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Autor: Jmfch
El NO y las manadas
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José María Fdez Chavero | 21-11-2017 | 8:57| 0

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No” es una palabra de dos letras y un único significado que se puede traducir con diferentes expresiones: no quiero, no me apetece, para nada, déjame y no insistas, eres un pesado y esto sin acudir a otras formas que pudieran herir la sensibilidad de alguien… Formas diferentes para un único significado: NO.

El “NO” no quiere decir: insiste hasta que me canse y te diga que sí, es la manera encubierta que tengo de decirte sí, te he dicho no pero la verdad es que sí… Repito una vez más: el No significa No. Y esto en todas las áreas, lugares y aspectos de la vida: en los colegios, en los lugares de trabajo, en las Iglesias, en las calles…en la política, en la vida familiar y de pareja, entre amigos y compañeros, también entre desconocidos, en cualquiera de las comunidades.

El problema no está en esa palabra monosilábica del NO, el problema se encuentra en el receptor de la misma, ya sea sujeto individual o grupal. Cuando el receptor es una manada entonces pierde el significado y pasa a significar lo que la masa anónima, irracional, impulsiva y a merced de los instintos más primarios se les ocurre que significa. Eso ocurrió en la Alemania Nazi, interpretaron que el NO de millones de seres humanos significaba que deseaban la muerte, o en los maltratos cuando el maltratador interpreta el No como manifestación de júbilo y de felicidad o en lo sucedido en los casos de violaciones de una chica por una manada de seres que dejaron de ser humanos para convertirse en manada.

La manada puede ser pacífica o violenta, tranquila o inquieta, lo que no puede ser nunca es racional y sensata. Si queremos que los miembros amorfos difuminados recuperen la conciencia y su capacidad de raciocinio, lo primero que se debe hacer es individualizarlos de nuevo, es decir, separarlos para que desaparezca el contacto entre ellos. Lo segundo es mantenerlos así durante tiempo, en un lugar sereno y tranquilo en donde encuentren momentos y silencios para la reflexión de lo sucedido y para que puedan recuperar el equilibrio racional y emocional, si es que alguna vez lo tuvieron.

Cuestionar a la víctima de la manada, ya sea niño maltratado, mujer asesinada, joven violada…es el primer signo de estar bajo los efectos de otra manada, la de los seres humanos violentos e irracionales que tanta fuerza y presencia han tenido y tienen a lo largo de la historia.

Dedico estas líneas y mis mejores deseos de que sean felices a todas las víctimas de manadas y de seres irracionales.

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Salgamos a las calles
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José María Fdez Chavero | 17-11-2017 | 11:28| 0

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Tenía la idea de sacar esta reflexión el día 3 de diciembre que es el día que nos han asignado aquellos que no saben lo que queremos. Dicen que es el día internacional de la discapacidad y no soy discapacitado, soy como soy, por eso esta reflexión la saco hoy y me niego a hacerme eco de ningún día discriminatorio. Gracias por darnos un día, pero los queremos todos.

Salgamos a las calles porque somos libres y con el derecho a hacerlo para gritar a los cuatro vientos que me quiero como soy y estoy feliz de ser así. Salgamos a las calles para sentarnos en una terraza a tomar algo o para ir a comprar lo que necesitemos o para coger el autobús que nos lleve al cine o a la pista del polideportivo.

Salgamos a las calles desde donde dirigirnos a las aulas del colegio o del instituto o de la universidad, del centro educativo que queramos y podamos por nuestros intereses y posibilidades. Caminemos por donde queramos, recemos si así lo sentimos, bailemos en las salas de fiestas, riamos en los parques o cantemos un cumpleaños feliz de algún amigo. Dejemos que nuestro corazón, nuestra mente y espíritu se enamoren y se ilusionen con otra persona. Miremos las tiendas para entrar y leamos las cartas de menú para pedir lo que nos apetezca.

Salgamos a las calles para apuntarnos al paro, para solicitar trabajo, para dirigirnos al empleo ganado con nuestros esfuerzos. Vayamos a los colegios electorales a ejercer nuestro derecho arrebatado al voto. Curiosa la preocupación de que seamos manipulados y no atienden a tanta manipulación como han padecido los pueblos a lo largo de la historia y en la actualidad.

No etiquetemos, ni valoremos con tanta superficialidad a los demás y exijamos que nos traten de igual manera. Yo soy un ser humano, hombre o mujer, con mis sueños e ilusiones, con miedos y dificultades, con deberes a cumplir y derechos a disfrutar, con familiares y amigos, con muchas positividades y algunas negatividades, con capacidades y deficiencias…como tú. No soy más que tú pero tampoco menos. No me das pena y yo tampoco quiero darte pena. Te respeto en lo que eres y quiero que me respetes en lo que soy.

Salgamos a las calles para volver a entrar porque en la vida se sale y se entra. Acompáñame en esta hermosa aventura de la vida y yo te acompaño, como dos seres libres que desean ser felices.

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Discrepar debe enriquecernos
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José María Fdez Chavero | 14-11-2017 | 10:15| 0

discrepar

Discrepar según la Real Academia de la Lengua significa “no estar de acuerdo una persona con otra en un determinado asunto” y “no estar en armonía o correspondencia con otra”. Son infinitos los temas en los que podemos discrepar, al igual que son muchas las razones para ello. Nos diferenciamos en nuestros pensamientos, en las ideas y creencias. Percibimos la realidad de forma propia porque nuestros intereses, de alguna manera, condicionan el trabajo de nuestros sentidos. Es lógico que el análisis y reflexión que realizamos de los diferentes aspectos de la vida conlleva la subjetividad que los hace algo, o totalmente, diferentes.

Discrepamos por las emociones y los gustos. Siento frío cuando tú puedes estar estupendamente y ambos llevamos razón porque es lo que sentimos cada uno. Me gustan determinados colores y a ti te gustan otros, y también en comidas y ciudades y equipos de fútbol. En la discrepancia se encuentra uno de los motivos por lo que existe la variedad en el mundo. Si a todos nos gustase el azul nos encontraríamos sin el rojo o el verde; si solo viéramos los partidos de un determinado equipo, al poco tiempo desaparecía ese deporte porque no se podría mantener económicamente.

Discrepamos en el comportamiento, en las conductas y aficiones. Yo practico el senderismo y tú juegas al tenis; yo leo libros de historia y tú novelas románticas; yo disfruto paseando por las calles de mi pueblo y tú por las calles de las grandes ciudades… la grandeza de la variedad nos convierte en seres increíbles y grandiosos.

Discrepar nunca nos debe dar miedo ni nos debe hacer desconfiar de la otra persona. Discrepar nos lleva al diálogo, al debate, a las diferencias y a los matices. Nos hace avanzar en el análisis y en sus conclusiones. Nos abre a la multiplicidad, a la variedad y a las diferencias y similitudes. Nos da la posibilidad de ser más tolerante y cuidadosos con lo que decimos y con el cómo lo hacemos.

Discrepar no se debe hacer desde la imposición, ni desde la intolerancia del que aplasta al otro, ni del que silencia al diferente, ni desde el chantaje en cualquiera de sus versiones. Utilizar a los hijos, a los menores para imponer criterios personales nos desautoriza y nos deshumaniza.

Discrepar tiene unos requisitos que siempre se han de tener en cuenta: el respeto a las normas previamente establecidas y a los acuerdos llegados; el deseo de avanzar y mejorar la convivencia y que las minorías también existen para ser tenidas en cuenta. Discrepar ha de tener siempre en la base de su existencia el acuerdo del respeto y que si hemos de separarnos lo hagamos desde la grandeza de seguir creciendo ambos.

Esto se puede aplicar en cualquier ámbito de la vida privada y pública: familiar, de pareja, política, etc. Deseo profundamente que el discrepar nos enriquezca y nos convierta en personas más tolerantes e inteligentes. Nunca olvidemos que en la similitud y en las diferencias está la riqueza y siempre comenzar por los sectores con más necesidades.

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¡Qué bello podría ser el mundo!
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José María Fdez Chavero | 07-11-2017 | 6:48| 0

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Ese fue el comentario de un prisionero a otro en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial al contemplar la puesta de sol tras un día entero cavando en el interior de una zanja, con los pies descalzos y el cuerpo destrozado. Tantas experiencias preciosas tenemos en nuestra vida diaria que resulta difícil entender tanta sinrazón como la que existe.

No hay que irse lejos de nuestro entorno para disfrutar del amanecer o del atardecer, de un árbol o una flor, de un pájaro volando o de un perro corriendo hacia el amo para sentir esa belleza de la que hablaba el anónimo prisionero. Tenemos la mirada del hijo agradecido, la del padre orgulloso o la de la madre pronunciando tu nombre o el olor del guiso de la abuela, o el del pan recién hecho o el césped recién cortado. Momentos inolvidables de encuentros con amigos, fiestas familiares, éxitos en los estudios o reconocimiento en el trabajo.

La belleza del mundo se ve empañada por enemistades y desencuentros de egoísmos, de avaricias que conducen a apropiarse de lo que les pertenece a los demás. Si tuviéramos más presentes la máxima de no hacer lo que no quieres que te hagan a ti, seguro estaríamos mejor, seríamos más felices, con menos dolores de cabeza y penas en el espíritu.

Pensamos que podemos hacer poco para mejorar la sociedad y es posible que sea cierto si nos vamos a lo grande, pero si nos quedamos en lo pequeño y cada uno se preocupa más de su espacio entonces nos encontraríamos con un sumatorio que nos regalaría una vida más placentera. A modo de ejemplo, me atrevo a dar algunos ejemplos sencillos.

Nos iría mejor si no dejáramos en el suelo la botella o la lata de refresco consumida o el papel utilizado e inservible, o el excremento del perro. Dormiríamos mejor si la música se escuchase al volumen adaptado a la hora del día y a la circunstancias. Nos haría más sensible ceder el asiento al anciano o a la mujer embarazada, erradicar las palabras malsonantes y los insultos al contrario.

Estaríamos más conformes con nosotros si no nos colásemos en la parada del autobús, ni engañásemos al profesor, ni tratáramos sin delicadeza al estudiante tras el error cometido por despiste o falta de estudio. Qué bello podría ser este mundo si diéramos más veces los buenos días, si pidiéramos las cosas por favor, si mostráramos más agradecimientos y pidiéramos más veces perdón. Si alguien duda de mis palabras tan solo le reto a practicar estas simples sugerencias, seguro que su vida mejora, sonríe más y su corazón late más alegre.

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Confía y Relájate
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José María Fdez Chavero | 31-10-2017 | 9:33| 0

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(Extracto charla Colegio Santa Teresa de Badajoz invitado por AMPA).

Les hablo como padre de dos alumnos que comparte ilusiones y preocupaciones y la de profesor de bachillerato. Cuando me invitaron era consciente de que debía centrarme en la educación. Es lo que se espera e interesa. Aquí están nuestros hijos, nuestros alumnos. Todos deseamos tener buenos estudiantes y mejores personas.

Comencé a prepararla y pensé en ellos, en sus ilusiones y problemas, en sus dudas, dificultades, estudios, tareas, relaciones, futuro…Recordé las cifras de fracaso escolar y de repente me sentí repetitivo y con cierto pesimismo. Estamos todos los años en el mismo tema. Me empecé a agobiar y a aburrir.

Pasé a la sociedad. Se me vino a la mente las drogas y el alcohol; la pérdida de valores, de creencias, de sentido de la vida; la violencia doméstica, en las aulas y calles; el terrorismo y las guerras; la falta de presente y de futuro para muchos;… y me agobié mucho más.

Y esto con el compromiso de que me había comprometido a dar la charla. Pensé: nadie me ha marcado el tema, ni la duración. No he firmado ningún contrato y mi minuta es bien ligera. Así llegué a la pregunta ¿de qué me apetece hablar? Aquí me sentí seguro. Di rienda suelta a mi memoria y me fui a mis años de estudiante. Os invito a acompañarme, cada uno desde sus recuerdos, a revivir los años de colegios, amigos y compañeros.

Mis padres nunca me preguntaron la lección, ni me revisaron las tareas. Sólo algunas veces me preguntaban cómo había salido el examen. Recuerdo que teníamos muy claro que había que estudiar, que a una determinada hora se comenzaba y a otra se dejaba sin que nadie tuviese que avisar. Me sentí reconfortado. Es obligado preguntarse si ¿tenemos claro y ellos tienen claro que deben estudiar?

En la adolescencia no me gustaba estudiar ni hacer deberes, pero la alternativa me gustaba menos. Disfrutaba los fines de semana y entraba en los lunes con pereza y mal humor. Los primeros fines de semana del curso, después no porque había que estudiar, acompañábamos a mi padre a coger aceitunas y deseábamos que saliera lloviendo para no ir. De nuevo hemos de preguntarnos si ¿tenemos claro y tienen claro cuáles son las alternativas?

Miraban el boletín de notas y decían: “en ésta hay que apretar, éstas bien”… y no era necesario más. Nunca fueron a pedir explicaciones de una nota… Reconozco que no soy capaz de hacer lo de mis padres, aunque lo intento. Hemos renunciado a patrones educativos que dieron buenos resultados con nosotros. Es evidente que debemos adaptarlos, pero no suprimirlos.

Desde aquí, con cariño y siendo consciente que son discutibles, comparto algunas sugerencias que pueden ayudar en la educación formación de nuestros hijos alumnos.

Seamos padres y no pretendamos ser amigos, porque la paternidad ya conlleva la confianza. No los dejemos sin referentes. Nunca hemos tenido padres tan tolerantes ni nunca niños tan necesitados de un apoyo seguro, con directrices claras y normas razonables para ordenar sus vidas. Compartir tiempos, juegos, experiencias… que transmitan el deseo del diálogo, de la escucha, desde la comprensión y el respeto.

Recordemos nuestra etapa de estudiantes. Recordaremos muchas enseñanzas positivas para aplicar y algunas negativas para no reproducirlas. No piensen que no tiene sentido lo vivido. Es cierto que ha cambiado, pero no tanto como para pensar que ya no vale. Recuerden sus notas y amigos, los éxitos y también los fracasos y castigos. Esto nos ayudará a no agobiarles con la perfección, tampoco con el miedo al trauma porque ni somos perfectos ni estamos traumatizados con lo recibido.

Si nos fijamos en lo que somos, con sus más y sus menos, es posible que nos gustemos, por lo que no nos ha ido mal con la enseñanza recibida.

Debemos preguntarnos ¿cómo quiero que sean mis hijos –estudiantes?: buenas personas, trabajadores, cariñosos y sensibles, formadas… Lo que se pueda cambiar o mejorar hay que hacerlo, lo que no se pueda habrá que aceptarlo. No es la profesión lo que dignifica al hombre o a la mujer, sino el cómo se desempeña.

En la vida hay normas y límites. Hemos pasado de límites claros, a veces rígidos y poco dialogados, a una difusión de ellos. Confundimos horarios y esfuerzos con el miedo a quebrar una libertad mal entendida o a que se traumaticen. Nuestros hijos no son de cristal aunque podemos convertirlos en eso. Hay límites de tiempo con los móviles, juegos, hora de acostarse…

Organización: Hay horas de estudios, como las hay de juegos y de salidas. Ayudémosle para que encuentre el equilibrio entre su tiempo y sus intereses, gustos y obligaciones.

No justificar la falta de trabajo que solo engaña al que justifica y debilita al que no cumplió con su deber.

Animarles a tomar decisiones, con la seguridad del apoyo, también en el error. Siempre repito hasta la saciedad que lo más que puede pasar es equivocarse y si eso ocurre, se cambia y se mejora.

Valorar el esfuerzo y la mejora en el trabajo, como decía el poeta Juan Ramón Jiménez “tenerlo todo pero con esfuerzo” o como aseguraba Picasso “yo no sé si alguna vez me llegará la inspiración pero si me llega me encontrará trabajando”.

Confía en tu educación, en los principios de respeto y esfuerzo que te transmitieron tus padres y familia. Confía en lo que eres, en tus éxitos y en cómo afrontaste los fracasos. Confía en el colegio, en los maestros, profesores. Confía en los padres. Qué importante que padres y docentes compartamos información y criterios. Si confiamos estaremos más relajados y viviremos mejor y formaremos un buen equipo colegio- familia, docentes y padres y nuestros hijos estudiantes crecerán en la mejor de las direcciones.

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