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Autor: Jmfch
Grandezas del ser humano
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José María Fdez Chavero | 20-06-2017 | 12:39| 0

 

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Estamos continuamente a merced de los medios de comunicación que nos saturan de información, la mayoría de ellas de carácter negativo para el ser humano y que nos sitúan en el dolor y en el sufrimiento, pero también las hay que nos hablan de personas que engrandecen la condición humana y que hacen de sus vidas verdaderos testimonios de heroicidad.

Las desgracias nos entristecen y nos duelen, pero también nos ponen en contacto con personas que hacen de la donación y de la entrega signos de su identidad. Son héroes, como diría Hegel, que nos van apuntando nuevos modelos de vivir y que nos hacen avanzar en la línea de la convivencia, de la esperanza y de la justicia.

 

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Educar en el Deporte
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José María Fdez Chavero | 19-06-2017 | 12:15| 0

educar-en-el-deporte-1Estamos muchos padres, profesores y adultos insistiendo a nuestros niños y jóvenes que en el mundo del deporte hay que ser competitivos y respetuosos con el contrario, que tenemos que buscar la victoria en todos los partidos pero siempre dentro de la legalidad que marca las reglas del juego. Les felicitamos en la trabajada victoria y también en el esfuerzo, les animamos en la derrota y en el cansancio, les recriminamos cuando aparece la apatía y la falta de entrega, les aplaudimos en sus aciertos y les damos golpecitos en la espalda cuando se emocionan o cuando fallan.

Renunciamos a parte de los descansos de fines de semana para acompañarles en sus actividades deportivas y lo hacemos con gusto, con algo de sacrificio y siempre convencidos de que el deporte no ha de traer elementos negativos para su desarrollo físico, psíquico, social, conductual y afectivo.

El deporte nos transforma en sujetos resistentes al cansancio, nos enseña la senda de la solidaridad con los del propio grupo, pule los estériles egoísmos y falsas vanaglorias. Nos convierte en personas disciplinadas con las estrategias ensayadas en los entrenamientos, nos prepara para obedecer al que marca el ritmo del equipo, y nos enseña el camino del compartir. Si nos detenemos en el comportamiento que se ha de tener con el contrario debemos señalar una serie de valores a inculcar como son el juego limpio, el reconocimiento de los aciertos hasta el punto de felicitarles, la discreción con sus fallos y la capacidad de reconocerles sus capacidades y habilidades.

Y con el encargado de aplicar las reglas de juego, o árbitro, se tiene que colaborar para que sea posible el desarrollo del encuentro y para eso hay que ser claro y transparente, nunca un simulador de faltas inexistentes que confunden y generan mal ambiente.

Esto y mucho más es lo que esperamos de los deportes que ejercitan nuestros hijos y de los deportistas que son sus héroes y modelos, pero no siempre es así. No doy nombres porque todos cometemos fallos y, además, porque no ayuda el demonizar a nadie. Ojalá se encuentren con familiares y compañeros que les hagan ver el error que cometen con ese tipo de actos.

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Conductas como pelearse con el contrario, escupirle, reírse de sus desaciertos y fallos, golpearles en el barullo del grupo, insultarles en el silencio a los oídos, pisarles con el único propósito de dañarles y provocarles para que se descontrolen no son comportamientos propios de sanos deportistas y sí lo son de jugadores sicarios que transforman el triunfo en el dios de sus vidas hasta llegar a confundirles y hacerles creer que la victoria se puede conseguir a base de engaños. Si a eso le añadimos que son personas con unos sueldos desorbitados para los tiempos que corren, entonces comenzamos a hablar de espectáculos que no educan y sí confunden a los más jóvenes.

En esta vida hay que estar convencidos de que no todo vale aunque suponga la victoria, y no es una buena filosofía el creer que el fin justifica los medios. El buen ejemplo para ser imitado es una de las formas más habituales de aprendizaje en nuestra sociedad, hagamos entre todos que sea una realidad. No hagamos del mal ejemplo una realidad a la que nos acostumbramos y vemos en los medios de comunicación con excesiva frecuencia.

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La grandeza es y será la unión
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José María Fdez Chavero | 13-06-2017 | 9:58| 0

 

La palabra maestro designa a la persona que domina una ciencia, un arte, un oficio y hay tantos como actividades o saberes teóricos y prácticos existen. Hablamos de maestros de primaria o de infantil o de educación física o de educación especial, y de la alfarería, de la pintura, de las artes gráficas o marciales, de la construcción y un largo etcétera. Siempre que se desea destacar el buen hacer de alguien se le denomina habilidoso del mismo que es igual que llamarle maestro. Entre sus muchas cualidades están la sabiduría, la templanza, la prudencia, el esfuerzo y la constancia. Suelen ser discretos en la ejecución de su destreza y humildes en los reconocimientos que les hacen los demás, aunque esta virtud no se da siempre.

En sus historias personales y familiares hay muchas horas de estudios, de soledad y  renuncias, de ensayos y entrenamientos, de prácticas, hasta llegar a ser especial en esa ocupación, pero esto no implica que lo sea en otras. Sobresalir en el desempeño de una actividad no supone, al no tratarse de vasos comunicantes, que se encuentre capacitado para opinar, valorar, catalogar, enjuiciar como perito en otras diferentes a la suya. El experto de las letras no tiene que serlo de los números, el conocer y dominar algún idioma no comprende la técnica de los pinceles y lienzos, el ser diestro del balón no incluye la aptitud de la que goza el de la raqueta y así podríamos recorrer el inmenso mundo de las habilidades humanas. Tampoco el afamado de los escenarios y celuloide ha de ser especialista en enseñanza o en sanidad o en economía.

En España tenemos la suerte ganada y merecida de disfrutar de libertad de prensa y de opinión que tanto ha costado, pero eso no le otorga el derecho a nadie de valerse del lugar que le proporciona su maestría para adentrarse vagamente y sin reflexión en el campo de otros. Somos muy dados a proclamarnos médicos sin haber estudiado medicina, o abogados sin saber a fondo el mundo del derecho, seleccionadores de fútbol sin tener un mínimo cursillo de entrenador, sacerdotes sin estudios de teología o cocineros sin saber distinguir el perejil del cilantro. Se precisan maestros sabedores de su dominio que exploten al máximo su habilidad para así avanzar más de lo que lo hacemos en la actualidad y no caer en un despotismo ideológico.

Tan cierto es el atrevimiento en la sociedad en general que el pueblo acuñó el acertado dicho de “la ignorancia es muy atrevida”,  hasta el punto de que el no saber se manifiesta en que no nos damos cuenta de nuestro desconocimiento en ese asunto. También el gran filósofo ilustrado francés, Voltaire, declara que la ignorancia afirma o niega rotundamente mientras que la ciencia duda. Claro que podemos opinar de los asuntos y temas que deseemos pero no lo hagamos creyéndonos expertos sin serlo. No aprovechemos el rango que me proporciona mi maestría para desprestigiar la de los demás aunque disfrutemos de micrófonos y de libertad. El riesgo que corremos es  confundir, desorientar o desanimar a los que confían en nosotros por lo que sabemos merecidamente y podríamos convertirnos en maestros del atrevimiento y del descaro.

España es una democracia joven que se asienta en el deseo de paz de los ciudadanos. Tiene errores y aciertos, y siempre presente el recuerdo de tiempos pasados en los que la sinrazón se adueñó de la vida privada y pública de los españoles. La grandeza es y será la unión.

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Homosexualidad y normalidad
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José María Fdez Chavero | 12-06-2017 | 10:23| 0

homosexualidad

La sexualidad impregna la vida y no es sólo una genitalidad, sino una manera de vivirse y autodefinirse. El hombre y la mujer se viven y se entienden como personas en comunicación con otras en un momento y lugar concreto y un aspecto de la misma es la sexualidad, la entrega corporal y afectiva. En esa entrega es donde alcanza su máxima expresión las distintas prácticas sexuales.

En cuanto a la homosexualidad decir que es una realidad y no una enfermedad, que homosexualidad y heterosexualidad no son polos opuestos, sino cuestión de grados. Se afirma en estudios españoles que entre un 3-5% de la población son homosexuales, viven su sexualidad como una fuerte atracción erótica, unas veces preferencial y otras en exclusiva hacia personas del mismo sexo. Se experimentan como tal y eligen seguir con esa identidad porque es en torno a ella como han definido su personalidad.

Traigo las siguientes líneas recogidas del testimonio de una persona totalmente integrada en la sociedad, con una psicología sana y una vida plena.

“¿Cómo contar  mi experiencia con la homosexualidad? ¿Cómo contar que tengo el pelo rizado o que uso zapatos del 42? Es una característica más de las muchas que forman parte de mi personalidad. La vivo con total naturalidad y no tiene más importancia que otras. Para mí, es una cosa normal.

¿Cómo y cuando me di cuenta de mi identidad sexual?  Creo que, de un modo latente, desde mi niñez, siempre lo percibí. Me sentía más atraído por los chicos que por las chicas, me parecía mucho más atractivo un chaval que una chavala. Sin embargo, no encontraba el modo de darle salida. Me limitaba a saberlo, no a explorarlo, hasta que llegó el amor a mi vida. Me enamoré de un amigo de la pandilla y permaneció oculto durante meses, hasta que un día, con la naturalidad y normalidad con la que me tomo las cosas, se lo dije. Pensé que, de no sentir lo mismo que yo, tampoco había razón por la que sentirse ofendido, sino que por el contrario, podría tomarlo como un halago puesto que yo no pretendía nada, solo poner voz a mis sentimientos. Mi sorpresa fue que al contarle lo que me ocurría, me encontré que él sentía lo mismo por mí… Yo entendía que cuando uno se comporta de forma natural, recibe de vuelta la misma naturalidad.

Mi vida transcurrió como la de cualquier joven: estudié, participé de mis aficiones y mantuve mis amoríos de un modo normal, siempre de forma oculta, solo la vivía con la pareja que tuviese… hasta que los amigos empiezan a formar parte de esta peculiaridad de mi personalidad. De la misma forma que aceptaban mis gustos musicales diferentes ¿por qué no iban a aceptar que me pudiera enamorar de alguien del mismo sexo?

La homosexualidad para mí es algo que afronto con sencillez, con franqueza, como un hecho diferencial más de mi personalidad y pienso que cuando tú te aceptas y te muestras tal como eres la gente te acepta sin más”.

Ojalá tengamos la madurez de esta persona y que los avances científicos nos ayuden a comprender mejor la naturaleza. Poner semáforos en los que las luces de los peatones representan parejas homosexuales no deja de ser una cuestión anecdótica y pido que no tengan que cambiarlos cuando venga el día dedicado al color de la piel, o a la diversidad funcional, a la mujer, o a la madre o al padre, o a los abuelos y un largo etcétera, entre otras cuestiones porque lo sacamos de la normalidad.

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Interpretar de nuevo la vida
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José María Fdez Chavero | 05-06-2017 | 5:49| 0

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NO todos llegamos a las mismas conclusiones. Es claro que no partimos de las mismas premisas. Vamos a ver dos sencillos ejemplos que nos ayuden a enfocar el tema. Me decía una persona que ha padecido fuertes depresiones durante años que cuando cumplió 45 se rindió, solicitó pasar por el tribunal médico y hoy se encuentra tristemente jubilada. Le escuché su historia y la interpretación que daba a los acontecimientos vividos con el congojo que genera cuando alguien te abre su mente y su espíritu. Mostré mi agradecimiento por su  confianza, con el compromiso de ayudarle a realizar un nuevo análisis.

Cuestioné su conclusión de rendirse porque no refleja adecuadamente lo ocurrido. Ella es una persona que lleva años con depresiones, tomando medicación y alternando consultas y profesionales. Logró terminar una formación académica y desempeñó un trabajo durante años, con mucho esfuerzo y sin rendirse. Sucede que todo tiene un principio y un fin y su cuerpo y mente comprendieron que había llegado el momento de finalizar esa etapa laboral para dar paso a otra en la que el cuidado personal, las actividades afectivas y sociales y las de ocio ocupasen su mayor tiempo. Así fue como recobró la tranquilidad de su infancia y adolescencia y hoy su vida tiene otros objetivos.

El segundo ejemplo es el de una joven con deseos de comerse el mundo. En un despiste yendo a la universidad tuvo un accidente de coche y ahora lleva meses en rehabilitación. Aunque todo parece negativo, no es así. Desde el ha comprendido la fragilidad de la vida y la necesidad de poner atención en las cosas que hace. Ha recuperado ilusiones que estaban difuminadas con respecto a sus estudios. De nuevo ha notado el amor incondicional de su familia y de su pareja y ahora valora más aún estas relaciones. Podemos decir que ha mejorado su existencia en la actualidad, viviendo más intensamente algunas facetas algo abandonadas, aunque se retrase el final en la facultad.

Son dos casos de los muchos que existen. No deseamos que ocurran, pero forman parte de la vida y son inherentes a ella. Suceden y no los podemos eliminar, por tanto, lo que nos queda es hacer otra interpretación que nos ayude a construir y no a destruir más. Aprender a releer nuestra historia personal en positivo nos ayudará a ser más felices porque todo, absolutamente todo, es susceptible de ser examinado desde ópticas diferentes. No queremos el dolor, ni la enfermedad, ni la muerte, ni las dificultades, pero somos limitados en el espacio y tiempo. Todas ellas pueden ayudarnos a descubrir matices en nuestras existencias y en las ajenas que nos humanicen, nos hagan más cercanos y dichosos.

El final de todo relato ha de reflejar lo se cuenta en él: la satisfacción por los años vividos. Que podamos decir, mirando el rostro de los demás, que nos hemos empleado a fondo en esta hermosa y dolorosa aventura de la vida. Algunas personas se encuentran con existencias fáciles de vivir, pero la inmensa mayoría nos pasaremos horas intentando ver los aspectos positivos de lo que nos pasa. No nos precipitemos en la valoración porque todo tiene perspectivas negativas y positivas, lo que es necesario es aprender a encontrar estas últimas y a reinterpretarlas. Ver lo positivo no es ingenuidad, es salud.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.