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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

¡Pero que fantasma moro ni que niño muerto!!!

Ilustración: Borja González Hoyos

 

Extremadura se encuentra poblada de seres invisibles que conviven mano a mano con nosotros. Algunos vagan aún por nuestras dehesas y castillos por propia voluntad, otros por antiguas maldiciones y la  mayoría  lo hacen “encantados”. Algunos dan miedo, otros pavor y otros provocan una tímida sonrisa, pero todos llevan ya tanto tiempo en nuestra tierra que pertenecen a ella como las encinas o los canchos.

Si no me creen, pueden aprovechar este fin de semana para acercarse a Torrejón el Rubio.   Allí podrán ver, a  un kilómetro de distancia hacia la parte del poniente, las ruinas de un castillo al que conduce una calleja formada por las paredes de los cercados extramuros de la villa, denominada “Calleja de la Cava”. Pero vayan sin niños y de día, porque entre aquellas ruinas  hay un infante encantado que, apostándose por la noche en uno de los desportillados de la fortaleza, atrapa a cuantos muchachos pasan a esas horas por allí y los mete en el castillo, donde desaparecen para siempre. Ese niño es el hijo de La Cava, la bella hija del conde Don Julián, de la que se enamoró Don Rodrigo y de cuyas relaciones nació el infante, que permanece encantado y va encerrando en la fortaleza a los muchachos que por allí pasan, con el fin de salir de ella cuando tenga reunido un poderoso ejército para reconquistar el trono de sus mayores.

Absurdo sería pues decir, por muy descreído que uno sea,  que Extremadura se encuentra despoblada, y ya podríamos escribir en castúo los cuentos de las mil y dos noches si hacemos caso al insigne Publio Hurtado, quien ya en 1902 hacía un somero repaso a los “encantos”  sobrenaturales extremeños, entre los que citaba  “… a la reina mora que habita en la Fuente de Velasco, junto a Cabeza del Buey, dedicada a bordar unas babuchas al Zancarrón, con tal sutil labor que tal vez tendrá tarea para lo que dure el mundo; a la bella joven de la fuente de la Serrana, cerca de Plasencia, que ofrece inútilmente a los caprichosos sus bandejas rebosantes de artística bisutería; al tremebundo gigante, morador de las ruinas  de la Dehesa del Berrocalillo, término de la misma ciudad, cuyos golpes de maza aterrorizaban a los buscones de una sala subterránea que guardaba, de donde por fin sacaron unas cortinas que se destinaron a cubrir el Cristo de san Lázaro; al negro bozal residente en la cerca de Marrón, próxima a Cáceres, venido ha siglos de África con no se qué caballero, que sale al camino a las mocitas que pasan por sus alrededores, ofreciéndoles dulces para que se vayan con él y alivien su soledad, prometiéndoles inverosímiles grandezas; …a la princesa que, surgiendo de un molino en el sitio de la Resbalaera, en Alcuescar, exhibe un tenderete de calaveras y huesos humanos, cuya extraña mercancía, de la que no vende ni una esquirla (¡sería su perdición!), recoge al venir el alba; …al ser deforme que en el callejón del Huerto de Rafael, en Malpartida de la Serena, sale al paso de los transeúntes pidiéndoles con deprecatorios ruegos que le lleven la sangre de un gallo negro para recobrar su forma humana; al toro que brama aprisionado bajo el Cancho Grande de la Era Empedrada, cerca del mismo pueblo, que dicen ser el hijo de un emir, reducido a tan irracional condición por haber tratado de destronar a su padre; a la berberisca señora del castillo de Segura, cuyo desencanto estriba en que llegue a contar en una noche las estrellas que tachonan la bóveda celeste, tarea que siempre llega a interrumpir la aurora que, al desplegar sus inmensas cortinas de luz, ocultan a los ávidos ojos de la contadora un resto de “lamparitas del cielo”, obligándola a repetir el recuento a la siguiente noche; a la dama reclusa del pozo de la Mineta, cerca de Berlanga, llamada Pepa, que por no se qué renuncio conyugal, su marido, que debía tener mucho de mago, la sopló en aquella profundidad, donde está escuchando sin tregua a una lechuza que la llama ¡fea! ¡fea!;…la que tiene en su compañía una perrita negra que olfatea y sale al camino de los viandantes, a ver si da con el Quijote destinado a desencantar a su dueña;

La mora encantada del castillo de Peñafiel posee un talismán que la transforma en rana... (Fotografía: Jimber)

a la hija del profeta que se guarece en el castillo de Peñafiel, no lejos de Zarza la Mayor, que posee un talismán que afecta la forma de una esferita de oro, merced del cual se transforma en rana o en gentil paje, que enloquece, bajo esta última  forma, con su labia y sus melindres a las muchachas del contorno; a la filarmónica agarena que desde su cueva de Cantamora, en Talavera la Vieja, deja estáticos con sus dulces melodías, como el divino Orfeo, a las personas, aves, reptiles y cuadrúpedos que llegan a oírla; a los convidados al banquete baltasárico que se ofrece a la vista de los devotos de san Cipriano (el santo de los supersticiosos), en el interior del puente de Nieblas, en el camino de Malpartida a Plasencia, servido por una camarera judía de peregrina belleza; a la bravía jurdana de Cotorro de las Tiendas, junto a la alquería del El Gasco, que cortó la lengua la pastor agresor de su honra con las mismas tijeras que este había elegido en la flamante tienda de la violada, para que no se jactase de la infamia ante el ausente esposo, si tornaba este de la guerra; a la mística doncella que con una vela encendida y libro en mano se exhibe en noche tal, al abrirse una de las almenas del castillo de Montánchez, a bendecir o  maldecir la comarca, según el canon de aquella obra profética, cuyo suelo da óptimos frutos o es de escasa producción, según sea el conjuro; a la mora que habita en la Peña del Castillo, próxima a Zorita…”

 

 Y ahora que  le acabo de presentar, someramente, a algunos de los “encantadores” personajes que jalonan nuestras tierras, no vuelva a decir que pasó el fin de semana solo. En Extremadura, nadie está solo del todo. Solo hay que saber mirar, muy despacito, por encima del hombro.. .

 

Una puerta abierta a nuestros mitos

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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