lo que me dieron en metálico, la vanidad no tiene precio. Me tomé otro vino, y luego otro. Me puso aperitivo pero tenía más sed que hambre. Se lo dije al camarero, lo conocía de otras veces. No tenía confianza como para decirle algo más que: “llena otra vez”. Él, cuando me veía entrar, tampoco me hablaba. Hacía bailar la copa por encima de su cabeza como un tintineo sin sonido. Yo decía “si” con un gesto, nos comunicábamos sin palabras, en silencio. Agradecía su sequedad. Nunca me gustó charlar con camareros simpáticos y sabelotodos, no soportaba que nadie me largara su rollo. La gente no se cansa de hablar para contar siempre lo mismo. Noticias o reflexiones que han oído a otros y repiten como suyas una y otra vez hasta memorizarlas como un loro. Habitualmente se habla de fútbol, en campaña electora también meten algo de política, y en las tascas de hombres algunas veces se habla de mujeres. Oyendo a la gente averiguas si han escuchado la Ser la COPE han leído EL MUNDO, EL PAÍS. LA RAZÓN o EL HOY. Repiten lo que la noche anterior ha dicho o escrito el analista o el columnista en cada una de las cadenas o periódicos. Aprenden de memoria textos, gestos y variaciones de la voz; discursos que exponen como reflexión propia en cualquier escenario aunque se vienen arriba en la barra del bar.

Al contrario que siempre, aquel sábado noche que entré en el Marín tenía la necesidad de sentir a otro ser humano cerca. Necesitaba estar conectado con otro que fuera de mi especie aunque no fuese como yo. Daba igual, hasta el camarero podía servir, aunque prefería a un desconocido para que el camarero del Marín no creyese que a partir de aquel momento todo iba a ser simpatía y charla por mi parte. No quería intimar con él para no romper el silencio que existía entre los dos. Yo bebía, el me daba de beber y punto. Esa era nuestra relación una relación perfecta que yo quería que siguiera siendo igual.

Me daba lo mismo quien fuera, el único requisito es que fuese un desconocido. No me importaba el más vulgar de la ciudad o el más listo. Él me daba igual, era yo quien me importaba, esa noche quería largar el rollo a cualquiera. Quería estar cerca de otro ser humano prestando atención a lo que me dijese como si me importase, como si lo importante de la vida fuesen esas pequeñas cosas, cuando todo estaba en la literatura, en los libros y no en efímeros sentimientos humanos. Aquella noche quería interaccionar con alguien, le prestaría atención como si me importara algo su vida o sus pensamientos ya fueran de cosas propio o como siempre reflexiones prestadas así que me fui a otro bar. Un bar al que no había ido nunca.

CONTINUARÁ

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EL COMENTARISTA ANÓNIMO
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Diego Algaba | 08-05-2017 | 20:47| 0

He sacado un libro de la biblioteca. Es una colección de poemas de Pessoa. Otro lector habrá sacado el libro antes que yo porque hay palabras subrayadas y unas anotaciones escritas a lápiz en los márgenes.

Las interpretaciones que se hacen de un poema depende de cada uno de los lectores. Cada libro se transforma en único dependiendo de quién lo lea, del estado de ánimo que se tenga, del momento de su vida en el que esté. Un libro es algo íntimo, privado. Yo también hago anotaciones en mis libros. Cuando ha pasado un tiempo y regreso a ellos hubiera hecho comentarios diferentes, hubiera subrayado otras cosas. Un libro es un tesoro si es tuyo, cuando es público sobran las anotaciones. Sin embargo siento este libro con vida. Siento curiosidad por su recorrido como si se hubiera impregnado del alma del comentarista anónimo en esa letra que parece de adulto por el trazo firme y la transformación de la redondez infantil en letra picuda y afilada. Puede ser que el libro haya estado en el atril de una mesa de caoba con pluma y tintero; o en una mesa camilla de formica con brasero y tarima; o haya sido testigo mudo en una mesa de café de charla y alcohol. También ha podido estar en manos de algún experto filólogo; quizás entre las manos de esos que firman algunas tribunas de periódicos como escritor. La palabra escritor que tanto respeto me causa se emplea algunas veces con mucha alegría. No es filósofo el que ha estudiado filosofía, ni se es artista por haber hecho Bellas Artes.

Quizás este libro de pastas de cartón con el tejuelo de la biblioteca en el lomo haya estado encima del sofá de un indolente estudiante; o en la mesilla de noche de una mujer que ha pasado sus manos entre las mismas páginas que ahora toco yo; o haya llenado el hueco de alguna tarde dura de invierno; o quizás en manos de un inquieto jubilado; o en noches tormentosas de un insomne; o ha servido como medicina de un alma desgajada. A lo mejor alguien lo ha interpretado haciendo aspavientos con voz engolada delante de un espejo; o leído en voz alta ante un auditorio donde alguien ha dicho: “eso es lo que me pasa a mi aunque no sepa decirlo”

 

 

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