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Israel J. Espino

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Moras y moros legendarios: una pareja encantadora

Ilustración: Borja González Hoyos/

 En Extremadura no solo tenemos moras y moros encantados que viven y encantan cada uno por su lado. En Las Hurdes podemos encontrar parejas de agarenos condenados a estar eternamente juntos pero metamorfoseados.  Como los matrimonios veteranos, vaya.

En esta encantadora comarca se habla de un tesoro encantado que se encuentra en la oquedad de un peñascal en el término de Nuñomoral, custodiado por una Mora Encantada, a la que ayuda un bastardo de oro que se transforma en serpiente de verdad y arroja un veneno mortal  por la boca en cuanto alguien intenta penetrar en la cueva. Pues bien, este bastardo es en realidad un rey moro que un mal día se perdió por las intrincadas montañas hurdanas y al que la Mora Encantada ha esclavizado.

El rey moro se transforma en una serpiente que escupe un veneno mortal por su boca (Foto: Jimber)

El rey moro se transforma en una serpiente que escupe un veneno mortal por su boca (Foto: Jimber)

Si esto apena a alguna de mis lectoras que sepa que para desencantarlo, según afirma Flores del Manzano, sólo tiene suministrarle sangre de siete animales diferentes, tanto de tierra como de agua. Pecata minuta a cambio de tener a un rey moro arrastrándose a tus pies. Tengo unas cuantas amigas que lo harían encantadas. Seguro que ya están buscando sangre. O haciéndola.

En la misma comarca existen también leyendas en la que el humano recibe unos panes, bollos o quesos de un extraño con el encargo de que los lleve a un determinado lugar donde deberá depositarlos íntegros, sin que les falte ningún pedazo. Si lo hace así, recibirá un tesoro o un premio. Por lo general, el humano cumple lo mandado, pero siempre hay una mujer curiosa, o unos hijos hambrientos que joroban el “vivieron felices y comieron perdices”.

Esto es lo que ocurrió, según recoge el investigador Félix Barroso, a un lugareño de la alquería hurdana de El Gasco que trabajaba en la sierra extrayendo carbón, cuando se le apareció un moro que le preguntó sin anestesia:

–          ¿Quieres hacerte rico?

 

A esta pregunta (tan difícil de contestar, por otra parte) el hombre contestó afirmativamente, y el moro lo llevó a la Cueva de la Huesera, donde sacó un pan de su bandolera, diciendo:

–           “Cógelo, pero no comas hasta la mañana de San Juan. Ese día te esperaré aquí, y has de enseñarme el pan entero, sin que falte una sola migaja. Si así lo haces, te haré rico, y te daré también una botella con agua mágica con la que no te dolerán más las muelas”.

El lugareño se marchó muy contento a casa, aunque al llegar se encontró con la cruda realidad: sus hijos estaban muertos de hambre, y al verle aparecer con la hogaza de pan, se les caían los lagrimones. El padre, conmovido, les dio un trozo. Yo hubiese hecho lo mismo, que quieren que les diga.

La mañana de San Juan regresa a la sierra, y cumpliendo se promesa, allí está el moro. Cuando le entrega el pan, el “encanto” descubre que le falta un trozo, y brama entre enfadado y entristecido:

–           “No has cumplido lo acordado. Este pan era una mora encantada en la cueva, convertida en hogaza. Le habéis comido una pierna, que es el trozo que le falta. Ahora ha quedado coja y no podrá salir del encantamiento. Otros cien años seguirá habitando en la cueva”.

Y diciendo esto, se marchó sin mirar atrás, diluyéndose poco a poco en el límpido aire de la mañana.

... y la mora permanece encantada y coja en el Chorro de la Miacera. (Foto: Jimber)

… y la mora permanece encantada y coja en el Chorro de la Miacera. (Foto: Jimber)

Otros relatos eliminan al moro y es la mora la que directamente se aparece, en la misma cueva,  cerca del Chorro de la Miacera, a un vagabundo al que se le promete un tesoro y se le da a guardar la hogaza de pan, con idéntico resultado: mordisco al pan y pata chula a la mora.

–           “No te doy el tesoro que tenía preparado porque, encima, me has dejado coja”…

Puede que de estos actos de canibalismo mágico e involuntario provengan las expresiones “estar más bueno que el pan” y “estar para comerse”. Pero eso se lo dejaremos a los lingüistas, que también tiene que ganarse su pan…

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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