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1 año. Cuatro Continentes. Cuatro Primaveras

2014 agosto 10
por beatriztello

1 año, cuatro continentes y cuatro primaveras. Próximo destino: América del Sur, Uruguay. Me falta el “Continente Helado”, pero no me asusta porque he comprobado que en la Europa mediterránea se puede pasar mucho frío en pleno verano.

Los que estáis conmigo y me respetáis, sabéis que siempre “os llevo”, y que “soy con vosotros” y en algún caso “sois conmigo”. Sabéis que siempre vuelvo, porque “sé” dónde están mis raíces y a quién pertenezco. Esta vez vuelvo pronto.

Me encantaría tener un intercambio tipo “conexión neuronal USB” (learnt by my master Mónica Tello), para que se produjese ese traslado de conocimiento que considero fundamental para el verdadero desarrollo y crecimiento de las personas y de las sociedades. Me gustaría que vieseis con mis ojos, lo que yo he visto, que hubieseis conocido a las mujeres fuertes de África, que hubieseis acariciado a los niños descalzos de Malawi, que hubieseis visto los ciclos de la naturaleza de esta otra parte del mundo. Nadie se escapa, somos un mundo global conectado, por acciones, palabras e intenciones-emociones. El que se aísla, está perdido. No es justo ni verdad mirar el mundo desde un solo ángulo y con un solo prisma, habría que probarse muchas gafas y cambiar muchas veces de silla. Todos estamos en el banquillo de la responsabilidad.

Mujeres en Pzyo Pzyo

Siempre pienso que si fuésemos verdaderamente conscientes de que nos morimos cada día un poquito más, haríamos los caminos más ligeros, despediríamos a los fantasmas del miedo y del inmovilismo y disfrutaríamos, contribuiríamos y amaríamos mucho más. El miedo no paraliza el mundo, sólo paraliza al que queda poseído por él. El coraje es la reacción consciente que requiere la evolución y el crecimiento.

Escuela de Creativos en Alinafe

Vuelvo al hemisferio sur, donde parece que las cosas llevan la dirección contraria. Los cielos estrellados son diferentes, pienso que el que tira las estrellas a la noche es diferente en cada uno de ellos. El que lo hace en el Hemisferio Sur debe llevar más y de menor tamaño. Pero pienso que es el mismo cielo, cuando lo miro desde allí abajo, me conecta con este otro. Cuando nosotros estamos en el verano caluroso, los del Hemisferio Sur están en los veranos fríos, incluso en los veranos que llaman “lluviosos” dependiendo en donde hayas aterrizado.

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Dejo España en la mitad avanzada del verano, aquí voy sintiendo cómo entra el invierno, la oscuridad ocupa el espacio de la luz, el frio resta el calor. Allí llego al inicio de la primavera, cuando es el sol el que acaricia con mano cálida al frio y a la lluvia. Llego en ese momento de excitación y exaltación  propio de la primavera. He vivido ya tres primaveras en tres continentes en menos de un año y ahora me toca esta nueva primavera. Pensé que explotaría en las otras tres y sé que podré también explotar en esta próxima que me espera.

Quiero sentir esa conexión histórica que nos une a Uruguay, sentir sus problemas, fundirme en sus momentos, beberme el aire uruguayo, escucharles sus cantos y disfrutar de sus tangos apasionados. Con ellos, esos que no llevan prisas, porque ya me enseñó África la lección: “el terreno manda”.

Pero lo que sé que haré es trabajar duro, dejar lo mejor de mí allí, hacer gala del espíritu extremeño que llevo dentro, con el que mi Extremadura me ha vestido, una vasca extremeña. Ese espíritu de gente buena, muy trabajadora, con más de lo que aparenta ser. Los extremeños que pasan del 0 al 10, pero llegando al 10. Voy de la mano de Felcode (Fondo Extremeño Local de Cooperación al Desarrollo), como técnico experto para llevar a cabo actuaciones de cooperación técnica y capacitación en ámbitos locales, en este caso en el noroeste de Uruguay, frontera con Brasil, en un proyecto transfronterizo de cooperación, con una contraparte que es el Congreso de Intendentes. Estoy emocionada, y me alaga hacer este trabajo para Extremadura y Felcode.

 

Y esto va por ti, siempre. A mi padre que me enseñó a ser.

Cuando SHE se fue, la excelente optometrista que llegó a Alinafe.

2013 noviembre 23
Comments Off on Cuando SHE se fue, la excelente optometrista que llegó a Alinafe.

SHE llegó desde España de la mano de los padres misioneros, Father Saint la depositó en mis manos y poco a poco se hizo al patio de mi casa.

SHE

 Su paso fue breve, pero aseguro que su presencia sigue en esta casa y en este patio. Tiene una vida preciosa coincidente y es del todo recomendable seguir sus recomendaciones como optometrista. Encaja no sólo los cristales, sino el color de la montura y su forma, seguramente no sea muy consciente de este poder que tiene y yo he de reconocer que tampoco antes de que se fuese, pero lo vi claro una vez que se hubo ido, cuando iba por los caminos de África e iba reconociendo las gafas que había ido entregando a los habitantes de nuestros pueblos, con los que me iba y me voy cruzando en el día a día.

SHE trajo desde España a Malawi, montañas de gafas graduadas. Efectivamente, esas gafas que llevas a la óptica y que las ONG recogen para llevar al tercer mundo. Os lo aseguro llegan a África las acciones y donaciones que hacemos en España, lo he visto con mis propios ojos sobre sus ojos, los del Tercer Mundo, los de África.

 

Me imaginaba a Mary con las gafas extravagantes fucsia de pata ancha... glamour in Alinafe!

Uno de los días que pasé a visitarla, por la habitación que utilizó a modo de consulta durante las dos semanas que estuvo aquí, creí volver a la infancia y a jugar a los colores, las formas, las tiendas y los médicos. Todas las gafas eran de segunda mano pero preciosas, en excelente estado, organizadas por graduación, pero parecían estar sometidas a un bello caos organizado con un glamour propio de SHE. Estaba totalmente maravillada con la diversidad de formas, estilos, colores que en cada grupo había. Recuerdo unas de montura de concha grande, fucsia y unos adornos geométricos incrustados de piedras a modo de diamantes, eran de una marca muy famosa, como lo eran casi todas, pero estas eran “muy” fucsias, extremadamente extravagantes, pensé que le encantarían a Mary, la secretaria, seguro que se las pondría aunque no coincidiese con su graduación. Eso mismo lo hacen con los zapatos o con la ropa, con tal de que les guste, no les importa si es grande o pequeña, les gusta, se lo ponen y punto, que se rompe, no pasa nada, se lo siguen poniendo, que se ensucia un poco, siguen con ello puesto, que se les desgasta la suela, siguen andando con zapatos sin suela, que les gustan las gafas se las ponen porque les gustan, me estaba imaginando a Mary.

SHE venía emocionada por el camino de llegada del pueblo de Njewa al Hospital de Alinafe,

SHE venía emocionada por el camino de llegada del pueblo de Njewa al Hospital de Alinafe,

SHE se fue hace ahora 2 semanas, y verdaderamente sigue por aquí su obra, me voy cruzando con sus pacientes, quienes ahora me ven mejor, y me siguen saludando pero ahora con el convencimiento de lo que ven.

Las vísperas de su marcha, hicimos una fiesta como despedida, aunque cualquier cosas que hacíamos era una verdadera fiesta. Ese día yo estaba dando las clases de “Business and Management” en el Hall al aire libre de la Unidad de Desnutrición y la vi, como siempre, llegar feliz y llena de vida. Venía emocionada por el camino de llegada del pueblo de Njewa al Hospital de Alinafe, vestida de verde y justo a su lado un mozo africano con una camiseta color azul Yves Saint Laurent con todos los musculazos al aire, estupendo de ver. Yo seguía entregada a mis alumnos, los futuros desarrolladores de negocios y proyectos del hospital Alinafe. Ese día enseñaba contabilidad y presupuestación, a unos alumnos que muchos de ellos no había visto más aritmética que la de primaria.

A los pocos minutos escucho una voz baja en español por encima del muro. La voz provenía de SHE en Pantalones Verdes: “nos lo vamos a comer esta noche”. Siento decir que lo único que veía mis ojos eran esos pechos muy masculinos por fuera de la camiseta Yves Saint Laurent. La miré con ojos como platos y cara de presupuesto.  “¿Estás segura? ¿las tres?”. Ella me respondió “Sí, dónde está el cuchillo grande? Le podemos matar en casa”. El presupuesto se me borró enseguida para enfocar de nuevo al mozo oscuro y de increíble conformación muscular. Iba a contestarla “yo no quiero matarle She y seguro nuestra doctora, “Calmen”, no lo va a permitir” cuando vi que un cuello de pollo asomaba debajo del brazo del estupendo de la camiseta Azul Yves Saint Laurent y entendí que al que nos comeríamos era al pollo flaco, hasta ese momento imperceptible. “En la cocina, supongo, pero por favor que sea fuera del patio de la cocina… que se nos llena todo de plumas”.

 

un pollo flaco debajo de los

Cuando llegué estaba el pollo en la cazuela, y efectivamente nos lo comimos entre risas y algunas bebidas malawianas.

Sólo una cosa más: She, esta población de Alinafe te recuerda que te quedan muchos ojos por graduar y  seguramente uno de ellos sean los míos.

 

Fragmento. Diario de una Controller en Malawi. 20 de Agosto de 2013

 

Master en Inmersión cultural y supervivencia. Una comisaría en Tanzania, Dar es Salam

2013 noviembre 12
Mi experiencia en Tanzania fue toda una lección de adaptación al medio.

Mi experiencia en Tanzania fue toda una lección de adaptación al medio.

Antecedentes:

Llevábamos Atupele y Alinafe, 15 días en Tanzania visitando otros proyectos de nuestra ONG, África Directo, Arusa, Moshi y Shame y nos dirigimos a nuestra última visita de proyectos, los microcréditos que se desarrollaban en Dar Es Salam.

Siento al recordar que el día de antes me habían robado todo, por lo que no puedo dejar constancia de foto ninguna de los acontecimientos que os voy a narrar.

 

(…) Fragmento del Diario de una Controller Financiera en Malawi, 4 de agosto de 2013.

 

Al día siguiente del secuestro y robo me dirigí a la comisaróa. Los pasillos estaban llenos de gente, como si de una película de terror se tratase. Me imaginaba nuestra España 70 años atrás,  y creía vivir lo mismo, era como otro sueño. Había ido a cobijarme al cuerpo de protección de Tanzania, pero apenas llegué recordé las palabras del embajador: “Se opondrán a realizarte la denuncia, te aburrirán con la espera, te pedirán dinero y si algo logran recuperar, nunca llegará a ti”. El reto estaba allí mismo, frente a mis ojos y seguía ese mal sueño que comenzó en Dar.

La Comisaría contaba con dos plantas. En la de abajo lo primero que me encontré fue con dos colas, me pregunté, ¿será como en Malawi? ¿El lado derecho de las mujeres, y el izquierdo para los hombres? No quería que la ignorancia me llevase a cometer una torpeza que me dificultase más las cosas, y tampoco podía mostrarme indefensa, porque la indefensión es una debilidad de la que se aprovechan los oportunistas.

La inmensidad de la ciudad la hacen desconcertante.

Observé rápidamente y me coloqué a la cola detrás de una señora. Por supuesto era la única persona de piel blanca, y todas las miradas estaban puestas en mí. No se me da mal sentirme segura en situaciones difíciles, por lo que mientras esperaba y tomaba mis fotos mentales del momento, iba observándoles yo también a ellos.

El estado de una comisaría en Tanzania es muy lamentable: las paredes algún día estuvieron pintadas, ahora había dado paso a una capa de miles de manos. Cuántas manos habrán rozado estas paredes y habrán cruzado estos pasillos, me pregunté.

Me fijé en los oficiales, vestidos de verde, armados hasta los dientes. Espero que no tengan que usar estas armas en mi estancia en este lugar. Al fondo, observé que había dos celdas, derecha para mujeres, e izquierda para los hombres, apoyados algunos sobre los barrotes con sus manos por fuera, colgadas, sucias, esperando, sus miradas observaban lo que pasa fuera y por supuesto, a la novedad la Mzungu (extranjera blanca) en la comisaría.

Como a media voz gritaban, y entendía que si lo hacían más alto recibirían un castigo, o al menos una amenaza… ese tono estaría permitido seguramente. El interior de las celdas estaba alicatado, blanco sucio, viejo, roto dando un aspecto entre a cuarto de baño y a otra película nueva: El interior de las celdas en Tanzania.

Les miré, quería ver de nuevo los ojos de un malhechor, cuánto me gustaría conocer el fondo de una persona simplemente mirándola a los ojos, sus intenciones, sus pensamientos…. ¿La maldad tiene cara? El que iba por detrás de mí me susurró en suajili algo que me sacó de mis pensamientos, y sin saber exactamente lo que me decía entendí que el oficial me esperaba. Manejaba el justo inglés para indicarme el despacho en donde atenderían mi caso.

Lo primero que ví cuando llegué al despacho es que estaba rodeado por fajos de casos. Tres de sus cuatro paredes eran repisas de madera con ingentes cantidades de papeles cogidos por cuerdas. Recordé a mi abuelo, que tenía un comercio y hacía unos paquetes atados por cuerdas. Me relajaba verle hacer los paquetes a sus clientes, qué artista era: le quedaban perfectos. De él aprendí a envolver y a guardar cosas en las caja y a jugar desde niña a ser comerciante. Jugaba a que tenía una tienda y despachaba de todo a mis pequeños amigos, mis clientes, yo siempre era la tendera en mis juegos infantiles de comercio.

En el despacho, los casos parecían estar ordenados por años. Calculé, ¿100.000 casos, 1 millón? Leerlos me llevaría una vida… qué triste debe ser el trabajo de leer casos, pero enseguida me imaginé sus  historias. Aquí traerán el mío cuando esto se acabe y lo atarán a los casos del 2013. Pensé en mi Iphone, robado ya no tengo fiel testigo de mi vida aquí.

Entró una señora que me hizo sentarme. Empecé mi relato y a los 10 minutos me dice, con la misma mala gana con la que tomaba notas “estoy tomando su declaración en suajili” ¿en suajili?,”It should be in English, I cannot afford a traslation from Suajili to English. I need an English report” (debe ser tomada en inglés, no puedo pagar una traducción del Suajili al Inglés. Necesito un informe en Ingles).

Me miró de nuevo con el mismo desprecio que me mostró cuando me pidió que me sentase, pero no me contestó. Seguimos, cerré los ojos y dije en Malawi es “pangono pangono” y aquí es “pole pole” todo es posible en Africa, me harán el informe en inglés.

Finalicé mi relato con un sentimiento entre miedo y alivio, porque estaba viva. Me dio un cachito de papel kraft con unas claves para que pasase a recoger el informe al día siguiente. Sabiendo que la respuesta iba a ser que no, hice la pregunta que me facilitaría las cosas para obtener un informe en inglés “Excuse me madame, it is very urgent and very important, this report should be sent to Spanish Ambassador” (“disculpe señora, es muy urgente e importante, este informe debe ser enviado a la embajada española en Tanzania”).

Me miró de nuevo, y me explicó que al menos tardaban un día en procesar el caso y asignarme investigador, por lo que tendría que volver al día siguiente. Salí con mi primera batalla ganada de la Comisaría, pero con el pensamiento de la lucha, en África las guerras son largas, imprevisibles y duras.

Llamé al taxi que la embajada me recomendó, y nos llevó Rafa a tomar una cerveza y a comer algo. Llevábamos sin comer unas 36 horas. Con los shellings que nos dejaron nuestros raptores habíamos hecho un presupuesto que consistía en agua potable, te, pan y taxi.

Hay cervezas que son todo un “premio”, que saben a “victoria” que se beben con extremo “arte”. No recuerdo hasta ahora haberme bebiedo cervezas con el sabor y el “concepto” de descanso que lo estoy haciendo aquí en Africa.

Al día siguiente volví con mi papel-tesoro a recoger el informe. Me indicaron otra dependencia subiendo las escaleras. Me quedé en el pasillo esperando porque en el despacho que supuestamente debería encontrar al investigador de mi caso, no cabía nadie más, un despacho con incontables voces hablando en suajili sin parar. Noté una presencia, me giré y encontré a ¿un jefe de policía? No sé qué dijo, pero se levantaron dos y me senté yo.

Cuando me hube aclimatado a mi nuevo entorno, empecé a contar gente, mesas, papeles, a contar minutos, a imaginarme lo que pensaban cuando me miraban. La habitación estaba cruzada por 6 mesas, 4 de ellas de cara a la puerta, con sillas, y dos, una a cada lado de la habitación en paralelo.

A medida que pasaban los minutos el murmullo bajó y la concentración humana en la sala también. Cuando hube comprobado, el color de los bolsos, la calidad de los zapatos de los agentes, el origen de sus ropas. Intentaba jugar conmigo misma, a ¿Quién será mi investigador? ¿quién va a llevar mi caso? Sin cortarse un pelo ninguno de ellos, tenían sus teléfonos móviles encima de sus mesas, contestaban mensajes, hacían llamadas que juraría eran personales por el lenguaje de sus cuerpos, y un poco en plano “muestro a la mzungu, el teléfono estupendo que tengo y la conversación tan divertida que estoy teniendo”, el lado triste del African Proud (orgullo africano).

En ese momento algo me atormentó y me sacó ipso facto del momento interpretación… escuchaba desde el pasillo, lamentos, gritos y sollozos. Intenté no mostrar asombro, porque nadie lo hacía. Agudicé el torpe oído que tengo, ¿qué le pasa a este hombre? ¿Qué le estarán haciendo? De pronto escuché golpes y voces. Acaso, ¿le están torturando?. Y empezaron los investigadores a subir el tono de sus conversaciones y se empezaron a cruzar conversaciones múltiples que todos entendían y atendían.

En medio de este mareo llegó esposado y sin expresión un joven que cruzó la sala, se metió al fondo a las mesas, y se dejó caer por la pared hasta que quedó sentado en el suelo. Encuentro que es una manera genial de sentarse cuando no se tiene equilibrio o cuando se está esposado a la espalda. Nadie mostró el más mínimo interés por su persona, a excepción de mí, con lo que me puse a analizarle desde el banco en el que llevaba sentada tres horas.

A eso del mediodía creí desfallecer, estaba en el inicio de una bajada de azúcar… y me vino a la cabeza el olor y el sabor del café. No había desayunado, y anoche no habíamos cenado, seguíamos a base de pan, agua y té. Mi cerebro tiene un gusto adictivo al café y yo le doy estos pequeños caprichos en los que me veo tan representada. Me imaginaba sentada, con ese arte y esa raza que mi hermana Mónica ha modelado en mí y salí de la sala para iniciar una búsqueda express de tasca y baño.

Pregunté a un agente que hacía rayitas con una regla y un bolígrafo en una libreta de rayas, que debió de producirle desconcierto que alguien interrumpiese su delicado trabajo “rayar sobre las rayas de la libreta”, se me quedó mirando con cara “¿ qué tipo de pregunta es esa a un inspector de policía?” y yo pensé, ¡qué error! ¡Acabo de distraer a un inspector en su trabajo!.

Y ocurrió algo que no tenía previsto, otro error, el tiempo, porque con este ya contaba, pero se me presentó camuflado y caí en la trampa. El tiempo de aquí de África no tiene la misma concepción que el tiempo español. Me imagino a Ms. British aquí, y me da un poco de risa.

Encontré la tasca en los corrales de la comisaría y el baño al lado. Pedí café “para llevar” de mil maneras, y entendí pasados unos minutos que bebería té. Me preguntaron que si “hot”, entendí caliente y me sirvieron pasados 15 minutos una café especiado (que es hot porque las especias que le pusieron era extremadamente picantes, que es lo mismo que “hot” pero con este otro concepto). Me lo trajeron en un termo de dos litros pasada más de media hora, con lo que me llevé el termo de dos litros conteniendo 200 cl de té y la taza, asegurando el amable camarero que se lo traería de vuelta porque llevaba prisa.

Cuando llegué al despacho con la taza en una mano y el termo en la otra, todos me miraron, me senté en el banco, me serví el té mientras ellos tomaban ensalada de frutas y verduras, y mientras ellos se refrescaban yo empezaba a sentir cómo empezaba a sudar, efecto del “hot”.

En medio de mi momento “hot tea”, llegó el que sería mi investigador quien me llamó “Bitrix”, Miss Telo  (que es así como suena mi nombre aquí), y me dio el informe en inglés que consistía en 4 renglones.

En ninguno de los renglones ponía nada de robo ni de secuestro, y en uno de los cuatro había una cantidad que yo en ningún momento había facilitado, que consistía en 5 cifras seguidas, sin comas ni puntos. Me pidió que lo firmase, entonces yo le comenté en mi inglés más educado y formal que no podía firmar cuando esa secuencia de números no constituía ninguna cifra, y cuando no constaba que el hecho consistía en robo con atraco y con secuestro.

Comprobé su cara de contradicción, miró la taza, el termo y me dijo, “usted no está en una cafetería”. Yo miré los platos sucios de comida que se habían amontonado durante toda la jornada en las mesas de los investigadores para decirle que estaba mareada, que no había desayunado, que ayer no había cenado, que llevaba 5 horas allí y que había tenido que pedir un té. Me sacó del despacho, me llevó a las escaleras y empezamos lo que era entre una conversación y una discusión. Me dijo: “muy bien, rectifica el informe”, en tono entre niño enfadado y reproche.

Le pregunté “¿tomo nota en este informe?” y me dijo “no, rectifícala”. Entonces pensé, no le estoy entendiendo bien, ¿cómo puede ser que me permita rectificar a boli un informe policial? no va a tenar validez en España”. Se lo advertí entonces: “El denunciante no puede variar los datos del informe policial por sí mismo”. Me quitó el boli de las manos, se apoyó en la pared mugrienta, y puso un punto, donde era una coma,  y me lo devolvió: “Ya la tienes, corregida por el investigador”,.

Pensé para mí que esta batalla no la iba a ganar hoy, pero yo de aquí no me voy sin este papel.  Firmé la copia, y me fui con un gracias en todos los idiomas que conozco al mismo tiempo que diseñaba mi ataque a la comisaría de Tanzania para el día siguiente.

Llegué a primera hora del día siguiente, después de haber escaneado el informe y haberlo enviado a mi familia por email. Pedí ver a mi investigador: “Necesito hablar con él es urgente”. Me contestaron: “Llámale por teléfono, está ocupado en otros temas, no está en la comisaría…”Y tuve que explicarles la situación: “No tengo su móvil, y tampoco tengo teléfono ni dinero, me lo han robado todo”.

Con paciencia esperé mientras ocurrían cosas en la comisaría. Hice amistad con mi compañero de banco, me preguntó qué me había pasado, le miré, y vi que era musulmán por el gorro y, cuando empecé mi relato, un nudo en la garganta me impidió seguir.

Los investigadores que en ese momento estaban en la sala le miraron, y entendí que le dijeran que se fuese de la sala, y que no me molestase. Después de una conversación cruzada, el joven tuvo que salir de la sala, y yo aún me quedé más afectada porque habían pensado que había molestado. Esperé a que volviese para hablarle, y preguntarle qué hacía él en la comisaría. Volvió pasados unos minutos, hablamos en nuestra espera, y me pidió mis disculpas en nombre de los tanzanos que me habían dejado desplumada pero viva.

Apareció mi investigador, me miró desde las alturas y me levanté de un salto, ¡no soy tan baja!. “Siento mucho tener que pedirle una rectificación del informe, no me vale a efectos prácticos, y tienen que constar los hechos, y no puede constar ni borrón ni corrección a mano”.

Me contestó, “ayer firmó la denuncia, ¿por qué lo hizo?”Me daba la sensación de que la delincuente era yo, y que me estaba regañando. “Disculpe de veras, entendí por sus palabras que era válido, y en España me dicen que no tiene validez”. “Está acusando a personas de un delito” “por supuesto, es que es un delito aquí y en mi país también, tráigame a los delincuentes y soy capaz de identificarlos a todos”.

Abandonó la sala y me dejó allí en medio de una negociación de sábanas y de collares dorados entre los inspectores y una señora vestida de estricto musulmán, que había entrado en mi ausencia al despacho. Esto estaba provocando ese cruce de mil voces y mil conversación que todos atienden y entienden, ¡qué naturaleza y qué oído tienen estas gentes!.

Me fui a por otro té, y esta vez avisé en la sala que estaba en la cantina. Me senté en una mesa y esperé al amable camarero. “Hoy me tomo el té aquí, sentada”. Se cruzó un ¿agente? por detrás del camarero con una metralleta colgada del hombre y en chándal, cambié rápido de opinión: mejor me tomo el “hot tea”  rápido, salgo de aquí pitando y vuelvo al despacho.

He de confesar que el órdago a la grande me valió otras 3 horas más de espera y un informe que consideré válido, después de otro arreglo entre medias y un día más de estancia en lo que fue mi visita a Dar, la Comisaría, pero con el sentimiento que después de pequeñas batallas, había ganado la guerra que era conseguir de la policía de Tanzania un informe correcto y un Master en inmersión cultural y supervivencia.

Nota de la autora: Ninguna de las fotos mostradas aqui corresponden a la propiedad de la autora. Todos mis dispositivos  estarían en manos, o ya no, de los secuestradores.

 

 

Una escuela improvisada en el suelo de África

2013 octubre 30
Concentrados pintando en el suelo de África.

Concentrados pintando en el suelo de África.

Diario de un Controller Financiero en Malawi, domingo 27 de octubre de 2013

Es domingo, 27 de octubre de 2013. El lunes Mr. Nkhane, mi profesor de Chichewa (lengua de Malawi), me dio plantón y mientras esperaba en la puerta de la escuela “Pilar Alonso”, se me fueron acercando mis amiguitos. Después de jugar al balón, jugar a peinar el pelo liso Mzungu (de la mujer blanca), y reír, quedé con ellos este domingo a las 4 p.m, después de trabajar, para pintar con colores y en hojas de papel.

Quiero hacer un inciso. Pilar Alonso es una voluntaria de África Directo que construyó una escuela en Njewa Village. Pilar tenía el compromiso de “recoger” a los niños “del campo”, unas horas al día, darles algo de comida, y algo de formación.

Para los que no conozcan África, para los niños es toda una novedad que un adulto juegue con ellos, les motive, hable con ellos… Que conste que mis palabras en Chichewa son escasas, pero la comunicación fluye entre nosotros de manera sorprendente. Los niños de Malawi no tienen lapiceros de colores, ni libretas de las “Stars Girls” o del “”Super Red Car”. Pero pintar con colores y en papel blanco es toda una fiesta. Para esta actividad, sólo tienen una libreta de hojas ralladas que da el gobierno en las escuelas.

A medida que cruzaba el pueblo de Njewa, se me fueron acercando niños como si fuera el flautista de Hamelin. Pensando en la actividad, llevaba en el bolso una caja de 24 colores, que me había dejado Ricardo Baptista, mi amigo portugués en su visita a Alinafe, y algunas hojas en blanco.

Por supuesto, también estaba Fernando esperándome, feliz, con su rosario rojo colgado del cuello, y con una cara como un sol radiante nada más me vio llegar.

Fernando, uno de los pintores.

Fernando, uno de los pintores.

Nos sentamos a la puerta de la escuela porque no teníamos llave para entrar, y esperábamos que la naturaleza nos inspirara en nuestra creación de vida sobre un papel. De todas formas, si hubiésemos tenido llave tampoco hubiese cambiado mucho la cosa, porque la escuela, por ahora, no tiene pupitres ni asientos, sólo una pizarra.

El suelo es una extensión de nosotros en África. Ellos se sentaron tan cerca de mí como pudieron, e incluso alguno de los pequeños se puso a llorar porque quería estar cerca de Bitrix, que es como me llaman. Ya no soy la mzungu del hospital de Alinafe.

En total fuimos 24 artistas y muchos admiradores,  ya que se fueron agregando más y más niños de la zona… e incluso se acercó Petro, un niño adulto de 30 años, casado con una bella mujer y con un hijo.

Petro, el niño grande que me abastece de proteínas.

Petro, el niño grande que me abastece de proteínas.

Los árboles en África tienen ojos y boca, te ven y se lo cuentan al viento para que todos se enteren. Petro me provee a veces de proteínas, me lleva a ver pollos y luego, sin que yo lo vea, sacrifica al “elegido” y me lo lleva a casa troceado. Si no fuese por Petro, en Alinafe solo comería hoja verde, tomate y cebolla.

Petro me dijo que él también pintaba, con lo que se sentó entre nosotros, y se puso a pintar la chaqueta de un traje y un mono.

Y así pasamos la tarde de este domingo: Feliz, yo sin pintar, porque al final había más artistas que lapiceros de colores. Ello implica, Ricardo Baptista, que tienes que volver con más lápices de colores. Todos estaban felices, con sus caritas relucientes, sus ojos vivos y una vida por delante… para todos nosotros.

Fue cayendo la tarde y el campo se tornó de color caramelo, como a mí me gusta. Nos hicimos unas fotos, gracias a la cámara que Carmen Vázquez, mi compañera Pediatra con la que compartí el inolvidable mes de agosto en Alinafe, y  que me la regaló antes de irme, mientras me decía: “quédatela y haz fotos que los secuestradores y ladrones Tanzanos no te paren” (Ya sabéis que sufrí un asalto en Tanzania).

Me llevé a los niños cogidos de la mano, tres y cuatro niños por mano y, los demás, tan cerca como era posible. Abandonamos nuestro lugar de creación esperando que llegase el próximo domingo a las 4:00 de la tarde. Y entonces decidí que el próximo domingo seguiríamos sentados en la tierra de África.

Un abrazo histórico.

Un abrazo histórico.

 


La aventura de viajar en una 'matola'

2013 octubre 8
por beatriztello
El transporte en Malawi no es el más cómodo del mundo.

El transporte en Malawi no es el más cómodo del mundo.

Fragmento del Diario de una Controller Financiera en Malawi

Mi última aventura, en la que volví a recibir ayuda divina, fue un viaje improvisado en una ‘matola‘ (un minubús para transporte público).  Había salido pitando de la comida que la Cónsul de Malawi organizaba todos los años en su casa, y había aquedado en el centro de la ciudad, donde me recogería Sister Please, la madre superiora, con el fin de hacer el viaje juntas, lo que resultaba mucho más ameno. Ella había viajado el fin de semana a ver a algunos familiares a un pueblecito del sur.

El caso es que “los imprevistos de África” siempre pueden cambiar las cosas. Y en este caso, Sister Please me había pedido  por mensaje de móvil que me quedase en Lilongwe un día más y la esperase, pero a mí me llegó el texto con unas siete horas de retraso. Me había despedido ya de todos los españoles que había en la comida, quedando para un segundo encuentro más adelante. Mi decisión estaba tomada, tenía que trabajar el domingo, y no iba a ceder a ninguna tentación, ni siquiera a aquella que me viniese de una santa, como lo era la madre superiora, Sister Please.

Me dispuse a tomar un medio de transporte, y enseguida me di cuentade que sólo me quedaba la opción del Minibus-matola.

Rápidamente realicé un cambio de aspecto: saqué mi pantalón de baile de la mochila, viajo con él siempre,  y me lo puse debajo del vestido japonés que llevé a la comida de la cónsul, que es mi vestido de las grandes ocasiones. Lleva conmigo casi 20 años, y ha visitado tantos sitios y conoce tanto como yo.  ¿Cómo no iba a llevar ese exotismo a la comida de nuestra cónsul en Malawi? Debajo de él me siento estupenda. En cuestión de segundos mi look cambió, y las rajitas a los dos lados en las piernas quedaron disimuladas por mis viejos pantalones de baile.  Me hice un moño alto, y me apresuré a entrar en la estación de autobuses.

Por supuesto, la estación de Lilongwe nada tiene de estación, si nuestro concepto de estación es el de Europa. Es una enorme explanada sin asfaltar, como el 95% de Lilongwe, llena de gente, con pequeños puestos en el suelo, de ropa, calzado, comida, y mucha basura por todos los lados, y sin orden aparente, con gran número de autobuses, minibuses y taxis.

No obstante, nada más aparecer la ‘Mzungu‘ (término con el que se refieren los locales a los europeos), se apresuraron cientos de conductores a querer llevarme a todos los destinos de Malawi y países colindantes y, mientras amable, y menos amablemente, iba diciendo “Zikomo, Nkhotakota”, me rescató un policía que me dejó en la zona de “destino Nkhotakota”.

Yo siempre trato de llegar a los sitios por mis propios medios, porque ¿y si el próximo día no hay policía? Pero saber a dónde dirigirse en medio de un caos como el de la estación es una fantasía. Prácticamente hay que saberlo por pura genética malawaiana ya que los carteles informativos  brillan por su ausencia.

Divisé un par de Matolas con mejor aspecto y me puse a negociar: precio y tiempo. Las condiciones, ya ni las pregunto, porque todos te dicen que van directas y sin parar (eso no me lo creeré nunca más en Malawi)- Que una matola vaya directamente al destino sin deternerse es imposible ya que prácticamente paran cada 5 minutos a recoger a alguien, o a preguntar a todo el que anda por la carretera: se paran hasta en los sacos de maíz.

En esta ocasión tampoco se me dio bien negociar el precio porque todas valían lo mismo, y no pude bajar una sola kwacha (moneda local). Y si os digo que también fallé estrepitosamente en el pronóstico del tiempo, y en la promesa de,  “right now” (saliendo ya mismo”, ya que partimos una hora y media después de lo previsto.

En Malawi no sale un solo medio de transporte hasta que no se hayan completado los asientos, por lo que los viajeros que ya estamos subidos terminamos haciendo verdaderos esfuerzos promocionales y de marketing para que todo el que vaya en nuestra dirección elija nuestra matola. A mí, de hecho, me colocaron cerca de la entrada, como diciendo:  “atención, llevamos a una Mzungu como atracción”. A mi lado había un malawiano,  que llevaba un gorro tipo “safari”.

Ya me he acostumbrado al lento tic-tac del paso del tiempo aquí. La observación me relaja, me alimenta, pero cuando supera los 30 minutos, y no ha habido nada nuevo a nuestro alrededor, paso al momento-libro. Siempre llevo uno o dos libros en la mochila. Para amenizar la espera, saqué el de “Leyendas de África”, y me dispuse a leer, pero sin darme cuenta, adopté la posición ‘reflexión’, y me quedé dormida como un tronco.

Lo de quedarme  dormida  en los medios de transporte lo aprendí con mis hermanos y mis padres, ya que hemos viajado mucho en familia y, a los Tello, verdaderamente nos huele el culo a gasolina, como dice mi tía Asu. A los 30 minutos me desperté, y seguíamos en Lilongwe. Ya eran las 4.45.

Nada más despertar, me di cuenta de que mi compañero, el del gorrito “safari”, me había desplazado del asiento hasta el borde del pasillo. En apenas 30 minutos había comprado un montón de  cosas por la ventana, dos grandes bolsas negras con contenido desconocido, una caja con un coche teledirigido, y hasta un sonajero.

 

Las gallinas viajaban también un poco apretadas a nuestros piés.

Las gallinas viajaban también un poco apretadas a nuestros piés.

Con tanta compra, había creado su pequeño almacén entre él y la ventana, aprovechando mi momento de reflexión con Morfeo.  Después de mi despertar, intentó establecer conversación. Él disponía de cuatro palabras en inglés, ninguna en español, y yo, de dos en chichewa, por lo que la conversación se acabó muy pronto. Pero ello no evitó que se convirtiese en mi representante.

A Las 5:15 el bus-matola salió de Lilongwe destino Nkhotakota. A esa hora ya había empezado a anochecer, y leer se quedaba reducido los momentos en los que nos deteníamos recoger a alguien que cargábamos en algún agujerito libre del bus, cuando el conductor encendía las luces.

Gran parte del viaje lo pasé entonces reflexionando. Pero, ¿cómo se puede reflexionar en una matola, en donde los acomodadores tienen la función de encajador de personas, animales y cosas en el interior, y se empeñan en hacer dos o tres pisos de humanos para amortizar el coste de una matola?

En mi caso yo soy blanca, mzungu, y no es normal ni que me sienten encima de nadie,  ni queyo tenga que acoger entre mis brazos a nadie. Soy pequeña, por lo que con sólo resbalarme por el asiento llego a una posición de cierta “comodidad” para la reflexión, apoyo la cabeza, dejo caer mi cabello por la parte trasera del asiento y ¡ voilá! Posición de reflexión en matola.

El coste por kilómetro de la matola debía rondar el mismo que nuestros ambulancias. Unas semanas antes había procedido a analizar costes del hospital y el precio es de 145Kw/kilómetro. Teniendo en cuenta el precio de las cosas aquí, era de esperar que hiciesen toda posible combinación “tetris” entre personas, niños, bultos y animales para que un viaje saliese rentable al “businessman” (hombre de negocios).

Para que nos podamos hacer una idea, un kilo de azúcar vale aproximadamente 0,9€; un litro de gasolina 1,20€; un litro de lejía, 11€; un kilo de patatas, 0,85€; un litro de leche, 1,10€;  y un pollo vivo 2 y 3€. El precio del trayecto Lilongwe-Alinafe, de 190 km y cinco horas de viaje, es 2.000 kw. Es del todo normal que jueguen con nosotros, los pasajeros, al tetris.

Habrá quien esté pensando todavía en si el coste matola es caro o barato. Doy dos datos más para que cada uno pueda establecer la relación calidad-precio: las matolas están en estado “cochambroso”, así como los autobuses y mini-buses. Por ejemplo, ningún asiento está fijado al vehículo, sino que todos se desplazan o han perdido el cojín, y solo conservan la estructura de hierro.

Normalmente son de segunda mano, compradas en Sudáfrica, por lo que es seguro que tienen altos gastos de mantenimiento. Es bastante usual que incluso se quede parada la matola por problemas mecánicos, y haya que esperar en medio de la carretera a que otro vehículo te lleve a tu destino.

Si bien no lo hablo, ya voy entendiendo algo del Chichewa (la lengua local). Cada nuevo pasajero que subía a la matola era informado por “mi representante”, el del sombrerito safari, de que la Mzungu trabaja en el Hospital Alinafe , y alguna información adicional  sobre mí que no lograba entender. Y todos respondían con expresiones parecidas a “eh eh eh … ohhhhh!”. Sé que no escucháis la musicalidad de la respuesta, pero creedme que suena muy bien.

En un momento del viaje íbamos tan apretados, y había tantos bultos y personas, sobre todo en la parte atrás del bus, que a los pasajeros de la parte trasera les resultaba más fácil salir “de culo” por una de las ventanas, que provocar una evacuación del 50% del bus para que pudiese salir.

El viaje transcurría entre paradas, momentos de luz y oscuridad, momentos de reflexión… y en uno de esos instantes que anteceden las reflexiones, sentí cómo alguien me acariciaba el cabello. Los africanos tienen el pelo muy rizado, pero muy rizado-muy rizado. A veces, hasta parece hasta un nudo a ras de piel. Las mujeres no pueden dejarse el cabello largo y liso, por lo que los cabellos que vemos largos y finos son extensiones de pelo sintético o pelucas.

Les llama entonces mucho la atención un cabello largo y liso natural, y tocar un pelo así tiene que ser una experiencia nueva para ellos. La sensación de que me tocasen el cabello, en tanto pasaba a ese momento de la dulce reflexión, no me molestó, más bien me relajó.

Me hubiese girado a mirarlos si hubiese sabido que no se asustarían por ello, por lo que me los imaginé cómo me tocaban e intenté pensar qué pensarían al respecto de esa sensación. Imaginé sus caras, sus manos sobre mi cabello y los comentarios bajitos que hacían y el murmullo que se creó en el bus.

Mi “representante” realizó algunas algunas intervenciones y se me pasó por la mente aquello que Dalila le hizo a Sansón y me preocupé al pensar que pudiese querer negociar mi cabello además de hacer circular entre todos los pasajeros mi backgroung aquí en Malawi.

A medida que iba avanzando al noche, el nivel de hombres con un tono “chisposo” se incrementaba. Si hay algo que me molesta de los malawianos es ese momento en el que los ves con la mirada pérdida y ojos transparentes por el exceso de las bolsitas Gin (ginebra). Las bebidas alcohólicas en las zonas rurales de Malawi se beben en bolsitas. Para que os hagáis una idea, tienen el mismo aspecto que las pruebas de champú o crema que te dan en las droguerías como promoción de marca/producto.

Se ponen muy elegantes para beber, llevan trajes pero no recuerdo haber visto a ninguno de ellos con chaquetas y pantalones emparejados ni de su talla. Por regla general, a los hombres mayores se les ve siempre con chaquetas dos o tres tallas más grandes de lo que les corresponde. Con que les guste el color, es suficiente.

Respecto a los sitios que frecuentan para el consumo y exhibición de su elegancia son unas tascas de bambú que suele haber en todos los pueblos y donde se realizan otro tipo de negocios.

Media hora aproximadamente antes de que llegásemos a bzyo bzyo, subió un señor con aliento dulce alcohólico que se hizo hueco a mi lado. Mi representante hizo su labor sin siquiera un retraso, y le puso al tanto de la mzungu. Entonces el hombre, como pudo y en un inglés de lengüita de trapo, me dijo “mi sobrino trabaja en Alinafe, se llama Henock Wunde”. Le contesté: “Henock, claro que le conozco, trabaja en el programa HBC, y además mi alumno en mi programa de “Business y Administración y de español. Por cierto, esta semana no ha venido a clase, por favor, recuérdale que si no asiste no le daré el título, y que tiene que estudiar un poco más”. Mi alumno Henock tiene 50 años y 6 hijos.

Mi representante me llamó la atención en medio de la conversación que mantenía para decirme que había llegado a mi destino, Alinafe. Me despedí de todos ellos, especialmente de  mi representante, y me dirigí por el camino de la noche hasta el hospital.

Cómo superar el miedo a las arañas en África

2013 septiembre 13
Eliminar el miedo a las arañas ha requerido un entrenamiento concienzudo.

Eliminar el miedo a las arañas ha requerido un entrenamiento concienzudo.

(Fragmento de Diario de una Controller Financiero en Malawi, 27 de junio de 2013.)

En esta vida todo lo que se desea se adquiere con tiempo… e incluso si te programas puedes realizar un entrenamiento para acelerarlo.

 

Primera PARTE. PREPARACIÓN PARA VIVIR INTENSAMENTE AFRICA.

Antes de venir a África, comencé mi entrenamiento para vencer el miedo a las arañas con mi sobrino Lucas, quien compartía junto con las hermanas ‘Tellos’ el mismo terror hacia los arácnidos. Viendo que en equipo las cosas se logran antes, y se refuerza lo aprendido,  tomé a mi sobrino Lucas de 7 años como compañero de equipo en “Arañas Project“. El planteamiento era: “No más miedos a las arañas, porque te esperan en África”.

Durante la primera parte del entrenamiento, nuestra principal trabajo consistió en la observación de estos insectos y en hablar de ellas sin parar, evitando todo pensamiento que nos llevase a una crítica severa y basada en el pánico.

Empezamos a observarlas de cerca, con el compromiso de “sólo mencionar, y pensar en lo bello de las arañas”. Aunque la verdad, son tan pequeñas que apenas se las puede ver ningún detalle, pero no nos importaba realmente eso, ya que si no lo veíamos, nos lo imaginábamos. Las cambiamos hasta de nombre… eran “Señoritas” y no “arañas”.

En nuestro entrenamiento Lucas y yo comprendimos aquello de “el verdadero amor nace del profundo conocimiento del otro”. Hablábamos como los héroes que habían conquistado el amor y el respeto de su enemigo: “¿Lucas has visto alguna señorita esta mañana?”.

Luego describíamos todo lo bello de su vida, basado en la simple observación y en la admiración: sus paseos elegantones por la tela fina y delicada que había tejido la señorita, los entornos tan bellos que elijen para vivir como las rosas de la abuela, o la esquina de la cama de la mamá de Lucas.

Con tanta observación, llegamos a una segunda conclusión: las arañas son seres únicos y muy listos, y disfrutan de la vida. En pocos meses, Lucas y yo contábamos con muchos más amigos y echábamos de menos a algunas señoritas que, por cualquier motivo dejábamos de ver, quizás porque Toñi se ponía muy pejiguera con la limpieza de la casa de la abuela, o porque la mamá de Lucas no estaba realizando el curso “Arañas Project. ¡No más miedos!”.

Agradezco a Lucas desde Malawi su ejemplo, y a él le debo esta preparación con la que he reducido la producción de la hormona de la huida ante la presencia de las arañas. Los niños pequeños dan grandes lecciones a los adultos, pero los adultos nos volvemos tremendamente torpes para reconocerlo y aprovechar la fuente de vida que nos dan nuestros chiquitines.

Lucas, mi sobrino y compañero de entrenamiento.

Lucas, mi sobrino y compañero de entrenamiento.

Segunda PARTE. Entrenamiento en Terreno, y primer gran error.

Llegué a África, y os aseguro que hay muchas arañas y muchos otros bichos, y en mi casita había montañas. Si no hubiera sido por el entrenamiento con mi sobrino Lucas me habría pasado lo mismo que a Mr. Tortellini, entrenador del Excelentísima Villa de España, (otro de nuestros proyectos en el Hospital Alinafe), que la primera noche salió pitando a refugiarse al convento porque había muchos bichos en la casa, y nunca más volvió a la Casa del Voluntario.

No sólo por ello, ya me convertí desde el inicio en una mzungu prometedora en el Hospital Alinafe. Eso a su vez me hizo creer en mí misma y motivarme. Lo veía como “un gran logro”… me sentía la mismísima promesa para África, conviviendo sin miedo en un entorno muy animal.

Como muchas de las arañas eran venenosas, yo solita me encargué de quitarlas todas, y limpiar los senderos de las termitas que habitan en todas las puertas y marcos de mi casa pensando en mi compañero de entrenamiento, Lucas. Y empecé lo que es una vida de convivencia, desde el principio, y poco a poco… porque el amor, de golpe, no funciona nunca.

En África y con las arañas pude comprobar en la práctica una de las grandes teorías de la gestión: “Hacienda, que tu amo te atienda, y si no que te venda”. Abandoné mi casa por unos días, dado que tenía que visitar otros proyectos, y entonces vino a ocuparla una visitante.

En la salita de estar, a la salida hacia el patio, había una tarántula gigantesca. Salí corriendo a por el cepillo dispuesta a salvar mi vida, a liquidarla. Y cuando volví y me dispuse a asestarla el golpe de gracia, me paralicé por el pánico.

Tuve que acudir a la ayuda del vecino, un misionero sacerdote. Sólo tuve que coger el teléfono y decir “Mr. Kidness, run to my house, fast, please, I am in danger!” (¡ven corriendo, rápido, por favor, estoy en peligro!).

Instantes después, Mr. Kidness  apareció por la puerta, y señalé la tarántula con el dedo desde lejos. Me preguntó si la sacaba de casa, le dije que “¡no, si ha entrado una vez,  podría entrar una segunda vez. Mátala, no quiero tarántulas como compañeras de casa”.

Me explicó entonces que no  era una tarántula, sino “una araña muy grande”. No me quedé nada contenta con su explicación, al fin y al cabo es sólo misionero, no zoólogo. “Mientras yo insistía en que era una tarántula, me volvió a preguntar: “¿Pero la mato?”, mientras ponía ligeramente su zapato sobre ella.

Le contesté: “Sí, salvo que te la quieras quedar. En ese caso, te la puedes llevar a la casa de los sacerdotes”. En ese instante la aplastó, y me dejó el cadáver en el suelo. Arrastré sus restos hasta el patio, donde mis amigas las hormigas se encargaron de ella en cuestión de horas, dejando solo la carcasa del cuerpo.

Después, me acerqué a verla. Ya no me daba tanto  miedo, y decidí que la próxima vez, tendría que valérmelas por mí misma, sin tener que llamar a los sacerdotes.

En las siguientes ocasiones en las que el pánico ante ls arañas se apoderó de mí, busqué aliados más valientes que yo, y más habituados a estos especímenes. Mr. Kidness es de Kenia, sí, y seguro que había visto muchas peligrosas tarántulas en su vida. Pero seguí poniendo en práctica las cosas que había aprendido en cursos de gestión: diversifica tu equipo, alíate con aquellos que compensen tus debilidades, pero no dependas nunca de ellos. No podía depender sólo de Mr. Kidness en los momentos de mayor peligro.

Tercera PARTE. Lección aprendida, venciendo al enemigo.

Recibo invitados esta semana que entra: Mr. Hands, con quien compartiré mi casa durante 15 días; Mr. Health, un doctor importante,  y Mr. Bike, que viene en bici desde Mozambique. Es por lo que Miss Chikoti y yo nos pegamos una tupitanga de limpieza de habitaciones y casa.

Cuando se hubo ido Miss Chikoti ya había anochecido, y en el mismito sitio en el que me encontré a la presunta tarántula un mes antes, tenía un escorpión. Sin pestañear, me quité la chancleta, y la reduje. Esta vez sin ensuciar el suelo del salón. Fue un golpe limpio que no me ensució el suelo. La arrastré hasta debajo de la silla ¡quiero tener el cuerpo del enemigo presente y  reducido en el saloncito!

Lección aprendida: en mi cerebro ya no hay pánico por las arañas.

 

 

El patio de mi casa en Malawi

2013 agosto 28
Dos asientos privilegiados para ver los amaneceres de África.

Dos asientos privilegiados para ver los amaneceres de África.

Fragmento de “Diario de Un Controller Financiero en Malawi”

Antes de emprender mi viaje a Tanzania, con la duda de si plantaba albahaca o no, decidí tentar mi destino con ellas y preparé dos preciosas macetas en el patio de mi casa de Malawi. El reto para mí era importante, no sabía si las plantas aromáticas podrían empezar a crecer sin que las mirase, controlase su humedad diariamente, y sin que las atendiese,ya que mi viaje estaba planificado para dos semanas.

Mi patio es un sitio donde cualquiera sería muy feliz, es la estancia principal  de la Casa del Voluntario de Alinafe, donde habita Dios. Por aquí han pasado voluntarios, donantes, y gente de bien. En él hemos hablado de cosas grandes que podemos y hacemos las personas: desarrollo, buenas prácticas en gestión, sencillas prácticas que todos podemos llevar a cabo, de los necesitados y los vulnerables, de cómo ayudarles, con qué… Todo, desde el amor y desde nuestros corazones porque aquí, en África, los corazones vienen limpios y con verdad.

Además el patio sirve de sitio para la relajación, la reflexión y la pasión. Es el lugar donde los atardeceres  se vuelven amables, y donde el calor se suaviza. Es el lugar ideal para el descanso del voluntario, lo que yo llamo el “Guerrero del Terreno”, por lo que tiene una energía especial que percibo.

Muchos de los voluntarios que han pasado por aquí no volverán nunca, seguramente, pero les siento conmigo. Otros volverán, y yo me habré ido, pero les dejaré algo grande de mí para que, cuando lleguen, también me encuentren.

Pies de todos los colores, pero trabajando juntos.

Pies de todos los colores, pero trabajando juntos.

En la Casa del Voluntario de Alinafe no hay ningún lujo, no hay agua más que algunos días y pocas horas.  Tampoco tenemos electricidad, por lo que el uso energético está limitado a las cosas importantes que tenemos: trabajar con verdadera eficacia el tiempo que nos dure la batería del ordenador. Por ello, se entiende que no tengamos nevera, y muchos días lo agradecemos porque usamos nuestra imaginación para llenar de ilusión y gracia nuestras sencillas comidas.

Todo ello hace que sea una casa mágica.

Las macetas con la albahaca recién nacida en el patio de la Casa del Voluntario.

Las macetas con la albahaca recién nacida en el patio de la Casa del Voluntario.

Tardé tres semanas en volver de Tanzania, una más de las prevista. Cuando regresé, en el patio estaba crecida la albahaca, como esperándome, recién nacida, tenía tres pequeños retoños…Parecía ansiosa de que  me sentara con ella, de que le hablase de mis vivencias en Tanzania,  de que disfrutase de las noches a su lado, mientras ella y yo crecíamos. Nos entregamos entonces al arte de conocernos.

Malawi: descubriendo el precipicio de la vida

2013 agosto 20
por beatriztello

 

Estos niños son huérfanos y estas señoras sus

(Fragmento de Diario de una Controller Financiero en Malawi)

 

Unos de los sonidos que me acompañan en mi estancia en el Hospital de Malawi son los lamentos de los heridos, los enfermos, y sus familiares. Los lamentos son sentidos, ahogados, silenciosos, sin fuerzas porque  el dolor parece que se las lleva, dejando paso al abandono y a la profunda tristeza, ese vacío de soledad que deja el que se va.

Los he observado con dolor en la inconsciencia de su sollozo, donde sólo manda el sentimiento hondo y el corazón, cuando parece que ya no queda nada más.

Sus lloros son susurros, largos, que agonizan, y sus deseos, ninguno.

Aquí, en Malawi, la vida se va con una simple gripe, se va con la debilidad de los pobres. No obstante, los veo fuertes, reciben la vida como parece ser aquí, como un capricho. Su sistema inmunológico es bajo en comparación al nuestro, el de los occidentales, y su alimentación es muy deficiente.

Nosotros, en cambio, vivimos como si fuésemos a estar aquí de forma indefinida, pero no en el concepto de indefinición matemática, que sería el suyo, sino indefinido de “para siempre”. ¿Es por eso que cuidan de los suyos desde el punto cero?

¿Y quiénes son los suyos? Los llaman “extended families”, la extensión de la familia, lo que hace que las familias sean realmente amplias: los primos son como hermanos y los tíos y los padrastros son padres. Construyen sus unidades unos al lado de los otros, están siempre juntos, y se disfrutan a diario. También se prepararan de forma diferente para el adiós de la vida.

Un sitio en el que se puede ser feliz.

Un sitio en el que se puede ser feliz.

Vivir en un área hospitalaria en Malawi da mucha vida, pero también te acerca al precipicio de la vida, de la enfermedad, del adiós. Da la oportunidad de comprobar cómo es el cuidado sanitario que prestan a los enfermos y su recuperación. Otros días, en cambio, escuchas los sollozos que acompañan las despedidas.

El otro día salía de la “morning assembly”, la asamblea matutina diaria en la que el equipo prepara el día,  y me topé con su cuerpo de niño, delgado, largo, cubierto con el chitenye, de su madre seguramente… ella se quedó rendida, tirada en el suelo, alzando su mano al cielo y al cuerpo de su hijo que llevaban los “hospital attendance” (asistentes sanitarios) en una camilla sencilla, como deberían ser todos los lechos de muerte.

Nuestra vida es un camino solo, no puedes ir al mismo tiempo por dos caminos…

Nuestra vida es un camino solo, no puedes ir al mismo tiempo por dos caminos…

Secuestrada durante tres horas en Tanzania

2013 agosto 11
por beatriztello

Llegando a Dar Es Salam, fuimos presa de los amables secuestradores. Atupele y Alinafe estaban en apuros. Una avalancha de voces en suahili nos aturdían. No veíamos de dónde ni de quién procedían, no veríamos sus caras, la noche lo rodeaba todo, el polvo de la ciudad de Dar es sucio, muy denso; la confusión crecía y éramos verdaderamente conscientes de que la mayoría de ellos eran delincuentes. Íbamos desde la calle Mafia al Flex II Hotel  para dormir. Subimos a un Dala Dala, donde un tanzano nos aseguraba que llegaba justo al lado del Mercado de Carioco. Ya dentro sentada un pensamiento de terror se apoderó de mí y voy corriendo al conductor y le espeto: “¿Llega al Mercado de Cariaco?”. “No, está lejos”. Gritó por encima del bullicio del DalaDala.
“Atupele, nos ha engañado, salgamos”. Entonces  nuestras mochilas volaron por encima de cabezas así como nosotras, que ajamos enloquecidas con el Dala Dala en marcha.
Y de nuevo otra avalancha de ojos y bocas blancas de tanzanos en la oscura noche de Dar, de África. Esta vez fue inevitable, nos dejamos engañar por el tanzano supuesto taxista bien vestido, educado y amable. Lo que supusimos era un taxi que nos llevaba a nuestro descanso se convirtió en nuestra peor pesadilla, la de una cárcel de tres horas que duro nuestro secuestro, en un coche enloquecido que no paraba y nos gritaba en un suahili que no entendíamos. Paró en seco y vimos, sin poder reaccionar, como entraban cinco personas más  en el coche y una voz que decía en un inglés mecánico: “This is not a Taxi, we are not going to take to the hotel. This is Tanzanian Mafia and we are going to take all your money and values. Follow the instructions”.
Todo a mi alrededor se paró. Excepto algo, un pálpito duro y seco que golpeó mi corazón y que me  oprimía el pecho, cerré los ojos y quise rezar… Este puede ser mi final, ese final en el que siempre pienso y nunca termino de dibujar…. Quiero haber entendido mal, abrí los ojos, miré a Atupele y le dije: “nos han secuestrado Atupele”.
Entonces volví a escucharlos, sus gritos, a sentir su presión, sus golpes, como estaba completamente inmóvil; paraban en seco y subían  y bajaban, se gritaban, se golpeaban, se echaban del coche…. me faltaba el aire… la temperatura subía y yo no podía ni desabrocharme un solo botón… ¡no puedo! Sus gritos me quitan el escaso aire que pueda llegar a mis pulmones. Cada vez nos gritaban más, ¿no se dan cuenta que no les entendemos? Pero en el fondo les entendía y anticipaba sus intenciones. Las hormonas fluían por el ambiente ira, excitación… terror. Sentí sus manos acercarse a mi cintura, hasta llegar a mi riñonera, con los nervios a flor de piel, suyos y míos, me vació  todo el
interior, mi apreciado iPhone… se lo llevó con todo, mis chillings tanzanos… palpé la riñonera, se ha quedado con mi navaja, pensé. De pronto escucho: Give me all your money (dame todo tu dinero). Le pareció poco lo que encontró y se dirigió a mi mochila.
El bloqueo se iba y venia, no veía ninguna forma de escaparnos, qué  hacemos, si lográsemos salir nos encontraríamos en la noche de estas bestias humanas…. que golpean el coche oliendo la carne blanca que va dentro.
Nunca antes había tenido un pensamiento real del fin de mi vida, de que todo había acabado, de que la esperanza te abandona, de la imposibilidad de hacer nada por salvar el pellejo…la vida pasa por delante, es así!, miras a tus seres queridos … los finales son cada día diferentes y este el m;’as real era tan trágico… yo no podía  tener un final tan trágico… me había  abandonado mi Dios… “¿Mi ángel, dónde te encuentras ahora? No vas a venir en esta ocasión a por mí?”.
Entró otro, más grueso, encuentro una directa relación; el poder en África se mide por lo grande y gordo que eres? Dijo: “Soy el jefe, ellos me van a obedecer, si queréis seguir con vida, tenéis que colaborar”.
Dieron con mi tarjeta escondida en uno de los bolsillos de la mochila y entonces su amenaza se tornó más dura, como una bestia gritaba: el numero secreto… Amenazada les facilité el numero secreto… recorrimos al menos 10 cajeros ATM en la ciudad hasta que comprendo que completaron el saldo de crédito disponible…
Te recé, sin saber lo que decía, sin pensar lo que hacía…. y lágrimas de pánico brotaban sin cesar, de miedo, rabia, vacío… escuché la voz del que llevaba ya mi iPhone en mi oído: no hagas esto, me pones triste… os vamos a soltar, si colaboráis, confía en mí. Y confié. No al 100%, pero me consoló  su tono de voz.  Tres horas después nos arrojaron del coche, literalmente a un camino de tierra oscuro con nuestras pertenencias… como locas intentamos guardar en la mochila lo que pudimos encontrar a la velocidad que tienen los atormentados. Nos amenazaron con matarnos si contábamos algo en las 24 horas siguientes y nos dieron 120.000 shillings tanzanos para taxi, comida y cama.

(Diario de una Controller Financiera en Malawi, 28 de julio de 2013)

Una extremeña conduciendo ambulancias por Malawi

2013 julio 17
Huérfanos de Chezi atendidos por monjas españolas.

Huérfanos de Chezi atendidos por monjas españolas.

(Fragmento de Diario de una Controller Financiero en Malawi)

Ahora soy la tercera conductora de ambulancias en el Hospital de Alinafe.

Yo ya me había ofrecido para las urgencias en transporte de pacientes. Algunos de los pacientes que nos llegan a Alinafe, dependiendo de su afección y de su estado, pueden ser remitidos al hospital de distrito, Nkhotakota.

Somos un hospital rural y muchas especialidades no están en nuestro catálogo de servicios. Siempre había pensado  ¿y si algún día coincide una urgencia con uno de los ambulancias fuera, en servicio y con el segundo conductor libre?

Atendiendo a niños en el Hospital de Alinafe.

Atendiendo a niños en el Hospital de Alinafe.

Aquel día íbamos a Salima a una revision del generador eléctrico.  Sister Please habló con Mister Smile en chichewa (idioma nacional de Malawi),  y yo iba reflexionando, mirando por la ventana,  sobre que es cierto que cada día está más seco el campo.

Entonces, no sé cómo, me giré hacia ellos, y les pregunté:  “¿Ahora? La prueba ahora? He venido en chancletas, y los mandos de los pies están pelados… Hace años que no conduzco por la izquierda….Not today! Next Time!”

Sister Please and Mister Smile me miraron sorprendidos y me dijeron “¿Nos has entendido? Hablábamos en Chichewa…”.  Yo les respondí que, simplemente nos habríamos s conectado porque no entiendo Chichewa aún, pero sé lo que habéis dicho…..y entonces cambié rotundamente de opinion… “Sí es el momento, quiero probar si soy capaz de conducir un ambulancia en Malawi y que Mister Smile me dé su aprobación”.

Ambulancia donada por África Directo al Hospital de Alinafe.

Ambulancia donada por África Directo al Hospital de Alinafe.

Fue así como el  día 22 de mayo me convertí en la tercera conductora de Ambulancia del Hospital de Alinafe.